Se dice en nuestro Directorio de Misión Ad Gentes (n° 103): “La evangelización pierde mucho de su fuerza y de su eficacia si no toma en consideración al pueblo concreto al que se dirige, si no utiliza su lenguaje, sus signos y símbolos, si no responde a las cuestiones que plantea, si no llega a su vida concreta”. Y expresa esto de una manera más positiva diciendo: “Oír la Buena Noticia en el idioma materno favorecerá una auténtica inculturación del Evangelio. A este fin, destínese a cada misión personas que puedan llegar a dominar la lengua o las lenguas del lugar y provéase de los medios necesarios para su aprendizaje” (n° 135). Esto es precisamente lo que hemos intentado demostrar a los seminaristas al hacer este curso: la necesidad e importancia de aprender la lengua de cada lugar para la inculturación del evangelio.

Por gracia de Dios a finales del año pasado pudimos hacer en las instalaciones de nuestro seminario un curso básico de quechua que fue dictado por el “Jamaut’a Mario”, como le decíamos (el Profesor Mario Salas Portugal del “Centro Cultural Quechua Aymara” de Arequipa). Al curso asistieron los tres sacerdotes formadores del seminario, un hermano y el maestro de novicios. Fueron algunas semanas bastante intensas pero muy gratificantes.

“Ama llulla, ama suwa, ama qella” era el saludo con el cual todos los días del curso saludábamos al profesor: éste era el saludo acostumbrado entre los incas y así lo conservaron los curacas, jefes políticos y verdaderos maestros del pueblo ¿Y qué respondía el otro? “Qanpis jinallataq”. Todo esto significa: “No seas mentiroso, no seas ladrón, no seas ocioso”, y la respuesta “tú también tienes que ser igual”. Con varios detalles de la cultura como éste, incluyendo también la visión religiosa, nos fuimos encontrando en medio de las clases: aprender el idioma nos fue llevando a profundizar en varios aspectos culturales muy interesantes para el trabajo evangelizador. Ciertamente que la lengua no es lo único al momento de conocer una cultura, pero es un poderoso medio para llegar a su corazón y así lo hemos vivido en esas semanas.

Curso-de-Qechua-Peru (2)

-“Profesor, ¿cómo era “tortuga” en quechua?”- preguntó uno de los alumnos.

-“Padre, Ud. se ha propuesto hacerme enojar –contestó el profesor con cierta picardía- ¿cuántas veces tengo que repetirle que el quechua no es una lengua muerta; no se dice “cómo era” sino “cómo es”?”

 Y la verdad es que el profesor tiene razón para decirlo: mucha gente aquí en Perú todavía lo habla, sobre todo en la altura… incluso algunas personas de más edad lo único que hablan es quechua. Entonces, ¿por qué no hacer el esfuerzo para llevar a Cristo también a esas personas? ¿Por qué no hacer un esfuerzo para facilitarles la confesión en su idioma? La lengua es algo propio del hombre, es una manifestación del hombre y por tanto no nos puede ser ajena como realidad cultural. Ejemplo de esto ya nos lo ha dado el mismo P. Llorente que tuvo que aprender un dialecto sólo para poder comunicarse con los más ancianos de uno de los pueblos que le tocaba misionar en Alaska…

Somos conscientes de que esto no es más que un granito de arena comparándolo con todo lo que se debería y se podría hacer, pero lo importante es seguir adelante sin desanimarse. Es un pequeño granito de arena, es sólo un paso, pero ¿acaso las montañas no están compuestas de muchos granitos de arena y a la meta del camino no se llega sino después de haber dado muchos pasos, uno tras otro? Por eso, bien dice nuestro Directorio de Espiritualidad (n° 42) que “lo que importa es dar un paso más”, y eso es precisamente lo que hemos hecho: dar un paso más, y ahora con paciencia debemos seguir adelante en el aprendizaje.

Encomendamos a sus oraciones la misión en Perú que todavía tiene mucho por dar y rogamos a Dios que bendiga los pequeños esfuerzos por la evangelización de la cultura.

¡Tupananchiskama! (¡Hasta la vista!)

P. Germán García,

misionero en Perú.

 

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