Por gracia de Dios, gran número de las Servidoras de la Provincia “Nuestra Señora del Pilar” nos hemos podido reunir para festejar juntas la Navideta, saliendo el mismo 25 de diciembre desde distintos puntos de España (Formentera, Tarragona, Madrid, Córdoba y Granada) para encontrarnos en el Santuario de Nuestra Señora de Fátima en Portugal.

¡Una gracia inmensa poder estar en Fátima, ya finalizando el centenario de las apariciones del Ángel a los Pastorcitos y a las puertas del centenario de las apariciones de Nuestra Señora a los mismos!

La misma noche del 25, al llegar, participamos del rezo del Rosario junto a numerosos peregrinos que allí se habían dado cita, en el mismo lugar de las apariciones, a los pies de Nuestra Señora, Aquella a quien nosotros como miembros de la Familia Religiosa del Verbo Encarnado nos hemos consagrado en materna esclavitud de amor, como esclavos de Jesús en María. Dimos gracias por tantos beneficios recibidos a través de su intercesión maternal, pedimos por todas las almas encomendadas a nuestras oraciones y apostolados, por nuestros Institutos… Teníamos muy presentes lo que dice el P. Buela en el libro “Y el sol bailó”: tomando para sí las palabras del Ángel a los pastorcitos, como si nos fueran dichas de modo personal: «Los Corazones de Jesús y de María están atentos a la voz de vuestras súplicas» y a esos Corazones nos dirigíamos con nuestras súplicas.

El día 26 fuimos peregrinando por cada uno de los lugares emblemáticos que guarda esta Ciudad Mariana por excelencia.

Los edificios principales del recinto del Santuario de Fátima se encuentran alrededor de una explanada central. En uno de los vértices se encuentra la Basílica y en el lado opuesto la nueva Iglesia de la Santísima Trinidad. A la izquierda del recinto se encuentra el edificio más visitado por los peregrinos: la Capilla de las Apariciones y en el centro de la explanada encontramos una  estatua del Sagrado Corazón con una fuente a sus pies.

El edificio más prominente es el de la Basílica de Nuestra Señora del Rosario, la cual tiene  una gran torre-campanario coronada por una cruz. En el interior de la misma se encuentran, en el crucero de la izquierda las tumbas de Lucía y de Jacinta y en el derecho la de Francisco. Allí hemos acudido confiando en su poderosa intercesión, para alcanzar de ellos lo que a ellos les fue concedido: “consolar y dar alegría a Jesús”, para que particularmente en el centenario de las apariciones, nos aboquemos a reparar por los pecados nuestros y de la humanidad entera.

También visitamos la Iglesia de la Santísima Trinidad, se trata del edificio más moderno de este lugar que surgió ante la necesidad de dar cabida a mayor número de peregrinos; puede albergar unas 8500 personas.

Participamos de la Santa Misa en la Capilla de las apariciones, a los pies de la imagen de Nuestra Señora, junto a “la encina grande”, tan entrañable a los Pastorcitos por guardar el recuerdo de donde vieron bajar a la «Señora del Cielo», «una Señora vestida toda de blanco, más brillante que el sol y esparciendo luz más clara e intensa que un vaso de cristal lleno de agua cristalina atravesado por los rayos del sol más ardiente»[1], la que «les habla con voz y corazón de madre y los invita a ofrecerse como víctimas de reparación, mostrándose  dispuesta a conducirlos, seguros, hasta Dios»[2].

También recorrimos Valihnos con su Vía Sacra; es el lugar de las apariciones del ángel y de la cuarta aparición de Nuestra Señora. Era el sendero que tomaban los niños para ir de Aljustrel a la Cova da Iria, cuidando sus rebaños. Actualmente se ha erigido allí un Vía Crucis con 14 pequeñas capillas en memoria de la Pasión de Jesús y la decimoquinta en honor a la Resurrección. El camino va desde el llamado “lugar del Ángel” o “pozo del ángel” al Santuario.

En Aljustrel, visitamos las casas de Lucía y de Francisco y Jacinta, que conservan las habitaciones donde nacieron y en el caso de Francisco, su lecho de muerte. Es allí donde tuvo lugar ese episodio tan significativo, que muestra la «pasión» de Francisco por consolar a Jesús. Relata Lucía un diálogo entre ellos dos:

«Me dice en las vísperas de morir:

–Francisco: Estoy muy mal; me falta poco para ir al cielo.

–Lucía: Vete, pero no te olvides allí de pedir mucho por los pecadores, por el

Santo Padre, por mí y por Jacinta.

–Sí, pediré; pero mira, prefiero que pidas esas cosas a Jacinta, porque yo tengo miedo de que se me olvide en cuanto vea a Nuestro Señor. Sobre todo quiero consolarle a Él».

Terminamos nuestra peregrinación el día 27, participando de la Santa Misa en la Basílica, con la alegría de haber renovado a los pies de Nuestra Señora, nuestro voto de esclavitud mariana y de haberle pedido la gracia de poder concretar pronto una fundación de las Servidoras en Pontevedra. Éste es el lugar donde, el 10 de diciembre de 1925, Sor Lucía tuvo la aparición del Niño Jesús que le hizo el pedido de reparación al Inmaculado Corazón de su Madre: «Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre…». También aquí se le aparece la Virgen, quien le confía “la gran Promesa del Corazón de María”, diciéndole: «Mira hija mía, mi Corazón, cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan continuamente con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que todos aquellos que, durante cinco meses, en el Primer Sábado se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el rosario y me hagan 15 minutos de compañía, meditando en los 15 misterios del rosario, con el fin de desagraviarme, yo prometo asistirles en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para la salvación de sus almas».

Finalmente traemos a la memoria las palabras de nuestro Fundador: «pienso que cada uno de los miembros de nuestros Institutos debe hacer suya la misión que la Virgen encomendó a Lucía»: «Jesús quiere servirse de ti para darme a conocer y amar».

Luego de la peregrinación, regresamos a España. Allí nos reunimos con el resto de las hermanas de la Provincia para terminar los festejos navideños. Aprovechamos para visitar Vic “La ciudad de los Santos”, rezando ante las tumbas de algunos de ellos: San Antonio María Claret, San Bernat Calvó, el Siervo de Dios Dr. Josep Torras y Bages y la Beata Patricinio de San José.

La comunidad de Vic nos organizó dos paseos, uno a Besalú, un pueblo medieval muy bonito y el otro a la ciudad de Gerona, participando de la Misa en la Catedral de Vic.

Concluimos estos días de festejos comunitarios con la celebración del año nuevo en la casa de nuestras hermanas en Tarragona, donde recibimos la visita del Sr. Arzobispo Don Jaume Pujol, que se mostró muy agradecido con la presencia de las hermanas allí y particularmente entusiasmado por el apostolado Pro-vida que están realizando.

Ya de regreso, participamos de la Santa Misa, el día 1 de enero, Solemnidad de la Madre de Dios, en el Santuario de Nuestra Señora del Pilar, en Zaragoza. Pudimos encomendar y ofrecer este nuevo año a Ella, que es la Patrona de nuestra Provincia.

Damos gracias a Dios por todos los beneficios con que nos colma y nos ha colmado particularmente en estos días de la Octava de Navidad.

Hna. María de Luján

[1] Memorias de Sor Lucía.

[2] Juan Pablo II, Homilía en la ceremonia de beatificación de los Pastorcitos, 13 de mayo de 2000.

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