“Quien canta, reza dos veces”
San Agustín

El domingo 4 de febrero, en el Monasterio de nuestras hermanas contemplativas en Tuscania (Italia), tuvo lugar el primer curso para organistas de las Servidoras, del cual participaron 46 hermanas de nuestra provincia entre aspirantes, novicias, estudiantes y hermanas apostólicas.

El fin principal del curso era unificar los criterios para el canto de la Liturgia de las Horas, especialmente de los salmos y los cánticos evangélicos.

La jornada inició con la Santa Misa junto a las hermanas contemplativas. Después del desayuno comenzó el curso con una breve introducción de la Madre Jesús Doliente, superiora provincial, quien nos explicó por qué era conveniente un curso para organistas, tomando de nuestro Directorio de Liturgia[1]. La vida religiosa -nos recordó la Madre-, tiene su fundamento en la relación con el Esposo Jesucristo, la cual encuentra su culmen en la participación en la Santa Misa. El rezo de la Liturgia de las Horas, pues, es una preparación y una extensión de la Santa Misa. Por eso, como parte del estilo propio de nuestro Instituto, no basta una digna participación en la Santa Misa, sino que también es necesario una digna participación en la Liturgia de las Horas. Por lo tanto, cantar Laudes y Vísperas -y cantarlas bien- es muy importante. Es también fundamental para la unidad de la comunidad: “mediante la unión de las voces se llega a una más plena unión de corazones”[2].

Luego de la introducción de la Madre, empezamos propiamente con las clases. En la mañana las clases estuvieron a cargo de la hermana Kidane, dándonos una introducción al canto gregoriano, dado que las melodías propias para los salmos y los cánticos evangélicos de las Liturgia de las Horas son melodías gregorianas, transmitidas a nosotros por una larga tradición de la Iglesia Romana. La hermana nos contó cómo nació el gregoriano en la vida de la Iglesia, cómo se cantaba y cómo era la primitiva notación musical y continuó con lo que les interesa a las organistas: cómo leer las partituras y cómo tocar y cantar con el estilo gregoriano, pues las melodías gregorianas no son composiciones artísticas sino que nacen al servicio de las palabras para llevar el alma a la oración; no hay ni tiempos ni compases como en la música moderna, sino que se les cantan de modo “hablado”, con pausas breves donde sean necesarias para respirar, como cuando uno habla. El acompañamiento debe ser muy simple, sin agregar muchos adornos, porque el órgano sirve para sostener el canto; hay que escuchar las voces más que el órgano. Aparte de estas explicaciones prácticas, subrayó vivamente la importancia de preparar la liturgia, de tomar el tiempo para practicar y de no improvisar, por el bien de la comunidad: el papel de la organista es clave en la oración de la comunidad y por lo tanto es un oficio que hay que tomar en serio, dedicándole todo el tiempo necesario. Nos animó a no tener miedo del tetragrama (la notación en cuatro renglones, a diferencia de la notación moderna en pentagrama, es decir, en cinco renglones); el gregoriano es fácil de leer porque no hay grandes saltos.

Después de haber explicado claramente, con muchos ejemplos, cómo leer las notas, las participantes al curso se dividieron en grupos para completar unos ejercicios.

Luego del almuerzo, hubo tiempo libre para practicar el órgano, poniendo en práctica lo aprendido por la mañana.

A la tarde el curso continuó con la explicación de los ocho tonos, es decir, de las melodías universales para los salmos de la Liturgia de las Horas. Vimos muchos ejemplos junto con textos de distintos salmos, poniendo atención especialmente en los acentos: es necesario colocar el acento de la frase donde cae el acento musical. Este paso implica un trabajo de parte de la organista, pero es necesario para hacer entender el significado de las palabras que se cantan.

Explicamos también cómo cantar las melodías solemnes, que son las que se usan para los cánticos evangélicos, basadas en las mismas melodías de los ocho tonos, pero “adornadas” o “embellecidas” con más notas para resaltar la importancia del texto: se trata de palabras del Evangelio.

Por último, a modo de apéndice del curso, dejamos el mundo del canto gregoriano para hacer un poco de teoría musical, en particular para explicar el círculo de quintos, un instrumento para ayudar a las organistas a entender cuáles acordes usar para acompañar un canto, según la tonalidad en la cual está escrito.

Las hermanas que participaron en el curso quedaron entusiasmadas para aprender más. Esperemos que este sea el primero de una seria de cursos para organistas.

Hna. Czarna Madonna

[1] Cf. Directorio de Liturgia, nn. 75-86.

[2] Musicam sacram, 5; cf. Directorio de Liturgia, n. 81.

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