javier_oliveraEl pasado 4 de octubre,  fiesta de San Francisco de Asís, tuvimos la gracia de acompañar al Padre Javier Olivera Ravasi a la defensa de su segundo doctorado, esta vez en Historia.

En la Universidad Nacional de Cuyo (universidad estatal y actualmente filo-marxista, de la provincia de Mendoza) el padre había sido admitido por antecedentes académicos hace algunos años, con la tesis titulada: “La Contra-revolución cristera: dos cosmovisiones en pugna”, dirigida por el Dr. Enrique Díaz Araujo. El Padre Javier ya se había doctorado en Filosofía en Roma, hace algunos años.

Luego de la redacción y presentación de la misma, se fijó fecha para la defensa y allí estuvimos.

El acto académico en esta Universidad, consiste en que un jurado constituido por 3 personas doctas en la materia, deben leer la tesis y realizar un dictamen aprobando o desaprobando la tesis y, eventualmente, hacer las objeciones o solicitud de correcciones pertinentes. En este caso, el jurado estaba conformado por dos profesoras de Mendoza y la autoridad máxima en el tema de los Cristeros mexicanos, el Dr. Jean Meyer, académico francés y uno de los pioneros en la materia que, casualmente para esta fecha, estaba por Argentina.

Al ser entregados los dictámenes, tanto el Dr. Meyer como otro jurado, aprobaron la tesis, mientras que una profesora de tendencia ideológica contraria, simplemente la reprobó sin demasiada argumentación. La cosa estaría peleada entonces.

Al llegar el día, unas cincuenta personas acompañamos al Padre a su defensa y comenzó la disertación. Unos 45 minutos le fueron suficientes para contestar a las objeciones planteadas por el jurado, especialmente por quien le había sido contraria. Luego de ello, tomó la palabra el Dr. Meyer y apoyando la tesis del Padre brindó una breve explicación de lo que fue esa gesta de los Cristeros mexicanos a quienes estábamos presentes. Toda una exquisitez.

La profesora que había reprobado la tesis no pudo argumentar salvo una pequeña pregunta que el Padre respondió escueta pero firmemente; por último, el Dr. Díaz Araujo, director del Padre, tomó la palabra y luego de agradecer al jurado y marcar algunas precisiones, terminó por valorar la importancia del tema tratado y la calidad de la tesis.

La nota definitiva fue un “Distinguido”, es decir, una de las notas más altas.

Terminamos al final, como buenos argentinos, festejando con un gran asado el segundo doctorado del Padre Javier.

Una última reflexión personal: hubo mucha gente y mucha gente joven en la defensa, que asistía por primera vez a un acto académico de ese nivel.

La actitud del Padre al presentar este trabajo creo que merece cierta felicitación y esto por dos razones: en primer lugar por el tema que presentó. No se trataba de un relato “políticamente correcto” y esto tanto dentro como fuera de la Iglesia. Meterse con los “cristeros” es tener que analizar decisiones del gobierno perseguidor y de actitudes de la jerarquía eclesiástica de la época que, por lo menos, a uno lo dejan perplejo (la jerarquía de la Iglesia obligó a los católicos a que depusieran las armas contra el gobierno y ello llevó a que luego mataran a una enorme cantidad de cristianos).

En segundo lugar, por su valentía al ir a aquellos lugares laicos, ateos y hasta contrarios a la Iglesia para proclamar la verdad; en este caso, una verdad histórica, en momentos en que la misma tiende siempre a ser falsificada, sabiendo que no son los títulos los que dan sabiduría al alma, pero en el mundo en que vivimos, ayudan a abrir puertas y a mostrar que la Iglesia aún sigue iluminando, porque la luz siempre brilla en las tinieblas.

Para dar gracias a Dios entonces, pues sigue permitiendo que la familia religiosa del Verbo Encarnado evangelice la cultura.

Prof. María Delia Buisel

madebu1@gmail.com

PD: por si quieren felicitar al Padre, su mail es javierolivera@ive.org

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