La pastoral vocacional, es la misión de la Iglesia, es Dios quien llama por medio nuestro y somos nosotros los que debemos favorecer esa escucha de su llamada. Es una gracia enorme, el poder formar parte, junto a tres sacerdotes y una virgen consagrada, de la Pastoral Vocacional de Navarra.

Digo, una enorme Gracia, porque se puede trabajar en el problema fundamental, ante el cual mostró gran interés el Papa Juan Pablo II y por el que pedía una mayor atención, ya que afecta a la vida misma de la Iglesia, en una de sus notas de apostolicidad, como es el problema de las vocaciones.

En primer lugar: debemos ir a buscar las vocaciones y proponerlas, para ello hay que tener una pastoral entusiasta, no tener miedo de involucrarnos en medio de ellos, es Dios el que llama, nosotros solo debemos predicarlo sin predicar, es decir con el ejemplo, dando verdadero testimonio de vida cristina, presentando a Jesucristo, estando alegres de nuestro sí, de nuestra entrega generosa.

En segundo lugar: debemos cuidar las vocaciones desde sus comienzos, ya que la vocación está en germen en la mayoría de los cristianos; Dios sigue sembrando a manos llenas y el Espíritu Santo sigue actuando intensamente sobre las almas.

En tercer lugar: debemos acompañarlas en su discernimiento, para que no pierdan la vocación, ya que la mayoría de las veces Dios llama HOY y se corre el riesgo de decir mañana y que ese mañana se transforme en nunca.

Los días 13, 14 y 15 de febrero del 2015, viajamos a Lourdes, con 50 jóvenes que están discerniendo su vocación.

Estuvimos alojados en la “ciudad de los jóvenes” donde comenzamos esos días con una vigilia de oración, por los cristianos perseguidos. Luego de ver testimonios de los cristianos de Pakistán y de Iraq, lo cual ayudó para acercarnos un poco más a sus sufrimientos y así poder imitar su fe, rezamos ante el Santísimo Sacramento, por todos ellos.

Al día siguiente entramos a Lourdes desde Bartrès. Caminamos cuatro kilómetros donde se contemplaban los pirineos, mientras meditábamos el Evangelio, que luego comentamos.

Al llegar a Lourdes visitamos los lugares más significativos de la vida de Santa Bernardita: la iglesia donde fue bautizada, donde pude darles una pequeña charla sobre el triple llamado que Dios nos hace: a la existencia, a la vida de la Gracia y a una vocación determinada; luego en la casa natal, les hablé de la vocación a la vida religiosa, finalmente llegamos hasta la Gruta, el lugar de las apariciones.

Después de comer, visitamos la Comunidad del Cenáculo. Una obra fundada hace más de 30 años por Sor Elvira, una religiosa italiana, que hasta el día de hoy tiene más de sesenta casas en el mundo para “jóvenes” esclavizados por diferentes adicciones (droga, Internet, sexo, etc.) tres de ellos nos dieron su testimonio y nos comentaron cómo salen adelante, gracias a estos tres pilares: trabajo, fraternidad y oración.

Por la tarde, antes de la Santa Misa, presidida por nuestro Obispo auxiliar quien nos acompañó, tuvimos la liturgia penitencial, donde todos los jóvenes se pudieron confesar.

Ya de noche y bajo la lluvia, nos acercamos a la gruta para participar en el Rosario de las Antorchas. Luego de una gran eutrapelia, dimos gracias a Dios por ese intenso sábado.

El domingo, después de desayunar, visitamos el monasterio de contemplativas de Belén. Donde dos jóvenes religiosas de Pamplona nos dieron su testimonio.

Como el centro de toda pastoral vocacional es la oración, concluimos nuestra estadía en Lourdes, dando gracias a Dios en la Misa dominical en el santuario, pidiendo al Dueño de la mies que mande más obreros. Cf. Mt 9,37.

En Cristo y María,

Madre Meryem Ana,  SSVM-España

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