Desde el Pueyo, España.

Siempre se consideró a Santa María Magdalena como modelo de vida contemplativa y de consagración total a Dios, aquella que “ha elegido la mejor parte”. Así lo afirmaba san Gregorio Magno en un sermón de Marta y María: “una se dedicaba a la vida activa, mediante el servicio del mundo,  la otra  a la vida contemplativa a través del éxtasis de un corazón atento a la Palabra”.

Por gracia de Dios, los sacerdotes de la comunidad del Monasterio Nuestra Señora del Pueyo (Barbastro), pudimos participar del curso de actualización teológica en Roma, dictado por el R. P. Fuentes del 2 al 4 de enero p.p., y ya de vuelta a nuestro querido Monasterio (hacer clic para ver fotos), pasando por Francia, aprovechamos para peregrinar en la Provenza, por aquellas tierras que fueran testigo de los inicios de la vida monástica en Occidente: la Basílica de santa María Magdalena y la santa Gruta (“Sainte Baume”).

Continuando la crónica que llegó hace unos días desde Francia, en que se contaba sobre el Santuario de “las santas Marías de la mar”, describimos brevemente las dos importantes metas de nuestra peregrinación.

En primer lugar visitamos la hermosa Basílica de Santa María Magdalena en la ciudad de San Maximino, único monumento gótico importante de la Provenza. Aquí se conservan el cráneo y varios huesos de la Santa en un hermoso relicario dorado, que semeja su busto.

Y luego nos dirigimos a la “Sainte Baume” (“santa Gruta” en provenzal), que se encuentra a pocos kilómetros de la ciudad, bajo un peñasco rocoso, al cual se accede tras media hora de caminata por la montaña.

La tradición cuenta que, al poco tiempo de emprender la evangelización de la Provenza, Santa María Magdalena se retira a esta gruta, donde dedicará los últimos 30 años de su vida a la oración y la penitencia. Antes de morir fue llevada por unos ángeles a la ciudad de Aix, a la presencia de San Maximino (que era entonces obispo de esta ciudad), de quien recibió el santo Viático. Muriendo en sus brazos, él mismo la sepultó en un oratorio que construyó en Villa Lata, conocida desde entonces como la Villa de San Maximino. La actual Basílica de Santa María Magdalena fue construida sobre aquel primer oratorio que conservó sus reliquias.

Damos gracias a Dios por haber podido venerar estos santos lugares, evangelizados y santificados por la presencia de aquella que es modelo y pionera de la vida contemplativa, y pedimos por el aumento y santificación de las vocaciones monásticas para nuestro Instituto.

P. Emmanuel Ansaldi IVE

http://monasteriodelpueyo.wordpress.com

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