Por: P. Marcelo Cano, IVE

 

Días atrás, debido al Covid-19, se empezaron a tomar distintas medidas, nuestras iglesias se cerraron, lo mismo que muchas de nuestras obras de apostolado, una de esas obras, fue nuestro comedor “Santa Teresa de Calcuta” que, desde hace 15 años, de lunes a viernes, da de comer a más de 200 personas por día.

Con el pasar de los días y viendo a la gente pasar necesidad, con los Padres y las Hermanas Servidoras, vimos que no era lo más justo mantener cerrado el comedor, cuando, por ejemplo, permanecían abiertos una gran cantidad de comercios y otros tipos de locales. Consultamos con el Obispo, hablamos con nuestros respectivos superiores y todos estuvimos de acuerdo en que se debía reabrir, por supuesto, tomando todas las medidas prudenciales para esta situación. Así que, después de reorganizar la cocina, el menú, los voluntarios, empezamos distribuyendo almuerzos recorriendo las distintas plazas, al mismo tiempo que avisábamos de la reapertura del comedor.

A partir de entonces, la gente regresó a la parroquia para buscar su almuerzo.

Desde entonces, hemos experimentado día a día, la protección y el cuidado premuroso de la Divina Providencia, sobre todo tocando los corazones de muchos benefactores que con distintas donaciones han cubierto sobreabundantemente con las necesidades del comedor, tenemos muchos ejemplos que podríamos compartir, pero para no alargarnos, contaremos uno como muestra.

Fuimos a buscar una donación de mercadería y de regreso conversábamos sobre qué nos estaba faltando, en ese momento pensábamos que sería bueno ofrecer un tecito caliente para la gente que espera en la fila, sobre todo en estos días de mucho frío, justamente habíamos recibido una donación de cajas de té, pero nos faltaba azúcar. Además, comentábamos que teníamos que conseguir salsa de tomate para completar algunas comidas.

Cuando estaba entrando en la parroquia, veo unos hombres que estaban terminando de descargar una mercadería que traían como donación… cuando miro de qué se trataba, no lo podía creer, fue realmente emocionante, ¿Qué nos donaban? 80 kg de azúcar y 20 cajas con salsa de tomate, y nada más, no es que venían fideos, arroz, lentejas, azúcar y salsa de tomate, no; sólo llegaron esas dos cosas: azúcar y salsa de tomate, justo lo que nos estaba faltando, ni más ni menos.

Y, son muchas más las delicadezas de la Divina Providencia, muchas… tantas que, gracias a las donaciones recibidas, estamos ayudando a otros comedores, y a nuestro Noviciado que también está realizando este importante apostolado en Paine.

Queremos destacar, algunos de los platos que se han servido, gracias a la Divina Providencia y a la generosidad del trabajo de las Hermanas que llevan adelante la cocina, y también gracias a la ayuda de un buen grupo de voluntarios.

Algunos ejemplos: arroz con croquetas de pollo y ensalada de tomate con lechuga; lentejas con arroz y longaniza, y de postre manzana verde… Pero el menú que más gustó, fue pescado frito con puré, la gente que se enteraba del menú venía, literalmente, ¡corriendo! No fue fácil ofrecer pescado con puré, fue posible gracias a que las Hermanas estuvieron más de 5 horas limpiando la donación de pescado. Pero sí que valió la pena, ese día entregamos 236 bandejas, fue una gran alegría, sobre todo, ver la gratitud de la gente, ver como agradece a los sacerdotes, como agradecen a las Hermanas, en el fondo, sin saber, como agradecen a la Iglesia Católica. Al finalizar, comentábamos entre nosotros, hoy dimos de comer a Nuestro Señor Jesucristo un buen plato de pescado frito con puré.

Entre nosotros pensábamos: “qué más se puede hacer por estas almas”, y se nos ocurrió que en cada bandeja podíamos pegar una frase bíblica o un pensamiento espiritual, algo que también alimente el alma, por ejemplo, la primera vez, pegamos la cita de Gálatas 2, 20: “Me amó y se entregó por mí”. Muchas personas nos agradecieron este gesto y varios dijeron que cortaron las frases y que las pegaron en sus casas para releerlas y tenerlas más presentes.

Para terminar, queremos agradecer a nuestra querida congregación, ya que gracias a ella hemos aprendido la importancia de las obras de misericordia para la evangelización, son un medio para llevar las almas a la vida de la gracia, y por la gracia a su salvación.

Que cada día crezcamos más y más en la caridad, porque como decía San Luis Orione: “sólo la caridad salvará al mundo”; y, que crezcamos en la fe, para que veamos en el prójimo que sufre al mismo Cristo, como enseñaba Santa Teresa de Calcuta: «Cuando nos ocupamos del enfermo y del necesitado, estamos tocando el cuerpo sufriente de Cristo y este contacto se torna heroico; nos olvidamos de la repugnancia y de las tendencias naturales que hay en todos nosotros».

Y en otra ocasión, la Madre Teresa decía: «Dios siempre cuida de sus criaturas, pero lo hace a través de los hombres. Si alguna persona muere de hambre o de pena, no es que Dios no la haya cuidado; es porque nosotros no hicimos nada para ayudarla, no fuimos instrumentos de su amor, no supimos reconocer a Cristo bajo la apariencia de ese hombre desamparado, de ese niño abandonado».

Nos despedimos pidiéndoles oraciones por nuestros benefactores, ya que es la mejor manera de agradecerles y les pedimos que recen mucho por los frutos de nuestra misión aquí en Chile; y, sobre todo para que surjan muchas y santas vocaciones.

En Cristo y María.

P. Marcelo Cano, IVE