Querida Familia Religiosa:

Les escribo para compartir con ustedes unas reflexiones nacidas luego de una intensa semana vivida como asistente de los Ejercicios Espirituales que se predicaron aquí en nuestro Monasterio en Valkerburg.

Antes que nada quisiera recordarles que la fundación de las SSVM en este Monasterio situado en el sur de Holanda, surgió como consecuencia de un pedido por parte de las hermanas Benedictinas del Santísimo Sacramento a la Madre María de Anima Christi en el año 2007, quienes solicitaron hermanas contemplativas para que en un futuro pudiesen hacerse cargo del Monasterio, conservándose así éste como casa de oración.

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De este modo llegamos a Valkenburg. Dios en su Divina Providencia conjugó con gran sabiduría algo muy hermoso en este lugar, con características que lo hacen del todo particular, fuente de grandes bendiciones y que no escapa en modo alguno a nuestro carisma. Se trata en concreto de poder practicar dentro de nuestra misma vida contemplativa, una gran obra de misericordia, se trata de poder cuidar a religiosas ya ancianas, Benedictinas, que desean vivir en su convento hasta el final de sus vidas.

Desde el 12 al 18 de marzo pasado, las hermanas de mi comunidad por gracia de Dios hicieron sus Ejercicios Espirituales anuales en el Monasterio. Con la hermana María Templo de la Santísima Trinidad fuimos asistentes en ellos. El trabajo no era poco, había que atender además la portería, algunos huéspedes ocasionales, pero sobre todo pensábamos en particular en una de las hermanas Benedictinas que se encontraba muy enferma, con cáncer  y  en esos días habiendo recibido una quimioterapia bastante fuerte. 

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Hasta el comienzo de los Ejercicios dicha hermana se encontraba internada en el hospital, pero a los días de haber recibido su primera quimioterapia quiso regresar al Monasterio y esto coincidió con la marcha de los Ejercicios Espirituales. Regresó muy debilitada. Hubieron varias noches en las que hubo que asistirla hasta 5 veces. Estaba con muchos dolores y un malestar general. Entre medio de todo esto, hacíamos las llamadas para consultar al doctor y venían al Monasterio las enfermeras por la mañana y por la noche. Esos días me hicieron reflexionar mucho, puedo decir vivimos en forma resumida e intensa lo que es nuestra vida aquí en el Monasterio. Por un lado se encontraba mi comunidad haciendo sus Ejercicios y por otro urgía el cuidado de la hermana enferma, también atender la portería y a los huéspedes del día. Se conjugaban oración, contemplación y obras de misericordia.

Dios nos pedía realizar esto y ya desde un principio de nuestra llegada aquí al Monasterio de Valkenburg sabíamos que “no hay obra que valga nada, si no es del amor reflejo…  La rosa quiere cogollo donde se agarren sus pétalos…” como lo expresa muy bien José María Pemán en su poesía “El Divino Impaciente”, vida interior que debe ser coronada por la virtud sobrenatural de la caridad, “si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe…no soy nada…nada me aprovecha” (1 Cor 13, 1-3).

Nuestra finalidad como religiosas contemplativas es el vivir sólo para Dios. Éste es el enérgico resumen que proclama todo el deseo que Dios puso en el corazón de cada una de nosotras[1]. Viviendo según el espíritu del Evangelio, buscando la intimidad con Dios y por el misterio de fe de la comunión de los santos, nos ofrecemos a Dios por todos los hombres, por su salvación.[2]

Aquí se pueden ver dos comunidades contemplativas, pertenecientes a dos Institutos Religiosos distintos pero con el mismo amor a Dios, rezando juntas en el coro de la Iglesia todas las horas litúrgicas a excepción de las Completas y del Oficio de lecturas. La Santa Misa, salvo excepciones, también es en común.  El Monasterio es suficientemente grande, permitiéndonos tener nuestro propio refectorio y sala de recreación.  Dos veces a la semana nos juntamos las dos comunidades para tener la recreación en común.

Desde que estamos aquí han fallecido 6 hermanas Benedictinas, 5 de ellas por gracia de Dios hemos podido acompañar de cerca en su última enfermedad hasta su partida al Cielo. Actualmente su comunidad quedó reducida a 7 hermanas viviendo en el Monasterio. Dios en su Providencia quiso que aquí se llevara a cabo esta obra de misericordia del todo única y con tantas fuentes de bendiciones.

