Jesús dijo “Retírate satanás, solo a Dios Adorarás” (Mt 4,10). Cuando se comienza con una Capilla de Adoración Perpetua en una Parroquia, se puede decir que de algún modo se repiten estas palabras del Salvador, es una especie de exorcismo. Por otra parte, en estos tiempos en que tantas iglesias están cerradas gran parte del día o de la semana, permitir el acceso a la Eucaristía no es algo menor. Antes de ser Papa, Benedicto XVI afirmaba “hoy corremos el riesgo de que nuestras iglesias se conviertan en museos y que acaben como los museos: si no se cierran, son expoliados. No tienen vida. La medida de la vitalidad de la Iglesia, la medida de su apertura interior, se mostrará por el hecho de que sus puertas puedan permanecer abiertas, precisamente porque es una iglesia en la que se reza constantemente”[1].

Siguiendo con la misma idea, hace 6 años, el entonces Prefecto de la Congregación para el Clero, Cardenal Mauro Piacenza, declaraba “sueño con un tiempo cercano en el que no exista diócesis en la que no haya una iglesia o al menos una capilla en la que día y noche se adore al Amor sacramentado. ¡El Amor debe ser amado! En cada diócesis, y mejor si también en cada ciudad y pueblo, debe haber manos alzadas al cielo para implorar una lluvia de misericordia sobre todos, cercanos y lejanos, y entonces todo cambiaría… Este es el clima para la santificación del clero y para el crecimiento de santas vocaciones sacerdotales y religiosas…”[2]

Esto, entre otras razones, nos motivó en primer lugar dejar las puertas del templo abiertas durante el día, y luego la Providencia dispuso, hace justo dos años, que podamos comenzar con la Capilla de Adoración Perpetua.

Creo que en toda parroquia donde haya Adoración Perpetua se debe dar un cambio fundamental. En Wauchula, como en todas las demás, el primer manifiesto es la Adoración misma, es decir, el importante número de personas que rezan y que probablemente antes no lo hacían, o al menos no delante de la Eucaristía y con esa seriedad, silencio y sacrificio, como los que vienen en la madrugada. Por eso, ellos mismos, los adoradores, agradecen explícita y constantemente que exista la Capilla.

También varios feligreses ya entienden que ese Oratorio es una consecuencia lógica de la consagración de la parroquia al Corazón de Jesús, y eso les proporciona una visión más acabada de la persona de Jesucristo.

Una realidad muy esperanzadora es la que descubrimos hace un par de semanas cuando participamos con un grupo de feligreses de una breve peregrinación a México. Según varios testimonios, es el país hispanoamericano con más capillas de Adoración al Santísimo. Hay tres obispos que tenían sus seminarios cerrados y cuando comenzaron con cinco capillas dedicadas al Santísimo en las parroquias de sus diócesis, se reabrieron. En Ciudad Juárez -una de las ciudades más peligrosas de México, según dicen- se abrió una capilla cuando morían cuarenta personas por día. Luego de tres meses de haberla construido, los sacerdotes dijeron que no había muerto nadie por crímenes.

En fin, el domingo 27 de agosto tuvimos una procesión nocturna en acción de gracias por el segundo aniversario. Mucha gente se hizo presente y a pesar de una leve lluvia, se pudo rezar y adorar con una sincera y profunda devoción. Los feligreses estaban realmente consolads y nosotros los sacerdotes, mucho más…

Por último, podemos decir que gracias a la Adoración se logra una mejor participación en la Santa Misa. Una célebre expresión de san Agustín dice “Nadie come de esta carne [el Cuerpo eucarístico] sin antes adorarla […], pecaríamos si no la adoráramos” (Enarrationes in Psalmos, 98,9). No quiero exagerar ni mencionar algo que solo podría ser una impresión, sino que en honor a la verdad, debo afirmar que entre las personas que están seriamente comprometidas en su vida de oración, la Misa ya no es lo mismo, sino que tienen una conciencia mucho mayor, la viven y aprovechan y en consecuencia, la valoran más seriamente.

Desde Wauchula pedimos por el aumento y perseverancia de todos los adoradores del mundo, y para que los sacerdotes sean los grandes promotores de lo que indiscutiblemente es el corazón de toda parroquia.

P. Fabio Schilereff

[1] J. Ratzinger, Il Dio vicino, Edizioni San Paolo, Milán 2003
[2] Los Ángeles, Estados Unidos, 11 de octubre 2011, entrevista exclusiva concedida a ACI Prensa

 

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