Lituania_10_Aniversario_Servidoras (3)

¡De fiesta en fiesta, hacia la gran Fiesta!” Estas palabras las hemos aprendido en nuestra querida familia del Verbo Encarnado ya desde los inicios, y eso es lo que queremos vivir. Vivir con espíritu de fiesta aspirando por fin llegar a la Gran Fiesta, el Cielo. Pero eso también implica ya ahora festejar…

Queremos compartirles una crónica de los preparativos y festejos por el décimo aniversario de fundación de las Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará, en Lituania, ‘tierra de María’, como la nombró San Juan Pablo Magno, y tierra de las Cruces. 

Inicios de la misión

¿Cómo comenzó esta misión? El 23 de agosto del 2008, al atardecer, llegaron a Lituania tres hermanas para fundar la nueva comunidad religiosa, las hermanas María Dovire (ucraniana), María Intemerata y María Czestocowa (brasileras). Fueron destinadas para colaborar en el trabajo parroquial con los padres del Verbo Encarnado, que ya estaban en Lituania desde el 2004. Los padres atienden la parroquia “Nuestra Señora del Carmen” en el pueblo de Pumpėnai. Este es un pequeño pueblo, de cerca de 800 habitantes, al nord-este de Lituania. En el siglo XVII los padres carmelitas construyeron ahí una iglesia y el convento. Actualmente ese convento es la casa parroquial donde viven los padres del IVE.

Las hermanas, cuando llegaron, vivieron un tiempo en Pumpėnai, y después se trasladaron a una ciudad cercana, Panevėžys, donde actualmente vivimos. Estas tres hermanas llegaron a la nueva misión, embarcándose en la ‘aventura misionera’: para ellas era todo nuevo, la cultura, el clima, el idioma, las comidas… Y paso a paso comenzaron a hacer apostolado: oratorio, catecismo, grupos juveniles, trabajo con familias, visita de enfermos, grupos de oración, retiros, etc. Mirando hacia atrás, uno se da cuenta que los años pasaron volando. ¡Qué cantidad de niños se prepararon para recibir los sacramentos, cuántos enfermos recibieron el viático; tantos momentos de alegría compartidos en oratorio festivo, con los jóvenes en los campamentos; los momentos compartidos con las familias en los peregrinajes, y miles y miles de gracias visibles! ¡y cuántas más que sólo Dios conoce! Diez años de trabajo, realizado con sacrificio y abnegación, por la salvación de las almas. Por eso, ¡hay que festejar!

Regalo para el Esposo

Si hay motivo para festejar, es porque antes, y más importe, hay un motivo para agradecer. Queríamos dar gracias al Señor, de quien depende la misión, queríamos agradecerle el don de habernos hecho partícipes de su obra redentora.

Por eso, luego de pensar cómo podíamos concretar nuestro agradecimiento a Dios, pensamos en coronar a Cristo, en su imagen del sagrado Corazón, como Rey que es, y justamente encomendándole nuestra misión de extender su reinado. En la solemnidad del Sagrado Corazón pudimos concretarlo y lo coronamos, dándole gracias, confiándole una vez más todo nuestro trabajo, y pidiéndole suscite más misioneras para estas tierras, misioneras que ardan en amor, para quemarse y consumirse como las llamas que vemos en su bellísimo corazón, para mayor gloria Suya y salvación de las almas.

La Gran fiesta

El 29 de setiembre, día de San Miguel Arcángel, que providencialmente es el copatrono de la parroquia, tuvimos la santa Misa de acción de gracias y el festejo por el 10° aniversario. Para la fiesta invitamos a todos nuestros amigos, bienhechores, y parroquianos que durante estos diez años nos han acompañado y ayudado.

