Foto: Iglesia de San Miguel Arcángel en Cobourg, Ontario (Canadá)
Iglesia de San Miguel Arcángel en Cobourg, Ontario (Canadá)

11 de Mayo de 2015

Una vez escuché que uno de los problemas que tenemos los curas es que no sabemos descansar. Para mí es un problema también. Porque descansar es necesario, pero las circunstancias ponen condiciones. Cada vez que estoy cansado me dan ganas de irme a Cuba. No sé por qué, nunca estuve ahí, pero acá hace tanto frío en invierno que cualquier cosa que suene a sol (y sol “sostenido”) parece un buen escape.

Tenés que descansar, por supuesto, pero hay que ser creativo. Pero primero lo primero: TENÉS que descansar. Hay tipos que parece que no se dan cuenta de que tienen cuerpo. Pero después está el otro extremo: el convertir el descanso en un ídolo, en el primer mandamiento. O el peligro de confundir descanso con un cierto tipo de descanso: las vacaciones en Cuba. Pues bien, déjenme contarles algunos de los modos de descansar que he encontrado hasta ahora. Confieso de todas maneras que no puedo decir que he encontrado el mejor modo. Pero probando se aprende también.

Hoy me levanté y dije: “Estoy en Cuba.” Hace un poquito de calor, hay una cierta brisa, y el silencio de la mañana me ayudó a apreciar mejor el patio de sol que tenemos en el segundo piso de la casa parroquial. Listo. Nunca uso ese patio de sol, así que era un cambio al menos.

Más o menos dentro de dos meses tengo un examen bastante difícil en la universidad, así que ya me puse a estudiar con todo. También tengo la parroquia. Pero los domingos a la tarde y el lunes a la mañana los dejo libres, lo más posible. Y ahí me dedico a la música. Es decir: descansar no es no hacer nada, es gozar de algo. Me parece que ese algo tiene que ser distinto, pero también hay gente que descansa cuando trabaja, porque hace lo que le gusta. De todas maneras, el ocio tiene que ser útil. Ir de paseo es súper útil. El gozo de los sentidos en la creación eleva el alma, la agranda… cuando es ordenado, claro.

De paso, así es como salieron el CD del tango y uno de folklore. Trabajé tres años en esos dos CDs. Pero dedicándole una hora por semana, más o menos. No era tiempo libre, que no existe para nosotros, sino tiempo de descanso. Cuando me dedico a la música, gozo y descanso. Ahí encontré un escape. La música es mi “Cuba” en casa.

Otra cosa es el fútbol. Cómo me gusta el fútbol. Matás varios pájaros de un tiro, porque el deporte ayuda a la actividad intelectual, y el juego distrae la mente de las ocupaciones cotidianas… y está genial jugar a la pelota. Mi hermano me aconsejó que, cuando uno reza antes de jugar, uno tiene que pedir no lesionarse y no enojarse. Si no, pierde el sentido. Ya no tenemos 20 años, como me dijo un amigo. Ya tengo canas, la pucha.

Me anoté en una liga de hombres, para jugar una vez por semana, acá cerca. Un grupo genial, la mayoría alrededor de los treinta años (y dos o tres cerca de los cuarenta…). Pero no me pregunten cómo, nuestro equipo terminó en la liga provincial de fútbol. En el nivel inferior, por supuesto, pero los otros equipos entrenan tres veces por semana, todos pibes que se quieren ganar la copa… Jugamos el primer partido contra el mejor equipo de la liga (la ligamos…) y nos ganaron cinco a cero. Parecía que volaban los pibes. La mayoría no tenía ni 20 años. Paciencia. Igual, nos divertimos como locos: peor que eso no nos va a ir. Hasta casi hacemos un gol.

Y ahí está: cuando uno juega al fútbol, uno cambia de actividad, se distrae y goza. Otra cosa que hago es medio día de retiro. Muy sencillo, simplemente trato de rezar una hora más, y leer algo directamente relacionado con espiritualidad. Una de las cosas que me parecen más importantes de esos retiros es que parás la pelota, y mirás el campo de juego. No es que me ponga a trabajar, pero ahí te das cuenta del verdadero valor que tiene cada una de tus actividades. Cuando uno se acerca al cielo, las cosas de la tierra se ven más chiquitas, como desde el avión. Uno necesita esa distancia para valorarlas en su justa medida. Eso te ayuda a liberarte de los miedos, te ayuda a preocuparte menos y, como el alma libre de pasiones ve mejor, te ayuda a organizarte mejor. Cuando rezás más, distribuís mejor el tiempo, porque ves más claro qué es lo más importante. Y te acordás de que tenés un alma que cuidar: que hay que confesarse, hacer dirección espiritual, preparar la meditación, etc…

En fin, espero no haberles robado mucho tiempo. Escribir es también un descanso… al menos para el que escribe! Saludos a todos y recen por los misioneros en Canadá. Los tengo siempre en mis oraciones.

P. Andrés Ayala, IVE

Foto: en la ciudad de Quebec, con el grupo de jóvenes.
en la ciudad de Quebec, con el grupo de jóvenes.

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