“¿Quién hace posible, la Fiesta de la Santa de los Imposibles?”

Varios me escribieron la semana pasada saludándonos y deseando haber tenido una fructífera de S. Rita, pensando la mayoría que la misma se realizaría el domingo 19 de mayo, y esperaban la crónica y alguna foto. En realidad la fiesta fue ayer domingo 26 de mayo, puesto que el domingo anterior fue la Solemnidad de Pentecostés cuando los novicios del Instituto del Verbo Encarnado recibieron la Sotana y las novicias el cambio de nombre.

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En la acción de gracias, antes de la bendición final de la Misa presidida por Mons. Taussig, les contaba a los Sacerdotes concelebrantes de las distintas casas presentes en S. Rafael, a las Servidoras, niños y niñas, abuelos de los hogares, Seminaristas mayores y menores, y los miles de peregrinos que llenaban la carpa donde se desarrollaron las actividades, en un hermoso día de sol, que durante la semana me preguntaba: “¿Quién hace posible, la Fiesta de la Santa de los Imposibles?”. Ciertamente que S. Rita se luce de modo extraordinario en la organización de su Fiesta mayor. Ella nos alcanza de Dios y derrama abundantes gracias de las más variadas. En el orden de la gracia y lo necesario en la parte material.

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Su fiesta se comienza a organizar en el mes de febrero con la primera reunión con la comisión organizadora, donde se reparten oficios, trabajos, se prevén las listas de todo lo necesario, cartas de pedidos, etc.

A medida que se acerca la fecha más próxima al 22 de mayo, empiezan a llegar las donaciones, respuestas, alguna que otra complicación, como para que nos acordemos que la dueña de la Fiesta es ella y le pidamos que haga posible lo que para nosotros muchas veces se nos presenta como un imposible.

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Pero hay una realidad muy interesante. Santa Rita, digámoslo así, tiene sus ministros, sus colaboradores. Un gran número de devotos, que han adquirido algún compromiso con ella a lo largo de su vida ante la ayuda recibida por su intercesión haciendo posible lo imposible. Sí, ellos son los que hacen posible esta gran fiesta, que a nosotros como comunidad religiosa nos supera por todas partes. Entre estos colaboradores, pienso en primer lugar en el p. Buela nuestro padre fundador, quien quiso y puso por escrito en el año 1988, pienso que con una gran visión de futuro, “que los monjes de Los Coroneles se dedicarán a la atención de los peregrinos de S. Rita”, cuando entonces alcanzaban los dedos de la manos para contar los fieles que frecuentaban la primer grutita de S. Rita; los que nos precedieron, los primeros monjes, los sacerdotes y monjes actualmente repartidos en lugares de misión distantes y que se hicieron presente con sus oraciones y sus e-mails; aquellos devotos que ya están viejitos y enfermos y que nos hacen llegar su cercanía y recuerdo nostálgico con un llamado de teléfono, una donación a la distancia, una oración y un sacrificio ofrecido para que todo salga bien; los internos de nuestros hogares, los religiosos de nuestra familia Religiosa, los miembros de la Tercera Orden; los que nos precedieron a la patria del Cielo, el p. Benito Lagos, uno de los primeros seminaristas que hicieron apostolado aquí en Los Coroneles, doña Narcisa Ganga, Gerardo Pérez,  doña María Pérez, doña Josefa Rodríguez… y muchos más.

Nos acompañaron los Sacerdotes y seminaristas del Seminario mayor y menor, de la parroquia San Maximiliano, y de los hogares, las hermanas de diversas comunidades y del estudiantado S. Catalina, los niños, niñas, jóvenes y abuelos y abuelas de los hogares. Una fiesta de la familia.

Nos han ayudado del municipio, empresas de ómnibus para trasladar a la Banda de Música, la cual le da un tono especial a la recepción de la Imagen de S. Rita, honrada con las banderas de ceremonias de las escuelas de Los Coroneles, las agrupaciones gauchas con su banderas argentinas y papal, su ropa típica, bombachas, botas, ponchos, boinas, sombreros de ala ancha, rastras, fajas, el agitar de pañuelos, aplausos vivas, pétalos de rosas, lágrimas, oraciones, repicar de campanas.

Luego tuvimos la S. Misa, precedida por Mons. Taussig, obispo de San Rafael, Sacerdotes concelebrantes, y como les decía un nutrido número de devotos. Como siempre, la misa solemnizada por el Coro Santa Cecilia. Muchas conversiones, el mayor de los imposibles hecho posible gracias a los sacerdotes que estuvieron confesando a lo largo de la procesión y durante la Santa Misa, recuperar la vida de la gracia; el gran regalo de las comuniones eucarísticas, el Rey del Cielo, al bajo suelo se digna descender, ¡oh que portento! como cantamos en el canto de comunión. Pensar que una sola confesión, una sola comunión justifica el esfuerzo de tantos, pero Dios que no se deja ganar en generosidad, multiplica y da a manos llenas su gracia y misericordia.

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Al finalizar la Santa Misa, tuvimos el tradicional locro y pasteles (como le llamamos aquí a las empanadas fritas), un fogón con los más variados números de gran nivel, con algún atrevido bailarín salido de entre los comensales. Una vez finalizado el mismo, se jugó un bingo familiar, entre mates, y alguna que otra humeante torta frita, gritos de quintinas y cartones llenos, entrega de regalos, aplausos, rifas y subastas.

Queridos todos, hay tanto para contar y agradecer…, tantos imposibles hechos posibles… pero bueno no hay más tiempo, por todos ellos damos gracias a Dios, especialmente por el don de la fe presente en el alma de tantas personas, una fe que no está sólo en sus cabeza, sino en el corazón y en las manos de tantas almas buenas que hacen posible esta hermosa fiesta. Hasta el próximo año.

P. Pablo di Cesare, IVE

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