Servidoras en República Dominicana

¿Cómo callar las bondades del Señor? «Les aseguro que si ellos callan, gritarán las piedras». (Lc 19,40)

Queridísima familia,  quiero compartir con ustedes la inmensa gracia que tenemos como familia religiosa de tener una comunidad de las SSVM para la atención de la Basílica de la Virgen de la Altagracia en Salvaleón de Higüey, República Dominicana.

Basílica de la Virgen de la Altagracia
Basílica de la Virgen de la Altagracia

☆ República Dominicana, primer Sagrario en el Nuevo Continente 

En esta tierra desembarcó la primera expedición de Cristóbal Colon en el 1492. Éste le dio el nombre de Las Américas y a su capital, fundada en 1496 la llamó Santo Domingo.  Fue este hermoso país que recibió por vez primera en toda América a Nuestro Señor Jesucristo presente en la Eucaristía.

 ☆ La devoción a la Virgen y su historia 

Si bien la Patrona de aquí es la Virgen de las Mercedes, es a la Virgen de la Altagracia a Quien los dominicanos veneran como su Reina y Madre, devoción que inició pocas décadas después de la llegada de los españoles y se mantiene muy viva en los dominicanos, que vienen a visitar a la Virgen cada vez que tienen oportunidad, para cumplir una promesa, para agradecer o pedir una gracia.

La Virgen de la Altagracia
La Virgen de la Altagracia

Se han divulgado dos historias sobre la llegada de la Virgen de la Altagracia a Higüey, y estas coinciden acerca de la llegada, diciendo que fue poco tiempo después de la fundación de esta Villa. Hay un testimonio escrito entre el 23 y 26 de Agosto de 1569 en que Don Simon de Bolivar quien solicita del rey de España ayuda para la terminación del templo donde ya se veneraba la Imagen de la Virgen. El escrito expresa muy bien la vida del Santuario en aquellos días. «… es casa de mucha devoción en esta ysla y muy frequentada de rromerías para el lugar donde está y dizen milagros que a fecho y con la devoción desta casa se ha poblado allí un pueblo y se sustenta con la devoción desta Imagen que sola es la que en esta Isla le tiene que a hecho milagros…»[1]

En el 1650 el canónigo licenciado Luis Gerónimo de Alcocer, natural de esta Isla, escribió un testimonio de gran interés, contenido en un documento que guarda en sus anaqueles la Biblioteca Nacional de Madrid, que vale la pena transcribir; «La Imagen milagrosa de Nuestra Señora de Alta Gracia está en la villa de Higüey, como a treynta leguas desta ciudad de Santo Domingo; son innumerables las misericordias que Dios Nro. Sr. a obrado y cada día obra con los que encomiendan a esta Santa Imagen;  consta que la trayeron a esta Ysla dos Hidalgos naturales de Placencia en Extremadura, nombrados Alonso y Antonio de Trexo que fueron de los primeros pobladores de esta Ysla, personas nobles como consta de una célula del Rey, en que encomienda al Gobernador de esta Ysla que lo acomode y aproveche en ella, y aviendo experimentado algunos milagros que avía hecho con ellos la pusieron para mayor veneración en la Yglesia Parroquial de Higüey, adonde eran vecinos y tenían haciendas. Parece que no quiere Dios Nro. Sr. que salga de aquella villa, porque a los principios embiaron por ella el Arzobispo y cabildo de la Cathedral y se desapareció de un arca donde la traían cerrada con veneración y cuidado y al mesmo tiempo se apareció en su Yglesia de Higüey adonde solía estar; está pintada en un lienzo muy delgado de media vara de largo y la pintura es del nacimiento y está Nuestra Señora con el niño Jesús y San Joseph a sus espaldas. Y con aver tanto tiempo tiene muy vivas las colores y la pintura como fresca; van en romería a esta santa ymagen de Nuestra Señora de Alta Gracia de toda esta Ysla y de las partes de las Yndias que están mas serca y cada día se ven muchos milagros que por ser tantos ya no se averiguan ni escriven, algunos en señal de agradecimiento los hacen pintar en las paredes y otras partes de la Yglesia y con ser los menos ya no hay lugar para más; son muchas las limosnas que se hacen a esta santa Iglesia y así está bien proveída de ornamentos y tiene muchas lámparas de plata delante de su Santa Ymagen». [2]

Con el pasar del tiempo se fue arraigando la fe del pueblo dominicano en su Madre, y fue así como la Santa Madre Iglesia que desde el inicio reconoció la autenticidad de esta Advocación de la Virgen de la Altagracia y de la fe de los dominicanos, fue concediendo distintos privilegios a las fiestas propias de la Santísima Virgen y al Santuario dónde se la venera;

– En el año 1692 se consagra el 21 de Enero como fiesta anual en su honor.

