El 19 de este marzo tuvimos la fiesta de San José, patrono de nuestra catedral. Fue una fiesta con todas las letras, la iglesia estuvo llena y había mucha alegría entre nuestros feligreses.

Tuvo para nosotros, sin embargo, una nota de tristeza, porque fue la última Misa con nosotros de Maher, un joven de nuestra parroquia que dejó el país el domingo siguiente.

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Maher (entre los sacerdotes) en su última misa en Irak

 

 

 

Maher partió con la esperanza de un futuro mejor, pero con el dolor de tener que dejar su patria. El viernes, en el Via Crucis, fue el encargado de llevar la cruz, y no pudo contener la emoción.

Sentimientos encontrados se hallan siempre en los que parten: por una parte la alegría de recibir la visa para irse (que han esperado por meses o incluso años), esperanza de poder seguir con su vida alejados de la locura del odio y la violencia que azotan este país. Por otra, tristeza de abandonar su tierra, sus amigos, su cultura, su lengua, toda una vida que forjaron con esfuerzo.

Esos mismos sentimientos tenemos los misioneros con cada uno que se va. Con la partida de cada cristiano la comunidad queda más débil, más pequeña. A la vez compartimos sus esperanzas de un futuro mejor.

Agradecemos a Maher y a cada uno de los que han partido por lo que han dado generosamente y les deseamos lo mejor. Rezamos a Dios que los proteja y los guíe para que puedan seguir siendo ejemplo donde se encuentren.

Y a nosotros estas situaciones nos mueven más a no poner nuestra confianza en los medios humanos sino solo en el poder de Dios.

San Pablo, después de haber pedido a Dios insistentemente que lo libre del aguijón en su carne, del ángel de Satanás que lo abofeteaba, recibió esta respuesta de Cristo: “Mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza“.

Aprendida la lección insistía: “en cuanto a mí, solo me gloriaré en mis flaquezas“, “con sumo gusto seguiré gloriándome sobre todo en mis flaquezas, para que habite en mí la fuerza de Cristo“, “por eso me complazco en mis flaquezas, en las injurias, en las necesidades, en las persecuciones, y las angustias sufridas por Cristo; pues, cuando soy débil, entonces es cuando soy fuerte“, “así también nosotros: somos débiles en él, pero viviremos por él por la fuerza de Dios“.

De esto, nuestra pequeña comunidad puede gloriarse, porque es débil, porque es pequeña, porque permite así que se manifieste la gloria y el poder de Dios. Porque es injuriada, necesitada, perseguida, y sufre angustias por Cristo. Porque lleva el tesoro del conocimiento de Cristo en “recipientes de barro para que aparezca que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no de nosotros“.

Y por eso podemos continuar aplicándole las palabras del Apóstol: “atribulados en todo, mas no aplastados, derribados, mas no aniquilados. Llevamos siempre en nuestros cuerpos por todas partes el morir de Jesús, a fin de que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo“.

Llevamos siempre en nuestros cuerpos por todas partes el morir de Jesús“. ¡No hay gracia más grande que esta!

¡Que Dios los bendiga!

P. Luis Montes, IVE

Fuente: AMIGOS DE IRAK 

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