Queridísimos hermanos en la querida congregación de VERBO ENCARNADO…. Jallalla!

Una vez más quisiera narrar lo sucedido estos días en mi querida parroquia de Santa Ana de Chipaya… Ahora me pregunto: ¿cómo empiezo? No sé por dónde, ya que son muy profundas las alegrías vividas y no sé cuál de ellas calara más hondo en ustedes. Con el lenguaje común de “la Finca”, para que se entienda mejor, pues a decir verdad, estuve “hasta las re-manos” con las ceremonias de la Semana Santa. Yo creo que muchos misioneros nuestros estuvieron igual ya que hay muchos que estuvieron solos en parroquias de muy larga distancia geográfica y espiritual. Para algunos la distancia geográfica les limitará la obra que Dios les pide y para otros la distancia espiritual de muchos fieles que se dicen profesar nuestra Fe Católica. Pero en la práctica no se apiadan de sus pobres almas, no contemplan los dolores, la pasión y la muerte del redentor, y así jamás se doblegan ante un Crucifijo, ante una Madre Dolorosa, ante el sacramento de la confesión. En mi corta experiencia como misionero en el Altiplano lo que más dolor causa a un misionero es esa larga distancia espiritual de muchos fieles.

Procesión del domingo de Ramos
Procesión del domingo de Ramos

En esta oportunidad en la parroquia de Santa Ana por parte de los fieles no hubo distancia espiritual, sí lo hubo para mí como misionero la distancia geográfica, pues ésta dista de la parroquia de San Pedro de Challacollo 180 km de distancia (San Pedro merece una crónica aparte). Yo organicé las ceremonias de Semana Santa contando con un cura más que vendría a ayudarnos pero a último momento no pudo viajar por dificultades de salud, así es que tuve que batirme solo con las dos parroquias: por eso digo que para mí la dificultad fue la distancia geográfica.

Por otro lado pude ver, por gracia de Dios, los frutos de las ceremonias que pude realizar, Domingo de Ramos en Chipayas y que la gente participaba con un fervor único, era cosa rara de ver a mi gente chipaya con una simpatía del todo particular. ¡Y qué Domingo de Ramos! Con sólo decirles que hacía más o menos 15 años que no tenían la procesión de Ramos y la Misa. El mismo pueblo se puso de pie y decidieron usar y darme a mí la colecta que ellos van dando cada domingo para que les compre los ramos en la ciudad y así poder acompañar un año más al Señor en su entrada triunfal en Jerusalén, y de paso tener los ramos bendecidos en sus hogares.

El Viernes Santo llegue a Chipayas a las 12:30 y a las 14:00 empecé una catequesis general para todos, sin excepción. Luego empecé el Via Crucis, seguido de la Adoración de la Cruz. Es esa misma cruz que saque hace dos años y que no salía a las calles desde hace 15 o 20 años. Terminado el Via Crucis que se hizo por las calles del pueblo, la gente pidió nuevamente que siguiéramos con la catequesis,  y así fue. Para esto usamos el catecismo de las 93 preguntas, le di uno a cada uno. Los hacía repetir empezando por las oraciones básicas y el examen de conciencia para que se confiesen. La gente estaba feliz pues cuando los despedí y cuando salieron de la iglesia estaba oscuro, sin darnos cuenta habíamos pasado tres horas de catecismo ininterrumpidamente; y estas almas estaban tan sedientas que a la mañana siguiente vinieron a las oraciones de la mañana conmigo y de nuevo me pidieron que les enseñara catecismo…

Confesé  la mañana del día sábado y fue un continuo atender gente a lo largo de todo el día… venían por confesión, otros por consulta, y varios cayeron en familia para que yo corrija o aconseje a sus hijos… ¡no lo podía creer! A la tarde vinieron algunos jóvenes a la casa a enseñarme lengua pukina, se emocionaban más los pibes que yo, si yo apenas podía pronunciar, y en cuanto pronunciaba ellos se alegraban tanto que me hablaban pukina fluido y no entendía nada y se mataban de la risa…

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Entre prácticas y risas empezamos los preparativos para la Vigilia Pascual en la iglesia antigua. Entre otros preparativos, hicimos las partes de la liturgia junto con los adultos que se tenían que bautizar (catecúmenos) en esa ceremonia y que para ellos era del todo novedoso, ya que muy pocas veces -algunos nunca- vivieron de cerca esta ceremonia de la Vigilia. Y así empezó un clima de fiesta y alegría por la Resurrección del Señor.

Para el día domingo estaba ya fijado las oraciones de la mañana con todo el pueblo a las 06:30, luego un desayuno comunitario en el patio de la iglesia nueva. Después, la gente entre cantos y risas ayudó en los preparativos para el almuerzo comunitario, pues a ellos les causa mucha alegría el hecho de compartir en comunidad alguna comida y más cuando se trata de festejar un día especial como la Resurrección del Señor. Otros se iban preparando para la Misa de la Resurrección del Señor, que fue a las 11:00, y por supuesto con una alegría particular ya que varios matrimonios traían a sus hijos para el bautismo.

Luego de la Santa Misa tuvimos el almuerzo comunitario gracias a la puesta en común de toda la gente, desde la carne hasta la leña. Ni bien se acabó el almuerzo todos gritaron unos fuertes “jallallas” por el Señor y la Virgen… y ya nomás empezaron los cantos en lengua pukina y aymara. Después llegó mi turno de dirigir los juegos para los niños y jóvenes, al mejor estilo de los juegos de la fiesta de Pier Giogio Frassati en la Finca, y por supuesto improvisar juegos para adultos, ya que estos últimos al mirar los premios también se animaron a jugar… Los premios eran cuadros del Señor, de la Virgen, del Papa, y otros más. Esto duró hasta casi cerca del anochecer, hasta que cantamos a la Virgen con el típico canto del “Juma Virgen María” en idioma aymara, les di la bendición y chau.

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Y qué decir a todo esto, sino dar gracias a Dios por el eterno regalo del inestimable don del sacerdocio, a la Virgen María mi Madre,  y a mis formadores que siempre me inculcaron el anhelo de no parar hasta llegar a los últimos rincones de la tierra donde hay almas redimidas por Jesucristo.

R. P. Rosendo Tactaca

Misionero en el altiplano Boliviano

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