Ya acabó el mes de octubre y, con él, las celebraciones correspondientes al Señor de los Milagros. El comprobar que por las calles de Lima y Arequipa cada vez hay menos devotos vistiendo el tradicional hábito morado, el ver que casi todos son personas mayores y constatar que muchos jóvenes no aprecian nuestras tradiciones, fueron los motivos que me llevaron a escribir esta pequeña reflexión.

Señor de los Milagros

a Ti venimos en procesión

tus fieles devotos

a implorar Tu bendición.

 

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Para alegría de muchos y fastidio de algunos, nuestro Perú tiene raíces católicas. Tuvimos la gracia de tener como Madre Patria a la España católica y – fuera de leyendas negras – ser felizmente evangelizados por ella. Por esta razón y porque Dios en su infinita providencia lo quiso, somos un pueblo tradicionalmente católico desde sus inicios.

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El celebrar cada mes de octubre al Señor de los Milagros no debería ser, para un peruano católico que se precie de serlo, una tradición más. . No se trata de una “devocioncilla” de unos cuantos miles, ni tiene que ver con que uno puede encontrar gran variedad de turrones de Doña Pepa, tampoco se trata de que nos acostumbremos a ver pasar (cada vez menos) personas con hábitos morados, o que nos molestemos porque durante ese mes el tránsito es cortado en varias partes del Perú debido a las procesiones locales.

Paso a Nuestro Amo y Señor

andas, lienzo y candelabros.

Paso a Nuestro Salvador

el Señor de los Milagros.

(Nicomedes Santa Cruz)

 

El hecho de sacar en andas una imagen de Nuestro Señor Jesucristo desde hace 326 años, es recordar esas raíces católicas. Incluso, si queremos profundizar en el verdadero y original sentido de esta procesión, es pedir clemencia a Dios por nuestros pecados y agradecerle su misericordia. Y es que esa fue la razón por la cual los limeños decidieron sacar procesionalmente en 1687 al Cristo de Pachacamilla, luego del fatídico terremoto que asoló Lima aquel año; y lo que llevó a que, en 1715 el cabildo de Lima lo declarase “Patrón Jurado” de la ciudad. Título que ratificó la municipalidad en 1937, en la solemnidad de Cristo Rey Universal .

Faro que guíe, da a nuestras almas

la fe, esperanza y caridad;

tu amor divino nos ilumine

nos haga dignos de tu bondad

 

Escribo esto como peruano que ama al Perú y como cristiano que trata de amar a Cristo. La peruanidad no puede ser separada de la fe católica, sería quitarle el alma. No podemos dejar en el olvido la historia de los santos que vivieron en nuestro país durante los primeros años del virreinato. ¡Tenemos a la primera santa del Nuevo Mundo y patrona de América, Santa Rosa de Lima! Nos toca luchar contra toda amenaza de descristianización. Recordemos cómo, en mayo de este año, los trabajadores de Concytec defendieron su fe cuando intentaron hacer que retiren de sus oficinas toda clase de imágenes religiosas .

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El Perú no es solamente Macchu Picchu, las ciudades coloniales y su hermosa arquitectura, las maravillas naturales, sus personalidades, intelectuales, escritores, deportistas o poetas, no es sólo el Señor de Sipán, Mistura y la “Marca Perú”, es mucho más. El Perú es el espíritu que lo formó, ya que la riqueza de una cultura es dictada por la realidad que hay detrás de sus manifestaciones, es decir, aquello que impulsó al hombre al comenzar su obra y lo dirige hacia el fin . Pensemos en todo lo que el ser humano logró en la cristiandad, cuando su fundamento y fin era Dios, y todos los órdenes sociales estaban imbuidos de los principios evangélicos.

Con paso firme de buen cristiano

hagamos grande nuestro Perú;

y unidos todos como una fuerza

te suplicamos nos des tu luz.

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El realizar cada año las procesiones del Señor de los Milagros es pedirle que su pueblo no olvide quién es Él, quién es este, su pueblo; y quien es su verdadero gobernante. Es pedirle que no permita que lo quitemos de nuestra vida, de nuestras tradiciones ni de nuestra cultura. Así como por su divina voluntad no permitió que en el pasado se borrara su imagen de aquella pared de adobes, debemos pedirle que no permita que su figura sea borrada de nuestro presente. Por ello, tenía mucha razón el Cardenal Juan Luis Cipriani cuando dijo que “el Perú es el Señor de los Milagros”

Fuente: http://www.iveperu.org

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