amigos_irak_ive_3El informe “Los niños en la guerra” del comité internacional de la Cruz Roja, de noviembre 2009 dice:

Los conflictos aumentan la vulnerabilidad de quienes ya de por sí son vulnerables, principalmente los niños. Un niño necesita los cuidados y la protección de su familia y de su comunidad. Las secuelas de la guerra en los más jóvenes pueden ser devastadoras.

Sin embargo, no debemos subestimar la fortaleza de los niños. Unos cuidados bien dirigidos les pueden ayudar a recuperarse, a que dejen de ser víctimas de la guerra y a que tomen las riendas de su vida.

Y más adelante, hablando de la salud mental de los niños que han sufrido la guerra, agrega:

Se trata de crear las condiciones más favorables para que las víctimas se recuperen por sí mismas. Generalmente, basta con restaurar una cierta normalidad: prestando atención y cuidados, satisfaciendo las necesidades básicas, restableciendo la rutina y las estructuras habituales, ofreciendo actividades de ocio (representaciones de teatro, simulaciones, juegos, deportes, dibujos…).

Esto hace que actividades normales, que son positivas y saludables en todos lados, cobren una vital importancia en lugares como el que nosotros nos encontramos.

Fue así por ejemplo, que la iglesia latina de Bagdad consiguió ayuda para construir un centro polideportivo para los jóvenes y niños. Pero de esta iniciativa hablaremos en otra ocasión.

Quisiera ahora dedicar una líneas para contar el apostolado de un joven voluntario italiano que viene todos los años a darnos una mano.

Se trata de un mago-payaso, Marco Rodari, que pertenece a la asociación “I colori del sorriso” compuesta por un centenar de jóvenes que los fines de semana van a los hospitales a realizar “payaso-terapia” de modo gratuito, con el fin de provocar una sonrisa en los que sufren.

Marco dedica sus vacaciones (tanto de invierno como de verano) a proporcionar alegría a niños, jóvenes y ancianos, en diversas misiones del IVE en Medio Oriente, entre las cuales se destacan Egipto, Gaza e Irak. También busca ayuda material para estas misiones durante el año, con espectáculos en Italia.

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Este año vino por dos semanas en agosto y los principales beneficiarios de sus actuaciones fueron el hogar para ancianos “Divina Providencia” donde realizó un show para todos y donde visitó en sus habitaciones a los ancianos que están postrados, la casa para niños discapacitados de las hermanas de la Madre Teresa a quienes visitó diariamente, y a los niños y jóvenes de nuestra iglesia catedral.

Día por medio se reunían varios de nuestros niños para tener clases con él de magia y al final hicieron un espectáculo para los demás niños de la iglesia y para los niños discapacitados de las hermanas de la Madre Teresa.

Es decir que no solo fue apóstol de la alegría sino que ayudó a nuestros niños a hacer lo mismo. Era emocionante ver la cara de esos chicos cuando entendían el bien que podían hacer buscando una sonrisa en el rostro de los dolientes.

Como enseña egregiamente el P. Carlo Gnocchi, la lucha contra el dolor es un complemento de la generación humana y de la redención cristiana.

De lo primero llega a decir:

Se diría que la lucha y la victoria contra el dolor es una segunda generación, no menos grande y dolorosa que la primera, y que quien consigue devolver a un niño la salud, la integridad y la serenidad de la vida, no es menos padre que aquel que lo ha llamado a la misma vida por vez primera.

Y el que cuida a los que sufren participa también en la obra de la redención de Cristo porque “pone en acto sus beneficios y extiende la liberación también a la zona de la materia y tiende a restaurar la armonía, el orden y el bienestar también físico del cual el hombre gozaba antes de la caída original y al cual ahora tiende con toda las fuerzas de su ser.”

Por esto mismo:

El cuidado de los enfermos, las artes de la medicina, la caridad hacia los sufrientes y la lucha contra todas las causas del sufrimiento humano, son una verdadera y continua redención material, que forman parte de la redención “total” de Cristo y de ella sacan todo el empeño y la dignidad.

He aquí porqué el Salvador, si bien enviado para una misión estrechamente sobrenatural, quiso fijar de este modo las notas inconfundibles de su mesianidad: “los ciegos ven, los tullidos caminan, los sordos oyen, los leprosos quedan limpios, los muertos resucitan y los pobres reciben la buena nueva” (Mt 11,5), y quiso recorrer incansablemente todos los caminos de Palestina para buscar y recoger toda clase de enfermos y sufrientes para aplicarles aquella “fuerza que emanaba de Él y curaba a todos” (Lc 6,19).

¡Por todo esto agradecemos a Marco y a todos los que por su medio nos ayudan!

¡Dios los bendiga!

p. Luis Montes, IVE

Bagdad, Irak

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