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Por: M. Virgen del Prado, SSVM

 

Queridos todos:

Quiero a través de esta crónica, como acción de gracia por todos los beneficios que hemos recibido, contarles un apostolado que hemos realizado como familia religiosa y que ha sido de gran alegría para todos.

Hace ya un año de la fundación de la misión de las Servidoras en nuestra querida isla de Tinos, Grecia; y dos años de la fundación de los padres del IVE. Fue un tiempo de muchas bendiciones y gracias, la gente nos ha recibido muy bien; y a pesar de que al comienzo no sabíamos el idioma, igualmente nos quieren ver en todas partes y compartir con nosotros todas sus costumbres. Algunas personas expresaban su alegría diciendo que éramos la esperanza para la Isla (ya que hace 350 años de la llegada de las ursulinas y los Jesuitas a la Isla, y después de esto no hubo ninguna otra congregación religiosa más que nosotros).

El pasado 21 de diciembre de 2019, Dios en su Providencia nos ha permitido realizar el primer pesebre viviente, realizado por nuestros niños del Oratorio. Este era un proyecto que ya teníamos desde el año pasado.

El día que le comunicamos al Obispo que queríamos realizar esta obra, muy contento expresó su alegría diciendo: “Si logran hacer esto, realizaran el sueño de mi vida”. También decía muy entusiasmado, se puede conseguir un burrito, las ovejitas, etc. Hacerlo como realmente fue en Belén.

Los preparativos

Lo primero que había que hacer era la traducción del texto del pesebre al griego. Para esto elegimos el guión del pesebre realizado en nuestros Hogarcitos de argentina en 2004, titulado “El pesebre de Francisco”, escrito por la Hna Maria de las Virtudes. Luego de tener listo el texto, llegó el momento de las grabaciones de las voces de los niños, quienes lo hicieron con una concentración y seriedad inesperada. Las hermanas comenzamos a preparar los disfraces, la escenografía, etc.

Los niños estudiando sus partes para la grabación
Los niños estudiando sus partes para la grabación

Para los ensayos, dedicamos los días de oratorio, sábados y domingos. Mientras se jugaba con los demás niños, se ensayaba por escenas.

La gente poco a poco se ofrecía para ayudarnos. Algunas señoras y mamás, con los disfraces y accesorios, otros con los fardos y animalitos para el pesebre, etc. También para este período había venido a ayudarnos del estudiantado la hermana Ahntsia, quien muy generosamente puso sus dones al servicio de la misión.

Rezamos una novena al Sagrado Corazón para pedir por los frutos espirituales de este Pesebre, poniéndolo todo en sus manos, y ofreciéndolo en reparación.

Ya más cerca de la fecha, las hermanas junto con los padres, trabajamos muchísimo para preparar la escenografía y el vestuario que faltaba. Realmente era un gran testimonio de caridad y espíritu de familia, como decía el B. José Alamano: “haciendo todos lo que tenemos que hacer ayudándonos mutuamente como en la familia”.

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Después de todo mucho trabajo, llegó el gran día, los niños estaban muy bien preparados con sus atuendos, la escenografía estaba lista, ya todo el mundo sabía qué tenía que hacer. Los actores eran un total de 20 niños.

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Providencialmente, el pesebre viviente tuvo lugar en una Iglesia dedicada a San Francisco de Asís. Ese día la iglesia estaba llena, había mucha gente de pie. El párroco del centro de Tinos llevó a todos sus niños de la catequesis. Realmente, superó nuestras expectativas.

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El Obispo expresó en un escrito que hizo para su página web: “el templo de San Francisco se transformó en un paraíso celestial”.

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Los niños actuaron tan bien que hicieron emocionar a los espectadores; decía también el Obispo: “A causa de la historia viva, que si bien comenzó como un sueño de un niño que se quedaba dormido, al final resultó ser una historia real, con todo el contenido de los libros sagrados”.

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Todas las personas estaban muy agradecidas e incluso los sacerdotes y hasta el mismo obispo que estaba presente, admirados de la simplicidad de enseñar a través del teatro una verdad tan noble como es la Encarnación del Verbo.

Esto nos hizo pensar, cómo tan poco, pero hecho con mucho sacrificio y espíritu de Fe puede terminar siendo una gran Obra.

Dios en su misericordia nos ha permitido ver algunos de los frutos, a través de este pesebre nos hizo a todos testigos del nacimiento de Cristo. Muchos padres elevaban sus oraciones con emoción y afecto a ese pobre y humilde niño que nació en Belén. Uno de los padres comentó al terminar: “Nos introdujeron en el Misterio de la Navidad junto con nuestros hijos de una manera tan real, que fue realmente un pesebre viviente”.

Para terminar, creo que estas palabras del Obispo resumen todo:

“Nos sorprendieron, nos conmovieron, nos enseñaron”

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Le damos infinitas gracias al Sagrado Corazón de Jesús, a quien le debemos esta gran obra.

Viva la misión, Viva el Verbo encarnado.

M. Virgen del Prado, Misionera en la Isla de Tinos, Grecia