Por gracia de Dios, los Sacerdotes estudiantes en Roma (¡aunque no todos!) pudimos peregrinar durante la Octava de Pascua por el norte de Italia, para celebrar así la Resurrección del Señor, realizando así un festejo condigno a la que es la Solemnidad de las Solemnidades.

El viaje duró cinco días y comenzó el mismo Domingo de Pascua. El primer día cenamos en la Parroquia de Prato, donde  nos atendieron muy bien los PP. Giovanni Giannalia y Pedro Sosa; desde el lunes nos alojamos siempre en la Parroquia de Asti, donde nos hospedaron generosamente el P. Giarcarlo d’Ugo y el Diacono Adriano da Silva. El lunes partimos para Bologna, donde visitamos la Basílica de San Petronio –en la que están los restos de San Petronio y San Pantaleón y donde tuvo lugar la última coronación de un Emperador (Carlos V) de manos de un Papa-, las Due Torri (que ponen a prueba el estado físico con sus 498 escalones), la tumba de Santa Juliana, las tumbas de los glosadores del siglo XIII y el pórtico de San Luca -¡con sus 3.500 m!-. En Bologna está enterrado Santo Domingo en el convento dominico (se conserva un madero sobre el que, se dice, Dios proveyó de  pan a los dominicos), donde, a su vez, están sepultados los BB. Guido Spada y Giacomo Von Ulm – entre otros- y donde tuvo lugar la anécdota del fraile que le pidió al Aquinate que lo acompañe a hacer las compras.

El martes fuimos a Turín. Celebramos la Santa Misa en “la prima misera capella” del Oratorio de Don Bosco y rezamos ante las tumbas de Don Bosco, Santo Domingo Savio y Santa María Mazzarello. Estuvimos en la Capilla de San Francesco, la cual fue hecha por el Santo luego de que la Virgen le indique el lugar y en la cual Santo Domingo Savio tuvo un éxtasis de cuatro horas después de comulgar. Visitamos el museo donde está la cátedra de las Buenas Noches y el altar junto al cual Don Bosco entró en éxtasis al consagrar. Luego, fuimos a la casa natal de Don Bosco –que está en una ciudad cercana-.

En Turín, también fuimos a la Piccola Casa della Divina Providenza  fundada por San José Benito Cottolengo, donde nos quedamos admirados. En el Cottolengo, –cuya ruota motrice es la oración[1] y donde se “curan los cuerpos para curar las almas” – todos los enfermos (llamados “ospiti”) ayudan en un clima familiar. Es destacable que a los ospiti, de toda edad, les dan un curso de catecismo en Adviento y Cuaresma. Tienen una escuela para los pobres, de donde “hasta el más cretino sale se va sabiendo algo”, como nos decían. Un pabellón, que es “4 estrellas”, lleva el nombre de un gran voluntario de esta obra: el Beato Pier Giorgio Frassati. Es interesante que todos –hasta los hombres mayores- hacen pinturas y muestras de sus obras; incluso, hay paredes ornadas con cuadros pintados ¡por los discapacitados! Es de destacar que en esta obra, en la que buscan darle a los enfermos “lo mejor posible”, “es todo de la Divina Providencia” como nos decían, y que no piden ayuda al Estado. Aquí, conocimos a Vito, un señor mayor que llegó a la Piccola Casa cuando tenía un año, sin brazos ni piernas. Nos saludó muy contento, rezamos con él y nos mostró como trabaja en la computadora, valiéndose de su muñón.

Finalmente, en Turín visitamos la tumba del Beato Pier Giorgio Frassatti –donde el Párroco nos regaló muchas estampas para el Club que lo tiene como Patrono-; la tumba de San José Caffaso y el Convito Sacerdotal que dirigía, en el cual Don Bosco comenzó el Oratorio, y el museo de la Sábana Santa.

El miércoles fuimos a Milán, donde el primer lugar que visitamos fue, naturalmente, el colosal Duomo, donde concelebramos en rito ambrosiano. El Duomo, que demandó seis siglos para ser construido, es – en cuanto a la superficie- la tercera iglesia del mundo y probablemente el más vasto edificio gótico de Italia. Allí pudimos rezar ante un Santo Clavo del Señor, ante la tumba de San Carlos Borromeo – que consagró el templo-, de los Santos Gervasio y Protasio y del Beato Schuster. Allí apreciamos un vitral de los Cuatro Coronados, entre los que está San Victorino, el Patrono de nuestro querido Mons. Ortego[2].

El jueves fuimos a Magenta, donde Santa Gianna Beretta vivió antes de casarse. Allí fuimos a la iglesia de sus bodas y donde está enterrada una joven mártir a quien Santa Gianna tenía como modelo: Santa Crescenzia. Pudimos visitar la casa donde – además de vivir- Santa Gianna juntaba a las jóvenes del Oratorio. Nos recibió muy bien la dueña de casa, que es cuñada de la Santa, con la cual vivió. Le preguntamos cómo era vivir con una Santa. Interesante la respuesta: “Normal, normalísimo”. Fuimos también al cementerio, donde está enterrada Gianna, en el panteón familiar.

El viernes fuimos a Tortona, donde están los restos de Don Orione y el célebre Cottolengo por él fundado. Estuvimos en la casa del Santo y entramos a su habitación (donde había una salamandra, como las de la Finca; decía un cartelito que el Santo la usaba “por amor a la pobreza”). No pudimos visitar el Cottolengo, porque ese mismo día debíamos estar en las Parroquias donde hacemos apostolado. Será otra vez. Agradecemos al Padre Buela el habernos inculcado tanto el amor a los Santos y la tradición del peregrinaje[3], tan arraigada en nuestra Santa Congregación.

En Cristo Rey y María Reina, ¡Felices Pascuas!

PP. Vagner de Souza, Tomás Beroch, Juan Carlos Escudero, Matías Bressan.

PP. Bressan, Wagner, Escudero, Highton y Beroch peregrinando en el norte de Italia. En la foto delante del Duomo de Milán.
PP. Bressan, Wagner, Escudero y Beroch peregrinando en el norte de Italia. En la foto delante del Duomo de Milán.

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