Dijo San Ignacio al joven estudiante Francisco Javier: “Un corazón tan grande y un alma tan noble no pueden contentarse con los efímeros honores terrenos. ¡Tú ambición debe ser la Gloria que dura eternamente!”

Con ese mismo espíritu realizamos hace unos días las “Javieradas”, junto con 20.400 jóvenes y familias provenientes de varias partes de España.

Después de unas cuantas horas de viaje, nos reunimos el viernes 10 de marzo, en el colegio que atienden las Servidoras en Vera de Bidasoa, Navarra, con algunos jóvenes de allí, pero también de Madrid, Barcelona y Granada. Vinieron a ayudar algunas hermanas de otras misiones de nuestra Provincia, dos hermanas del Estudiantado de Italia y cuatro sacerdotes. Además, otras tres hermanas acompañaron a 500 jóvenes de la Delegación de Juventud de Madrid.

Un poco de historia de las “Javieradas” …

El origen de esta tradición se remonta a 1886, cuando se invocó a San Francisco Javier para librar a Navarra de la epidemia de cólera que la azotaba, y en agradecimiento al cumplimiento de este deseo, se llevó a cabo la promesa de acudir peregrinando al Castillo de Javier.

Sin embargo, la primera “Javierada” oficial se realizó recién el 10 de marzo de 1940, organizada por la hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz.

El nombre de “Javierada” fue el resultado final de la utilización de varios nombres: “Peregrinación a Javier”, “Marcha a Javier” y finalmente el nombre que se fue imponiendo hasta el día de hoy: “Javieradas” y que proviene de unir Javier con el sufijo “ada” que indica sobreabundancia.

En principio, las “Javieradas” se dividieron en los dos primeros domingos de marzo, coincidiendo con la novena de la gracia en el Castillo. Pasado el tiempo, la segunda “Javierada” se adelantó al segundo sábado de marzo por la tarde, con un tono más festivo y familiar.

Hacia Javier, corazón de Navarra

Con el deseo de avivar en nosotros el mismo celo apostólico por la salvación de las almas del Santo Patrono de las misiones, nos aventuramos al camino que nos llevaría después de casi 10 horas, hasta el lugar donde en 1506 naciera San Francisco: el castillo de Javier, en Navarra, cerca de Pamplona.

Nos dividimos en dos grupos para la caminata: algunos harían aproximadamente 35 km de camino mientras que el resto recorrería 18 km.

Llegamos a Monreal en autobús desde Vera y allí fuimos a la iglesia del pueblo y juntos encomendamos a Dios nuestro día y le ofrecimos nuestros cantos y oraciones.

Luego de un pequeño desayuno, iniciamos el recorrido a través de una parte del camino de Santiago, para retomar después de unos 18 km., la carretera en Venta de Judas. Allí nos encontramos con la segunda parte del grupo y cientos de peregrinos más.

Alrededor de las tres de la tarde, justo a 8 km del Castillo de Javier, comenzamos a rezar el Via Crucis. Poco antes de las cinco de la tarde ya estábamos en Javier, frente al Castillo y junto a miles de peregrinos.

En la explanada del Castillo, presidió la Santa Misa el Obispo auxiliar de Pamplona-Tudela, Mons. Juan Antonio Aznárez, y lo acompañó el obispo de Teruel, Mons. Antonio Gómez Cantero y varios sacerdotes concelebrantes.

A la noche, de regreso en Vera, tuvimos una cena festiva y -a pedido de los jóvenes- algunos de los sacerdotes que nos acompañaron, contaron la historia de su vocación.

Encuentro de Jóvenes

La última actividad fue el encuentro con los jóvenes que participan de nuestros grupos de formación de las Voces del Verbo. En la mañana del domingo el P. Rodrigo Miranda nos habló acerca de “El arte como preparación para vivir la Semana Santa”. Consistió en la explicación del cuadro de “Cristo contemplado por el alma cristiana”, de Diego Velázquez.

Luego de la exposición tuvimos la Santa Misa, en la que el Superior Provincial del IVE, el P. Alfredo Alós, nos habló de la necesidad, cada vez más urgente, de la educación en la belleza, para poder trascender de las cosas de éste mundo material y llegar a nuestro fin último.

Finalizada la Santa Misa, compartimos la comida con los jóvenes y familias del colegio, a la cual se sumaron una docena de universitarias del Colegio Mayor de la Facultad de enfermería de Pamplona.

Para terminar con el encuentro, el P. Rodrigo Miranda dio su testimonio de los 4 años que estuvo en la misión de Alepo, en Siria, durante la guerra. Recalcó sobre todo la fortaleza de los cristianos sirios. Ellos no solamente no abandonaron sus prácticas religiosas, sino que, al estallar la guerra, con todos los peligros y privaciones que esto implica, aumentaron su fe y la práctica religiosa.

Que María Santísima y San Francisco Javier sigan intercediendo por los frutos de estas jornadas.

¡Unidos en el Verbo Encarnado!


M. María al Pie de la Cruz
Misionera en España

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