Querida familia religiosa, quisiera contarle acerca de la peregrinación realizada de los padres de Kazajstán y Tayikistán en Tierra Santa en el mes de Septiembre.

Después de habernos juntado todos en Shimkent salimos para Moscú y de allí a Tel Aviv en Palestina.  La primera etapa fue Séforis cerca de Nazaret, al santuario de la santa casa de San Joaquin y Santa Ana a cargo nuestros monjes. Allí, en ese lugar de paz y donde vivió su niñez la Santisima Virgen, los padres de la delegación hicieron los EE ignacianos predicados por los monjes P. Jason y P. Nestor que nos acogieron con caridad equisita.

Después de los EE visitamos la basílica de la Anunciación en Nazaret, donde celebramos la Santa Misa en el altar más cercano a la cueva de la Anunciación.

Una gracia immensa poder estar en el lugar donde el Verbo se hizo carne. Allí rezamos especialmente por nuestro querido Instituto y por ser fieles a nuestro carisma. En Nazaret visitamos también la fuente de la Virgen y la casa de San José.

Desde de Nazaret fuimos hacia el norte en Galilea, de camino subimos al monte Tabor y después recorrimos los lugares alrededor del lago de Genezaret: el lugar de la multiplicación de los panes (Tabgah), la playa donde Nuestro Señor apareció a los apóstoles después de su resurreción, la sinagoga y la casa de San Pedro en Cafarnaú.

Bajamos luego hacia el Jordán al sitio del bautismo del Señor donde se está construyendo el monasterio de Magdah. Desde allí, pasando por Jericó, paramos en un mirador donde se puede ver el monte de las tentaciones de Cristo, en el desierto de Judas, y allí cerca el sitio arquelógico de Qumrán. Nos bañamos también en el Mar Muerto.

En Belén estuvimos dos días y tuvimos la gracia de rezar y celebrar dos veces la santa Misa en la gruta del nacimiento. Desde Belén fuimos a Jerusalén donde paramos por cuatro días en el hotel franciscano muy cerca de la basílica del santo Sepulcro paseando por la ciudad y peregrinando a los lugares más importantes de la Pasión del Señor. Rezamos también el via crucis recorriendo las estaciones desde la casa de Pilato al Santo sepulcro y dos veces participamos con otros peregrinos de la procesión con los franciscanos dentro de la basílica del santo Sepulcro, con cantos y oraciónes en latín.

En la misma basílica celebramos Misa en el santo Sepulcro y en el altar de la crucifición, al lado del Gólgota.

Un regalo de la Providencia fue también haber logrado pasar una noche de vigilia dentro la basílica aunque nos dijeron que no habían lugares, porque ya estaban anotados peregrinos todos los días.

De vuelta a Belén visitamos el hogarcito de las hermanas donde viven mas de 30 niños discapacitados. Allí conocimos a algunos de ellos y el padre Pablo de Santo, capellán del hogar, nos hizo ver la casa y nos contó la historia y la actividades del hogar. Conocimos también algunos de los muchísimos voluntarios que todo el año van allí a ayudar de varios modos a nuetras religiosas.

Un gran ejemplo de vida sacrificada y gastada al servicio de los pequeños y pobres en un país donde el mayor y a veces el único apostolado es la caridad incondicionada.

Damos gracias a Dios por esta peregrinación. Ciertamente que para nosotros meditar el evangelio ahora no es lo mismo que antes de este viaje. Ha sido una experiencia muy fuerte ver en vivo y recorrer esa tierra bendita donde Jesús vivió, predicó y murió, esa tierra tan sufrida y dividida por conflictos, intereses politicos y diversas religiones.

Lorenzo Senaccioli IVE

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