Gracias a la Divina Providencia, del 6 al 13 de diciembre, un grupo de cinco mamás que viven con sus niños en uno de los hogares de la Ciudad de la Caridad, pudieron viajar a Tierra Santa, junto con algunas hermanas.
Viajaron Maria Rizdva, Maria Uspiña, Maria Pokrov y Maria Dytiatka Isusa, y además las acompañó el Padre Petro Tsidylo, capellan del Hogar “Inmaculado Corazón”.
Todo comenzó en Nazareth, el lugar de la Encarnación del Verbo, lugar tan especial para nuestra Familia Religiosa del Verbo Encarnado.

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Cada día fue vivido de modo especial porque tuvimos la oportunidad de rezar, contemplar y meditar en los lugares donde pasó su vida terrena Nuestros Señor: el monte Tabor, Caná de Galilea, el Monte de las Bienaventuranzas, el río Jordán, el Lago de Genesareth, el lugar de las tentaciones en el desierto… lugares que para siempre quedarán grabados en la memoria de cada uno de nosotros. De modo especial pienso en Jerusalén “ciudad de Dios”. Pienso que justamente esta ciudad debería ser visitada por todos los cristianos.
Aquí vivió y pasó su vía dolorosa Nuestro Salvador Jesucristo. Deteniéndonos en esta ciudad eterna era como si de nuevo leyéramos el Santo Evangelio.
Gracias a nuestro capellán, cada día pudimos tener la Santa Misa. Sus sermones nos ayudaron a vivir más profundamente los acontecimientos que sucedieron en los lugares que fuimos visitando. Gracias a que el grupo no era muy grande (solo el capellán, cuatro hermanas y cinco mamás, Valia Elvira, Yana, Irena y Halia) se pudo vivir la peregrinación en un ambiente muy familiar. La sencillez y sinceridad de cada una de las mamás, el espíritu de sacrificio y alegría de parte de todos fue de gran ayuda durante el viaje.
También nos admiramos de la grandeza de las construcciones y la antiguedad de la arquitectura de los lugares. El encuentro con la cultura hebrea y árabe impresionaba de modo especial a nuestras peregrinas, ya que era la primera vez que salían de su país. Primero, les llamaba la atención lo diverso de la flora del lugar, el paisaje, la apariencia del Mar Muerto y del Mediterráneo, el vestido y apariencia de los lugareños… Pudimos probar la comida típica del lugar y también probar frutas locales.
Para poder realizar semejante sueño, nos apoyamos en la oración, en el sacrificio, en ahorrar costos con sacrificio… También a medida que pasaba el tiempo nuestras mamás se entusiasmaron con la lectura de la Sagrada Escritura, el aprendizaje de la geografía de los lugares de aquel país, el clima, la cultura de la gente… Este viaje las ayudó a elevar su dignidad, a enriquecerlas humana y espiritualmente.
Durante la peregrinación nos pusimos como meta rezar y ofrecer todo por nuestros niños, por Ucrania y especialmente por nuestros benefactores. Porque gracias a gente buena, que no es indiferente al dolor ajeno, es que estas madres tienen la posibilidad de vivir con sus hijos.
Pienso que ninguno quedó indiferente después de haber estado en Tierra Santa.
Le agradecemos nuevamente al padre capellán, padre Pedro Tsidylo, IVE, a todos los benefactores, a las hermanas que cuidaron a nuestros niños durante nuestra ausencia y a las hermanas de la comunidad de Burshtyn, que prepararon a nuestras peregrinas todos los viernes durante un mes para la peregrinación a Tierra Santa.

Madre Maria Dytiatka Isusa, hermanas y mamás del Hogar “Inmaculado Corazón de María”

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