A poco de celebrar el trigésimo Aniversario de nuestro tan amado Instituto y a poco más de un mes de mi llegada a tierras de Misión –en concreto, a Taiwán-, por consejo del Padre Provincial, escribo la clásica “crónica de primeras impresiones”.

La llegada a la Misión tuvo sus proemios, llenos –por cierto- de insignes gracias. Luego de dar una mano en la Misión de Lituania, tramitar en el Vaticano la visa taiwanesa, celebrar la Navidad en Segni con Mons. Erba, peregrinar muy felizmente con mi toda familia por Tierra Santa –celebrando en Nazareth, en el Santo Sepulcro, en la cueva de Belén y otros Santos Lugares y llegando incluso hasta el Desierto del Neguev y el Reino de Jordania-… Luego de concelebrar y hablar con el Papa, hacer una escala de 14 horas en Rusia (¡con 11º bajo cero!) y otra en Hong Kong, finalmente llegó el tan ansiado día: el día de la llegada a mi tierra de Misión, es decir, a Taiwán, una isla remota donde se habla el taiwanés, el chino mandarín ¡y muy poco inglés!

A menos de 48 horas del aterrizaje, elegí mi nombre en chino (que algún día aprenderé a pronunciar) y fuimos -sin cita- a ver al Obispo, quien -contento de ver un licenciado en Roma-, me nombró Vicario Parroquial… Vicario Parroquial en Taiwán y ¡todavía no me había deshecho el bolso y ni siquiera sabía ni una palabra de chino! El Párroco es el Padre Long. La Parroquia está dedicada a Cristo Rey –bajo Cuyos pies queremos llevar todas las almas de esta isla- y abarca una zona tan grande que antes estaba dividida en tres parroquias y una capilla dedicada a la Anunciación, cuyos territorios están habitados por una población mayoritariamente pagana (¡pagana practicante!), población que ya amo con toda el alma.

En estas tierras, se experimentan cosas particulares, como la imborrable sensación de ver doquiera los fascinantes caracteres chinos –sin entender nada, por supuesto- o el hecho de caminar por la calle y que todos te miren como un bicho raro. Y claro… ¡Son todos chinos! hay muy pocos blancos… ¡y mucho menos de sotana! La mayoría no tiene idea qué cosa es una sotana y qué cosa hago yo acá… No saben si soy un marciano o un traficante de electrodomésticos. El otro día, mientras rezaba el Santo Rosario por la calle (¡ir con sotana ya es apostolado!), los estudiantes de un colegio se soprendían y reían cuando yo los saludaba diciendo “nijau” con tonada porteña. Yo me mataba de risa… pero sabía que aun así contribuyo a poner los cimientos de la futura Cristiandad en la isla.

La milenaria cultura china es la cultura más distinta a la nuestra, lo cual torna aun más apasionante la tarea evangelizadora, a la vez que vuelve más radical el desafío misional, de por sí tan ligado a la mística de la fórmula de nuestra profesión religiosa, en la que nos obligamos a “no ser esquivos a la aventura misionera”.

En medio de la célebre amabilidad china, las continuas reverencias, la dificultad del empleo de los palillos, el té sin azucar, la impresionante practicidad china (no mía), la marea de los tan inextricables mandarines sonidos,  el ínfimo número de cristianos, la estupenda comunidad religiosa que me tocó, es imposible no rebosar de entusiasmo.

En las fotos se ven algunos de los ídolos a los que se les rinde culto en el inmenso templo que está a 100m de nuestra Parroquia (Dayuan, Taoyuan , Taiwán)
En las fotos se ven algunos de los ídolos a los que se les rinde culto en el inmenso templo que está a 100m de nuestra Parroquia (Dayuan, Taoyuan , Taiwán)

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Además del estudio de idiomas, pude predicar un Ejercicio ignaciano a cinco Servidoras que valientemente misionan hace mucho tiempo en estas tierras y participar, esta vez como ejercitante, del Ejercicio de Sacerdotes, la semana pasada en la católica isla de Filipinas.

Termino estas líneas mencionando otra alegría misional: un chino (llamado Du) que conocimos en un templo pagano mientras él daba culto a los ídolos, aceptó venir a rezar a la Parroquia, hizo todas las genuflexiones que le dijimos, rezó de rodillas preguntó donde dejar la limosna y al despedirse nos invitó a que lo visitemos y, con incipiente inglés, nos dijo: “I’m happy”.

El tiempo urge y no puedo, por eso, contar nada del enorme apostolado que hacen los Padres en estas lejanas tierras. Pero, digo dos cosas. El Padre Provincial diariamente sale a evangelizar a la calle y a repartir el pan material a las más pobres familias de los aborígenes locales de su Parroquia, que más que muchas tiene derecho a ser calificada con el glorioso apelativo papal de “periférica”, al mismo tiempo que atrae, todos los días, un nutrido grupo de adoradores del Santísimo Sacramento que participan, además, de la Santa Misa diaria.

No les cuento nada de un chino que, mientras lo saludaba, al lado mío, quemaba plata a los espíritus, en plena vía pública. Ni tampoco del gran apostolado que hoy hará el Padre James, predicando en Filipinas un retiro a 600 jóvenes… ni del cultural apostolado que el P. Federico (¡el otro!), el P. José y las SSVM harán con la Escuela de apoyo, que hoy (10/3/14) será fundada en su parroquia de Taiwán.

Tras la estela de los titanes que vinieron a evangelizar la China –como el Apóstol Tomás y Fray Juan de Montecorvino-, nos encomendamos a las plegarias y sacrificios de nuestra Familia Religiosa, tan alabada por el Papa en los últimos meses.

Dios nos dé la gracia de ser siempre fieles al santo carisma recibido por nuestro querido Fundador, cuyas enseñanzas llevamos en el alma, y cuyos ejemplos guardo en el corazón, luego de haber tenido la gracia de vivir con él más de un año en la Ciudad Eterna.

¡Viva la Misión Ad Gentes!

P. Federico, IVE

Cuaresma 2014

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