Querida Familia Religiosa:

papuaSi bien es cierto que muy pocas veces he escrito sobre la misión en Papúa Nueva Guinea durante todos estos años que estoy aquí, considerando que pronto celebraré mis 25 años de ingreso al convento y 10 años como misionera en esta hermosa tierra papuana, no quisiera dejar de agradecer públicamente por tantas gracias recibidas.

“Mi alma canta la grandeza de Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador”, así unida a Maria Santísima me alegro y quiero dar gracias y alabar a Dios por tantos bienes recibidos. La entrega a la vida consagrada, que comenzó hace 25 años con un sí a la llamada divina y que se convirtió en un sí en toda mi vida religiosa, me ha ido marcando en las distintas misiones que Dios me ha ido confiando y probando en el amor. Todo por gracia y regalo y sostén de Aquel que me llamo desde toda la eternidad a ser su Esposa en esta Familia Religiosa

Si es por agradecer tengo a tantos, a Dios en primer lugar, quien me llamo a ser su esposa. A mi querida Familia Religiosa que me acogió y me hizo crecer y vivir en el amor a Dios y a nuestra Santa Madre Iglesia. A mis queridos padres que con generosidad hicieron ellos también su entrega apoyándome en mi vocación religiosa y estando siempre cercanos para lo que necesitara. A mis superiores que siempre cuidaron de mí y me asistieron y acompañaron en mis apostolados. A los sacerdotes que fueron parte de mi crecimiento espiritual. A mis hermanas servidoras, que con sus vidas y entrega me dieron ejemplo en la vida religiosa y a tantos que siempre rezaron y rezan por mí.

Por donde Dios me ha ido llevando a lo largo de mi vida religiosa, estoy agradecida de todo. Todo el tiempo que pude vivir en la Provincia de Argentina, en los comienzos del Estudiantado Santa Catalina de Siena, del Aspirantado Beata Laura Vicuña, del Hogar Santa Gianna Beretta Molla y por supuesto mis 10 años en Papúa Nueva Guinea. ¡Qué más puedo pedir a Dios!

En la misión en Papúa las Servidoras comenzaron a trabajar en el Centro Pastoral de la diócesis, con el trabajo principal de preparar líderes católicos para enviarlos a los lugares de la selva donde muy pocas veces puede llegar el sacerdote. Esta comunidad religiosa también atiende a la parroquia Santa Teresita del Nino Jesús, allí hemos preparado a muchos niños y jóvenes anualmente para los sacramentos, bautismos, comunión y confirmación. También visitamos la aldea, los enfermos y acudimos cuando alguien nos necesita. Durante estos años también hemos colaborado en misiones populares en la selva y en la costa con nuestros sacerdotes del IVE. Hemos colaborado en jornadas de jóvenes a nivel diocesano.

En el año 2009 abrimos la segunda comunidad en Papúa con el fin de albergar a niñas con dificultad, y la casa cuenta ahora con 26 niñas y jóvenes, desde los 2 a los 22 años.

Todo es gracia, ¡la misión de Papúa Nueva Guinea es hermosa! He vivido durante estos años entre gente sencilla, pero rica en la fe que me ha ensenado en su simplicidad que Dios es lo Único Necesario, sobre todo los niños en su devoción, las ancianas en sus rezos continuos del Santo Rosario, sus altares levantados en cada una de sus chozas ocupando siempre el lugar principal de la casa con la imagen de la Santa Madre de Dios, los enfermos esperando el alivio de un sacerdote, nuestras niñas buscando refugio en las religiosas y llevando vida de gracia y el más vivo sentido de fe de todo el pueblo expresado en sus cantos que se alzan al cielo con la fuerza de una gran devoción. Y como fruto del apostolado de todos los religiosos que pasaron por estas tierras de misión, Dios nos ha querido regalar dos vocaciones nativas.

¿Qué más por agradecer en estos 25 años? Sí, hay algo más, mi nuevo destino al Hogar de discapacitados Nuestra Señora de la Divina Providencia en San Rafael, Mendoza, Argentina. Todo se corona con la frase de Don Orione “La caridad salvara al mundo”. Por eso ahora Dios me llama para que a los 25 años de mi entrega, sea misionera cuidando de Él en la imagen de los enfermos y necesitados, de voluntarios y laicos y de tantos que por querer ver el Rostro Misericordioso de Dios se acercan diariamente al Hogar.

Pido a todos que recen por los religiosos y religiosas misioneros, para que siempre seamos un canto de alabanza y acción de gracias a Dios y para que con nuestras vidas podamos mostrar siempre el Rostro Misericordioso de Cristo a quienes tienen contacto con nosotros.

Madre Maria del Rocío

Misionera en Papúa Nueva Guinea

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