Dice nuestro Directorio de Obras de misericordia[3]: “Evangelización de la cultura por medio de las obras de misericordia”. La evangelización de la cultura es el fin específico de nuestro Instituto y, según el Directorio correspondiente, la evangelización se realiza de tres modos, a través de:

El testimonio de vida: A través de este testimonio sin palabras esos cristianos hacen plantearse a quienes contemplan su vida interrogantes irresistibles: ¿Por qué son así?, ¿por qué viven de esa manera? ¿Qué es o quién es el que los inspira?, ¿por qué están con nosotros?…

Del personal que vino, algunos manifestaron abiertamente su sorpresa por nuestra presencia en el Monasterio, decían: ¡han venido desde tan lejos! He visto también a algunas enfermeras emocionarse por la atención y cuidados que brindábamos a las hermanas enfermas. Sigue el Directorio diciendo: Pues bien, este testimonio constituye ya de por sí una proclamación silenciosa, pero también muy clara y eficaz, de la buena nueva. Hay en ello un gesto inicial de evangelización. Finalmente la adhesión vital al programa de vida –vida en realidad ya transformada– que él propone. Se trata de la adhesión (…) a la nueva manera de ser, de vivir, de vivir juntos, que inaugura el Evangelio.

En este sentido las obras de misericordia son un instrumento apto para el cumplimiento del fin específico del Instituto de las Servidoras del Señor y la Virgen de Matará, ya que permite la evangelización mediante el testimonio de vida y posibilita un gran movimiento de adhesión a la doctrina de Cristo. Cuando un hombre deja de guiarse por sus propios criterios y comienza a hacerlo con los del Evangelio decimos que culturalmente pertenece a Cristo. La evangelización de la cultura no se debe entender solamente como predicar el Evangelio en zonas geográficas cada vez más vastas o poblaciones cada vez más numerosas, sino de alcanzar y transformar con la fuerza del Evangelio los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humanidad, que están en contraste con la palabra de Dios y con el designio de salvación.

En el artículo 2º leemos:Ventajas que tienen las obras de misericordia para la concreción del carisma. Las ventajas que tienen las obras de misericordia para la concreción del carisma del Instituto es algo manifiesto. Permite, en los lugares donde se puede predicar con la palabra, corroborar con obras lo anunciado. Y como enseña Benedicto XVI la actividad caritativa es parte esencial de la misión de la Iglesia.

La nuestra es una prédica silenciosa, proclamamos con nuestras vidas que Dios es todo y queremos con nuestro modo de vivir hacer creíble la Encarnación del Verbo, viviendo el espíritu del evangelio, el espíritu de las bienaventuranzas… la caridad es el motor principal,… en la atención a los enfermos, más que en otras cosas, se hace creíble el amor y se ofrece un testimonio de esperanza en la resurrección…

Para terminar quiero compartir con ustedes una poesía del P. Marcelo Navarro, IVE, (publicada en el libro “Poesía Sacra”[4]), poesía que me gustó mucho y se titula así:

 

 

“Aquel monje santo”….(en nuestro caso hablamos de “aquella monja santa”)

Aquel monje santo

mirando su Cristo

las horas se pasa….

 

Le mira los brazos,

le mira las manos,

rezando en su celda….

 

Le mira los clavos…

Este Cristo muerto

y este monje santo,

se pasaron juntos

tanto tiempo….tanto….

 

Este Cristo eterno

en él ha pensado,

y vivió este monje

a Cristo rezando…

 

Hoy se ha muerto el monje,

cambiando de celda:

aquel Cristo muerto

es hoy Vida Eterna…

 

Con qué poco el monje

se ganó su Cielo:

disciplinas, llantos,

ayunos y rezos…

 

Lo llamó al Amor

y a la Vida Eterna,

aquel monje santo

se pasó la vida

rezando en su celda

que llegara el día

de aquellas promesas…

 

Fue su vida

un largo camino

de santa paciencia…

Ha esperado tanto….

 

Este monje santo

mirando a su Cristo

las horas se pasa…

 

Le mira los brazos…

Le mira las manos…

Rezando en su celda…

Le mira los clavos…

Pero ya no espera

porque sus esperas

entre ayunos,

trabajos y cuerdas

se le han terminado:

son hoy Vida Nueva.

 

A menudo el monje

decía en su celda:

-“Podría los siglos

pasar de esta cuenta,

porque sé en quien tengo

mi esperanza puesta”.

Y se sonreía

porque su confianza

era más certera.

 

Los brazos de aquella

la cruz de su celda,

eran las agujas

de un reloj sin cuerda

marcando el instante

de la Vida Eterna.

 

Hoy se ha muerto el monje,

sola está la celda…

y allí en el “descanso”

hay una cruz nueva…

 

Ayer muerto el monje

dejaba su celda…

hoy un nuevo monje

a su Cristo reza….

 

Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará


[1] Cf. Regla monástica, parte I, introducción, artículo 2.9

[2] Cf. Regla monástica, parte I, artículo 2.10

[3] Cf. Directorio de obras de misericordia, SSVM: II Parte: Las obras de misericordia en las SSVM, Cap. 1, artículos 1 y 2.

[4] Marcelo Javier Navarro “Poesía Sacra” Vol I  pág. 111,  IVE Press  New York 2007 – Colección jóvenes.

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