Otra fiesta del Milagro, nuevos esclavos de la Virgen. Por gracia de Dios pudimos, como es tradición del Noviciado Marcelo Morsella, hacernos presentes en la fiesta del Señor y la Virgen del Milagro de Salta. En ese excelente y fervoroso marco, los novicios efectuaron su voto de esclavitud mariana, quedando no sólo ligados especialmente a la Santísima virgen, sino también de modo muy especial al Instituto, pues ya poseen el cuarto voto propio del IVE.

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El lunes 15 a la 1:30 hs de la madrugada en una Misa celebrada con la Basílica repleta de peregrinos, luego de la comunión tuvo lugar el rito del voto. Por gracia de Dios pudimos escuchar la Misa desde el presbiterio, por lo que en el momento del rito nos pusimos delante de la misma imagen de la Virgen, solos, ante la que pasó a ser nuestra Dueña y Reina. ¿Qué pensamientos tiene uno en ese momento?, que soy más libre porque no me pertenezco, que no temo a nada porque me encuentro bajo el manto de su Madre, que estoy unido de modo especial al Instituto porque poseo uno de sus votos, en fin, que ser esclavo de María es un excelente negocio para salvar el alma y salvar almas.

Terminada la Misa nos fuimos a una heladería, a pesar de ser las tres de la mañana, a festejar el enorme beneficio recibido. Allí guitarreamos con gente de la Tercera Orden, en un clima de familia, propio, valga la redundancia, de nuestra Familia religiosa.

Al otro día, luego del almuerzo, participamos de la procesión y de la ceremonia en la que Salta renovó su consagración al Señor y a la Virgen del Milagro. El ambiente no podía ser mejor: cerca de 800.000 personas se encontraban rebosando la plaza y las calles y avenidas contiguas al lugar; muchos habían venido caminando desde hacía días, llegando algunos a recorrer 600 kilómetros solo para ver a su Madre y a su Señor y consagrarse a ellos.

Verdaderamente podemos decir que Salta es una provincia bendecida de modo particular por Dios, y rezamos para que sea siempre fiel.

Además queremos contar lo que fue nuestro viaje por Argentina y lo haremos siguiendo un orden histórico.

Desde la llegada de Colón hasta el inicio de la conquista de Argentina pasaron 45 años. La primera ciudad que sobrevivió luego de su fundación fue Santiago del Estero, fundada por Núñez de Prado en 1550. Famosa fue allí la Orden de los franciscanos, especialmente por la presencia de San Francisco Solano en esas tierras. Otra de las órdenes que se estableció en Santiago fue la de los dominicos. Fue a ellos justamente que Carlos V les regaló una copia de la Sábana santa, que se conserva en su Iglesia de Santiago. En 1594 los jesuitas se establecieron en Matará. En ese lugar es donde se fabricó y actualmente se conserva, en la calle Marcelo Morsella, la cruz de Matará, destinada en ese entonces a enseñarles el catecismo a los indios mataráes, que habitaban en la zona. Desde Santiago del Estero se fueron fundando otras ciudades en el interior.

La primera fue San Miguel de Tucumán, fundada en 1565 por Don Diego de Villarroel. Allí pudimos visitar la catedral. Allí cerca, en tafí del Valle se conserva además una reducción jesuítica, de la cual nacieron los famosos quesos de esa zona.

Otra de las ciudades derivadas de Santiago fue Córdoba, fundada en 1571 por Don Jerónimo Luis de Cabrera. Allí visitamos la catedral, tres estancias jesuíticas (establecimientos agropecuarios que tenían el fin de sostener económicamente los emprendimientos educativos y las necesidades de los estudiantes de los Colegios), y algunas iglesias del centro.

Catamarca fue la última ciudad fundada desde Santiago del Estero. En 1620 los indios de la zona encontraron en una quebrada de los cerros de Choya una pequeña imagen de la Santísima Virgen María que había aparecido milagrosamente, y comenzaron a venerarla allí, hasta que en 1695 fue trasladada a la catedral donde se encuentra actualmente.

Salta fue fundada por orden de Francisca Álvarez de Toledo, virrey del Perú en 1576 por Hernando de Lerma. Allí se destaca la Catedral, no solo por la riqueza arquitectónica, sino principalmente por el tesoro religioso que contiene en su interior: las imágenes del Señor y la Virgen del Milagro.