– En 1792 el Papa Pio VI concede indulgencia a todos los fieles que visiten el Santuario.

– Durante el episcopado de Monseñor Nouel y por pedido suyo la Santa Sede declara el 21 de Enero fiesta de guardar para todo el territorio de la República.

– En 1922 la Virgen de la Altagracia es coronada como Reina y Madre de los dominicanos.

– En 1965 el Papa Pablo VI concede al Santuario el título de Basílica Menor.

– En 1979 el Papa Juan Pablo II durante su primera visita a República Dominicana corona nuevamente a la Santísima Virgen.

El papa al finalizar la ceremonia de coronación dirige las siguientes palabras a los fieles: «Amados hijos: termino exhortándolos a ser siempre dignos de la fe recibida. Amad a Cristo, amad al hombre por Él y vivid la devoción a nuestra querida Madre del Cielo, a quien invocáis con el hermoso nombre de Nuestra Señora de Alta Gracia,  a la que el Papa quiere dejar como homenaje una diadema. Ella os ayude a caminar hacia Cristo, conservando y desarrollando en plenitud la semilla plantada por vuestros primeros evangelizadores. Es lo que el Papa espera de todos vosotros. De vosotros hijos de Cuba aquí presentes, de Jamaica, de Curacao y Antillas, de Haití, de Venezuela y Estados Unidos. Sobre todo de vosotros, hijos de la tierra dominicana. Así sea».[3]

Esta es parte de la historia de la fe que nació en República Dominicana y que sigue creciendo.

Personalmente desde que llegué estoy admirada de la fe inquebrantable de los dominicanos, y se puede comprobar muy bien que las palabras de Jesús no eran metafóricas cuando decía a sus discípulos que la fe puede mover montañas, aquí vemos como la fe resucita a los muertos, hace ver a los ciegos, cura a los enfermos, convierte a los pecadores, etc. Transcribo tres milagros descritos en unos medallones que se conservan actualmente en el museo de la Altagracia:

 ▪ «Juan Domínguez, cura y Vicario de esta parroquia nuestra Señora de Altagracia, se sentó en una hamaca y ahogó a un niño y siendo inocente lo trajeron delante de Nuestra Señora, resucitó y dieron gracias a Dios». 

 ▪ «F. Hernández, vecina de la ciudad de Santo Domingo, le dio en la barriga una grande apotema y habiéndosele abierto arrojó una cuarta de tripa y Catalina de Arbornoz se la cortó… y habiéndose untado aceite de la lámpara con fe y devoción sanó al instante y quedó libre de la fístula dando gracias a Dios».

 ▪ » Rafael Geler, sobre quién cae una enorme descarga eléctrica, que le quema la ropa y le desbarata el asiento en qué estaba, se ofrece a la piadosa Señora, tiene la visión de su sagrada  imagen y resulta ileso. Esto sucedió en Higüey el día 9 de mayo de 1902″.

Y el milagro que todos vemos es la cantidad de gente que viene a visitar a la Virgen,  gente que en la simplicidad de su fe ama a la Virgen como a su Madre, tanta de esta gente no vive en gracia de Dios, y aquí donde nosotras intentamos ayudar a la gente, haciéndoles notar que la Virgen los llama a vivir más unidos a Ella y a Dios por un camino espiritual más profundo. Es aquí donde se hace vida la frase «A Jesús por María»

Por ahora en la comunidad somos dos hermanas, la madre Mercedes (que es de aquí de Higüey) y quien escribe. Nos encomendamos a sus oraciones para que seamos fieles a la misión que se nos ha confiado y contribuyamos a instaurar el reinado de Cristo en la sociedad.

Viva la Virgen de la Altagracia! Viva la misión!

 Hermana Maria Virgo Potens Hemmingsen

[1] Pepén, Juan Francisco, Donde floreció el naranjo, p. 96

[2] Pepén, Juan Francisco, Donde floreció el naranjo, p. 38

[3] Pepén, Juan Francisco, Donde floreció el naranjo, p. 96