La Santa Misa fue presidida por el obispo de nuestra diócesis, Mons. Linas Vodopjanovas, y concelebraron el obispo emérito, Mons. Jonas Kauneckas (obispo que recibió a las hermanas en Lituania), el padre Albinas Pipiras (94 años y 69 de sacerdocio), confesor de la fe, y querido amigo nuestro, y también los padres Domingo Avellaneda y Marcos Coduti, de nuestra Familia religiosa. Al finalizar la Santa Misa todos rezamos la oración a San Miguel Arcángel pidiendo que nos defienda en la batalla contra el Enemigo, y pidiendo que siga siendo nuestro guardián en todos nuestros pasos.

Contamos con la presencia de la Madre Corredentora, Superiora General, de la Madre Virgen Blanca, Superiora Provincial, la Madre Ostrabrama (misionera en Irlanda), la Hna. Maria Czestocowa (misionera en Luxemburgo) -ambas fueron misioneras aquí-, y también la hna. Mirakel.

Las hermanas que nos visitaron llegaron unos días antes para ayudarnos con los preparativos para la fiesta. Su visita fue para nosotras una gracia muy grande, no sólo por la ayuda que nos dieron, sino principalmente por el espíritu de fiesta y de familia que vivimos; eso aumentó nuestra alegría.

Después de la Santa Misa, no faltó el correspondiente festejo. Adornamos el salón de la fiesta, y preparamos la comida. La fiesta transcurrió en un gran clima de alegría, en medio del espíritu de familia que reinaba; era un verdadero anticipo del cielo.

Varios invitados estaban conmovidos viendo tantas religiosas jóvenes y alegres, sorprendidos de escucharnos cantar en el tradicional fogón, viéndonos felices festejando, ¡festejando la Misión!

Al final de los festejos, el P. Albinas, entonó una típica canción lituana ‘šimtą metų’ deseando a las Servidoras que cumplamos muchos años más en la misión.

También, para sorpresa y alegría nuestra, recibimos una carta de saludo del P. Gustavo Nieto, Superior General del IVE, felicitándonos por el aniversario de fundación, y en ella nos recuerda lo que dicen nuestras Constituciones: “Aspiramos a formar para la Iglesia Católica religiosas según el Corazón de Cristo: que abreven su espíritu en la Palabra de Dios, serviciales con el prójimo, solidarias con todo necesitado… de ubérrima fecundidad apostólica y vocacional, con ímpetu misionero… que vivan en cristalina y contagiosa alegría, en imperturbable paz aun en los más arduos combates, en absoluta e irrestricta comunión eclesial, incansablemente evangelizadoras y catequistas, amantes de la Cruzˮ.

Nuestra Cruz

Ya que Lituania tiene el honor de llamarse ‘Tierra de las cruces’, por los múltiples sufrimientos que padeció este pueblo en distintas épocas de la historia, y porque posee la famosa ‘Colina de las cruces’, pudimos peregrinar, junto con las Madres que nos visitaban, a esta colina, considerada el corazón de Lituania.

Nosotras también queríamos colocar nuestra cruz, expresión de los trabajos llevados adelante en estos diez años; pero también pidiendo a Dios por la misión, por los misioneros, y pidiendo vocaciones lituanas para nuestra Familia religiosa.

Sin embargo, nuestra cruz es tan solo una gota en el mar de las miles de cruces que hay en la Colina. Cruces que testimonian incesantes súplicas, oraciones, agradecimientos. Nos unimos a estas súplicas, pidiendo que sea la Cruz de Cristo que nos indique rectos caminos en la Misión, sea nuestro refugio, fuente de fuerzas y símbolo de la victoria.

Recordamos en nuestras Constituciones “Por tanto debemos amar la cruz viva de los trabajos, humillaciones, afrentas, tormentos, dolores, persecuciones, incomprensiones, contrariedades, oprobios, menosprecios, vituperios, calumnias, muerte… y poder decir con San Pablo: “Muero cada día” (1 Cor15, 31), para clavar en el corazón al que por nosotros fue clavado en la cruz”.

Pedimos a Jesucristo la gracia de no ser esquivas de la aventura misionera y poder fielmente cumplir su voluntad, siendo instrumentos en sus manos divinas.

¡Que la Virgen sea nuestro ejemplo!

hna. Ausros Vartai  – Servidoras Lituania

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