Papua Nueva Guinea
Por: Misioneros del Verbo Encarnado en Papúa Nueva Guinea

 

«El fin propio de esta actividad misional es la evangelización e implantación de la Iglesia en los pueblos y grupos en que todavía no hay arraigado.» (Ad Gentes 6)

Desde Papúa Nueva Guinea queremos compartir alegres nuevas, ¡ya hay una capilla más en la selva donde Jesús Sacramentado puede reinar como Rey de amor y de salvación! El viernes 19 de junio, en la fiesta del Sagrado Corazón, se bendijo la nueva capilla en Watape, a cuatro horas de camino de la parroquia Holy Trinity, en la costa oeste de Vánimo, Papua Nueva Guinea.

Watape es una aldea dividida en dos pequeñas comunidades con un total de 1000 habitantes. La capilla en honor al Sagrado Corazón se erige en la villa más grande. No hace mucho tiempo, a finales del 2019, visitamos esta aldea por primera vez. El obispo encomendó esta zona en la selva a los Padres del IVE, antes de ellos no había ningún sacerdote cuidando a esta gente, aunque habían ya dos aldeas católicas. Esta nueva parroquia erigida en la selva está bajo el patrocinio de San Agustín y la iglesia parroquial que lleva su nombre está en Maka, campamento base, que se encuentra a 3 horas en camioneta, serán unos 120 kilómetros desde Vánimo cuidad. Gracias a una generosa donación del Papa Francisco, a quien pudimos ver en Roma en el año pasado durante el IVE Meeting, se pudo comprar un vehículo 4×4 para ir a la selva frecuentemente y así cuidar mejor de estas almas. En este corto tiempo se han podido hacer misiones populares y otros trabajos de catequistas. ¡Yendo cada vez más al interior de la selva se hizo tan patente la sed de Dios de estas almas! En algunos casos habiendo escuchado el Evangelio o parte de él hacen largas caminatas para participar de alguna celebración litúrgica. Sin embargo, la mayoría de este pueblo sigue siendo pagano y en el caso de la aldea de Watpe, no han tenido un templo cristiano en este lugar. Todos alguna vez han escuchado sobre La Iglesia Católica, a la cual suelen llamar La Iglesia Madre.

Hace muchos años, los misioneros pasionistas establecieron una misión a 70 kilómetros de distancia de Watape y gracias a su trabajo, había dos familias católicas que emigraron a la aldea de Watape, y fueron ellos los que nos recibieron allí. Su fe simple y humilde, que no ha sido alimentado por los sacramentos por muchos años, nos ayudó a fundar la Iglesia Católica allí. El Padre Martín IVE, encomendó esta pequeña misión en Watape, ya desde el inicio, al Sagrado Corazón, para honrarlo y pedirle la gracia para convertir muchos corazones en templos donde Él pueda reinar. En este camino de evangelización se encontraron muchos obstáculos y se pensó que el trabajo no podía seguir adelante, que tendríamos que «sacudir el polvo de nuestros pies» (Mt 10,14) e irnos a otra aldea. Hasta que una noche, una de estas dos familias católicas invitó al Padre a su casa. El Padre les dejo su imagen del Sagrado Corazón a esta familia para que Él vaya preparando los corazones. Muy pronto, pudo realizar la primera misa en esta aldea y comenzar a celebrar misa una vez del mes en una estructura muy rudimentaria que hacía las veces de oratorio. Luego consiguió un catequista dispuesto para vivir allí y enseñar la fe en el medio de la gente. Poco a poco, creció la comunidad católica y construyó su capilla.

Ahora, la gente, que hasta hace muy poco fueron paganos, está empezando a aprender y vivir la verdadera fe de la Iglesia Católica. Están construyendo una casa para el catequista y hay un grupo de misioneros laicos de la parroquia de la costa que se van turnando para hacer el gran trabajo misionero juntos con catequistas de otras villas aledañas. Estas personas, los misioneros, son como las manos y pies del párroco que van donde él no puede llegar por cuestión de tiempo, generosamente dan su tiempo, dejando su familia por una semana para valientemente traer la Buenas Noticias a sus compatriotas que en la selva no saben ni la señal de la cruz. Todo está bajo el cuidado de la Providencia de Dios, los misioneros fueron aceptados con mucha generosidad y la gente que los reciben provee por todas sus necesidades durante la semana- los reciben en su casa, les alimentan y abren sus corazones y sus vidas al mensaje del evangelio.

En el día de la fiesta del Sagrado Corazón, llegamos a la entrada de la aldea las 11 de la mañana y nos dieron la bienvenida con una ceremonia típica de allí. En la ceremonia la gente cantó y tocó el Kundu, un tambor, mientras bailaba con su vestimenta tradicional que consiste en una falda de pastos y hojas vibrantes de color, collares de conchas y tocado de plumas. En las manos agitaron plumas y hojas de distintos colores. Así fue la procesión entre toda la gente de la villa hasta la iglesia. Toda la villa estaba adornada con palmas y flores en un modo muy natural y aún elegante. Llegamos a la capilla nueva para la bendición y la Santa Misa. La gente participó de la misa con mucha piedad y devoción, aunque las oraciones son nuevas para la mayoría de ellos. Fue muy impresionante ver cómo la gente traía distintos tipos de dones para el ofertorio. Algunos trajeron dinero, como en todos partes del mundo, pero otros algo más valioso a sus ojos que son las verduras, frutas y comida, el fruto de su tierra, trabajo y tiempo. Después de la Santa Misa, empezó la fiesta, ¡completa! con canciones, bailes, discursos y mucha comida para compartir. Los misioneros también trajimos algunos regalitos- estampas de la Virgen y de los santos con algunos caramelos- que alegraron a los niños y a todas las familias presentes. Después de un tiempo festivo, las hermanas nos despedimos de todos y volvimos a la estación misional, en Maka, para dejar un niño enfermo en la clínica que allí se encuentra.  En esta parada, nos dimos cuenta que algo del vehículo estaba roto y el chofer nos dijo que así no podíamos continuar camino así es que nos quedamos esperando hasta solucionar el problema. Decidimos caminar rezando el rosario y se nos unieron dos niñas del pueblito hasta que llegó otro auto y pudimos completar el viaje a Vánimo llegando a casa cerca de medianoche.

Damos gracias a Dios por un día lleno de tanta alegría y gracias, especialmente la gracia de tener una capilla más y poder acompañar en la bendición de la misma el día de su fiesta, fiesta del Sagrado Corazón. ¡Que Él siga modelando nuestros corazones y reine en ellos para siempre!

¡Viva El Sagrado Corazón y Viva la Misión!

En Jesús y María,
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