Quizás que una de las características que más destacan la pobre religiosidad de nuestro tiempo es el “olvido de la Vida Eterna”. No hay, pienso, una negación directa de que después de esta vida nos espera la eternidad, pero sí hay una gran distracción, provocada ciertamente por el espíritu mundano. La gente no piensa en y no valora su eternidad.

Por esto es necesario el testimonio constante de la vida eterna. San Juan Pablo II en “Vita consecrata” menciona este testimonio como una dimensión principal en la vida religiosa, la dimensión escatológica[1]. Somos quienes, constantemente, con nuestra vida recordamos al mundo que el hombre ha sido creado para la eternidad, y que debe dedicarse para alcanzarla.

Llevando nuestra sotana mostramos a todos que ya hemos muerto a este mundo, que ya nos hemos dado enteramente a Dios, que ya no vivimos para nosotros sino para Él; es decir, que existe una vida eterna, y que vale la pena dar todo por ella.

El pasado sábado 24 de Noviembre 5 novicios recibieron el hábito religioso (que en nuestro Instituto es la sotana). Una gracia de Dios para nuestro Instituto que sigue siendo bendecido con vocaciones y también para este país, que tanto necesita de vocaciones y del testimonio de lo religioso.

Cuatro de ellos son de Guyana, que de chicos han estado cercanos a nuestras misiones; dos son del río Moruca, que depende de nuestra misión en Santa Rosa y los otros dos del río Pomeroon, que depende de nuestra misión en Charity. Y los cuatro han estado en el dormitorio que llevamos adelante en Charity. Menciono estos detalles para dar gracias a tantos misioneros que han trabajado en esta misión. El quinto novicio es de Haití.

A la ceremonia vino mucha gente de todas las comunidades que atendemos. El P. Barattero vino para la ocasión y fue quien, presidiendo, bendijo las sotanas de los novicios. Con la gran ayuda de las hermanas Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará y de los parroquianos la fiesta salió muy bien y se vivió en un clima muy familiar.

Damos gracias a Dios y a la Virgen de Luján, madre de las vocaciones de nuestro Instituto, por estas vocaciones del noviciado “San Juan Pablo Magno”. Y pedimos también muchas oraciones por su perseverancia.

En el Verbo Encarnado

Joaquín Ibarra, IVE

 

[1] Vita Consecrata, 26.

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