Queridos todos:

Hace ya nueve meses que el Seminario “Nuestra Señora de Sheshan” ha cambiado su residencia y de estar viviendo en el centro de la Ciudad de Lipa, se ha mudado al Barangay (“Barrio”) San Celestino donde están ubicadas las construcciones del nuevo seminario.

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El nuevo seminario

            Hace nueve meses, entonces, empezamos el apostolado de todos los sábados entre la gente y las casas de San Celestino. Realmente es un lugar pobre. Las casas son muy precarias y la gente muy humilde; pero desde que llegamos no han dejado de ayudarnos y de mostrarse enteramente agradecidos y bendecidos por tener un seminario en el Barangay. Siempre andan contentos de ver las sotanas, los niños en el oratorio, de poder recibir a los seminaristas en sus casa, etc.

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El oratorio de los sábados

 

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Visita de casas

            Pero ahora, en esta crónica, queremos contarles un fruto muy grande que hemos tenido a partir de este apostolado sabatino. ¡Han regresado a la Iglesia católica 40 personas en un mismo día!

Para empezar, y para los que no conocen, es necesario explicar la situación religiosa de Las Filipinas. La Iglesia católica es, por ahora, la religión con más fieles. Pero lamentablemente día a día se multiplican las sectas y otras denominaciones. Entre estas se destaca la Iglesia ni Cristo (Iglesia de Cristo) fundada por los masones y que tiene tantísimos templos por todo el archipiélago. Tiene un carácter totalmente protestante y es básicamente lo mismo que tantas otras sectas que tanto mal están haciendo en este país católico.

A su vez, también existe otra Iglesia que de algún modo es más peligrosa. Es la llamada Iglesia filipina independiente o vulgarmente conocida como Aglipayan Church por su primer “jefe” P. Gregorio Aglipay. En el año 1902 un grupo de sacerdotes, fuertemente alentados por los masones, se separaron de Roma. Comenzaron así como una iglesia nacional que se expandió rápidamente diciendo: “No hace falta ser católico, basta con ser filipino”. Y fue así que mucha gente y muchos sacerdotes dejaron la Iglesia Católica y se cambiaron a la nueva Iglesia. Con el tiempo se pervirtieron las costumbres dejando el celibato, aceptando mujeres al sacerdocio, etc.; cosas todas que son consecuencias lógicas de haber abandonado el magisterio petrino.

Lamentablemente en nuestro Barangay hay muchos miembros de esta iglesia que tienen sus “capillas” y sus “sacerdotes” (no tienen el sacramento).

Pero ahora ya no son tantos. Hace un mes atrás, estando de apostolado un sábado, se acercó un hombre ya anciano diciendo que él y toda su familia querían volver de esta Iglesia independiente a la Iglesia Católica. ¡Qué sorpresa la nuestra! Nosotros ya sabíamos quiénes eran y que pertenecían a la Iglesia independiente, pero jamás pensábamos que se nos irían a acercar tan “así nomás” a pedirnos volver al catolicismo.

Y así fue que 40 personas (todo el “clan” familiar) y el mismo “sacerdote” nos pidieron oficialmente volver a la fe católica.

Lo primero que hicimos fue ir a ver a nuestro párroco quien nos dijo que había que darles unas clases de catecismo, y después oficiar una misa en la parroquia en la que profesasen nuevamente el credo. Y así lo hicimos.

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En la parroquia después de la Sta. Misa

Dos semanas antes de la misa se les dio algunas clases de catecismo en nuestro seminario, en las que participaron todos: niños, jóvenes, adultos y ancianos. Y el domingo pasado tuvimos la misa en la parroquia, la profesión del credo y después unos festejos en el seminario.

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Festejos en el comedor del Seminario

Gracias a Dios todo salió muy bien y fue de mucho provecho.

Pero esta historia recién empieza. Fue justamente ayer cuando otras nuevas familias se acercaron también a pedirnos reingresar a la Iglesia Católica. Ante la impronta de la primera nuevas familias siguen el buen ejemplo.

Los adultos que han hecho los sacramentos en la Iglesia católica vienen al seminario a confesarse y a renovar su fe. En cambio para los niños y jóvenes que solo han recibido inválidos sacramentos ya se fechó un día en el cual se bautizarán y/o confirmar. Y también algunos matrimonio ya están pidiendo casarse válidamente. ¡Todo es una gran alegría!

Agradecemos a Dios las inmensas gracias y pedimos oraciones por la perseverancia de estos 40 nuevos miembros de la Iglesia católica y por todos los que vienen y vendrán.

En Cristo y María,

Sem. Bernardo M. Ibarra

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