Ayer el P. Diego Cano se despidió de Roma para regresar a su labor misionera:
“Queridos todos, pienso que Dios me ha concedido las tres gracias más grandes de mi vida: ser sacerdote religioso y misionero en Africa y eso se lo debo al Instituto del Verbo Encarnado y a nuestro fundador. Ahora estoy en el aeropuerto y estoy regresando a la misión. Vuelvo a la realidad de la querida misión en Ushetu. Así que me encomiendo a sus oraciones para seguir adelante y perseverar. Firmes en la brecha! Dios los bendiga”.

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