En acción de gracias a nuestro Esposo, a nuestra Madre Santísima, y a nuestro Guardián Justo.

 18 de marzo de 2017, Mérida, Yucatán, México

Hoy tuvimos la oportunidad de ser testigos de los votos perpetuos de la hermana María Blanca Azucena.  Pronunció las palabras de la fórmula de consagración con todo su ser, después de escuchar el pasaje en el Santo Evangelio donde Nuestro Señor nos exhorta a seguirlo a Él, cargando nuestra cruz, seguido de una hermosa homilía del Arzobispo, quien reiteró esta profunda enseñanza.

En la dulcísima Providencia de Dios, hace un poco más de dos meses, nuestra comunidad recibió la oportunidad de llevar una cruz visible y hermosa, inesperadamente, cuando tuvimos que acompañar a nuestra superiora, María Mater Mundi Salvatoris, en los últimos días de su vida.  Hoy nuestra hermana aceptó esta misma muerte, pero de una manera escondida, porque aunque profesó sus votos públicamente, la muerte que Jesús pide de ella es, sin embargo, una muerte espiritual, del corazón, que no se ve a los ojos de este mundo.

Mientras recitaba las palabras que expresan el vínculo de amor con Jesús, la Hermana Azucena era muy consciente de lo que estaba haciendo, pronunciaba las palabras despacio y deliberadamente. Sabía que ese “por siempre” implica sacrificio, sufrimiento, a veces dolor y tristeza; cruz que de hecho ya ha comenzado a experimentar desde los primeros años, siguiendo a Jesús en la vida religiosa. Pero ahora, tomándola con resolución y comprometiéndose para ser perpetuamente, por la gracia de Dios, un signo escatológico, una luz de esperanza para todos los cristianos.

El versículo mencionado de la Carta a los Filipenses (para mí la vida es Cristo y el morir, una ganancia) expresa una realidad tangible para nuestra comunidad. La Madre Mundi, esperamos confiadamente que ya ganó el premio, la vida. Hoy la hermana María Blanca Azucena se murió definitivamente al mundo: para ella, la vida es Cristo. Con los ojos de la fe, sabemos que hay solo un fino velo entre el estado de la profesante y el estado del alma de nuestra querida superiora.

Esta fiesta fue la primera de nuestra pequeña Familia Religiosa aquí, en la misión en México. Damos gracias a los padres del IVE que atienden la parroquia San Felipe de Jesús, quienes abrieron sus puertas para que sea una celebración de toda la Familia. Hubo miembros del IVE, SSVM y de la Tercera Orden. La gente se acercaba admirada hacia la Virgen de Luján, preguntándonos si ésta imagen era la de la Virgen de Matará, por lo cual varias veces tuvimos que explicar: “- No, ésta es la Virgen de Luján, la patrona de Argentina, donde nacimos. La Virgen de Matará está aquí, grabada en nuestra cruz, que es un signo de nuestro carisma… etc.” Fue ocasión de un lindo apostolado. En la fiesta, introdujimos la tradición del fogón, cantamos “Matará”, exclamamos con entusiasmo “¡Viva la Virgen!” después de la bendición de la comida, y concluimos la fiesta con un canto en honor a nuestra Madre del Cielo.

Por medio de esta celebración, en la que nuestra hermana María Blanca Azucena hizo visible su entrega a Dios, Dios nos ha concedido la gracia de ver algunos de los frutos de nuestros esfuerzos, por humildes que sean, aquí en la misión en Yucatán.

Damos gracias a Dios por el bautismo, por nuestras vocaciones y por nuestras fundaciones invisibles en el cielo.

SSVM Comunidad Nuestra Señora de Izamal

Deja un comentario