Estas imágenes fueron hechas en España por pedido del obispo de Tucumán, Francisco de Vitoria. En 1595 fueron rescatadas del mar y se las comenzó a venerar en Lima, hasta que fueron trasladadas a sus respectivos lugares, el Cristo a Salta y la Virgen a Córdoba. En 1692 fuertes terremotos asolaron la ciudad y luego de uno de ellos la imagen de la Virgen (réplica de la de Córdoba) apareció postrada delante del Señor con el rostro cambiado de color. El pueblo decide entonces sacar las imágenes en procesión y los terremotos cesaron por completo. Fue allí que el pueblo salteño se consagró totalmente al Señor del Milagro.

Luego de la creación del Virreinato y en plena guerra de la independencia se le encarga al General Belgrano hacerse cargo del Ejército del Norte y él decide replegarse hasta Tucumán decretando el éxodo jujeño, desde Humahuaca hasta San Salvador, como medida defensiva.

Esto permitió que luego Belgrano venciera en las batallas de Tucumán y Salta donde se encuentra actualmente una plaza y frente a ella el regimiento de los Infernales creado por Güemes.

Establecido nuevamente Jujuy en su lugar, creó Belgrano la primera bandera civil que donó a los jujeños en agradecimiento por su sacrificio hecho en pro de la Patria, y la hizo bendecir en la catedral basílica, donde actualmente se encuentra una escultura que conmemora el hecho. La bandera se encuentra en la casa de Gobierno.

Belgrano fue reemplazado en el norte por san Martín, quién encargó a Güemes la defensa de ese frente.

La tarea de Güemes en el Norte y de San Martín en Cuyo fue la que produjo cierta estabilidad que permitió que se reuniera el congreso en Tucumán para celebrar la independencia Argentina, declarada el 9 de julio de 1816 en la famosa “casa de Tucumán”.

San Martín llega a Chile en 1817 y derrota a los españoles en la Cuesta de Chacabuco, lugar donde ahora se encuentra un monumento que recuerda esa espléndida victoria. Luego los vencería en Maipú y en Perú, hasta lograr la independencia de ambos países.

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Por el lado federal la principal figura fue don Juan Manuel de Rosas. Uno de sus ayudantes fue Don Juan Facundo Quiroga, caudillo riojano y doctor en teología. El 18 de febrero de 1835 Quiroga se dirigía a Buenos Aires cuando fue detenido en Barranca Yaco, al norte de las estancias Caroya y Jesús María y fue asesinado junto con todos sus compañeros. Hoy en día existe un monumento que conmemora el trágico final de este prócer.

En el interior de Córdoba, en un caserío perdido en Traslasierra el Beato Cura Brochero se entregó con ahínco y sacrificadamente a la evangelización (lo cual también vale por educación) del grupo enorme de fieles que ocupaba su parroquia.

Este humilde sacerdote se radicó en Villa del Tránsito y realizó una tarea admirable: capillas e iglesias, un acueducto con canales secundarios, el Colegio de Niñas, los cruces con mulas por las sierras para llevar a los ejercitantes a Córdoba, un camino que empedró por las sierras, 66 caminos vecinales, los planos para llevar el ferrocarril, la admirable construcción de la Casa de Ejercicios y de la parroquia, miles de confesiones, la atención a los leprosos, etc.

Por el mismo tiempo hubo en Córdoba una monja, beata también. La hermana María del Tránsito Cabanillas fue la fundadora de las Terciarias Misioneras Franciscanas. Falleció el 25 de agosto de 1885.

Por esa fecha sucedió otro hecho milagroso. En San Luis, en la Quebrada, un hachero ciego llamado Juan Tomás Alcaraz encontró en el corazón de un algarrobo una imagen de un Cristo Crucificado. Al conocer el milagro la gente comenzó a tenerle devoción.

Damos gracias a Dios por este fructífero viaje, especialmente por la enorme gracia de poder ser esclavos de su Santa Madre. Que Ella, nuestra Dueña nos proteja y nos guíe ahora por otro viaje mucho más importante: el viaje a la santidad.

Noviciado Marcelo J. Morsella

La Pintana, Chile

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