Quise empezar esta crónica con una cita de San Juan Pablo II dirigida a los jóvenes, porque me parece que ella resume nuestra experiencia en la “Jornadas de Jóvenes Internacional” que tuvo lugar en Luxemburgo y cuyo lema fue “No tengáis miedo”.

“Jóvenes de todos los continentes, ¡no tengáis miedo de ser los santos del nuevo milenio! Sed contemplativos y amantes de la oración, coherentes con vuestra fe y generosos en el servicio a los hermanos, miembros activos de la Iglesia y constructores de paz. Para realizar este comprometido proyecto de vida, permaneced a la escucha de la Palabra, sacad fuerza de los sacramentos, sobre todo de la Eucaristía y de la Penitencia. El Señor os quiere apóstoles intrépidos de su Evangelio y constructores de la nueva humanidad.”[1]

Llegué desde mi misión en Islandia el miércoles 23 de mayo en la noche, dos días antes del comienzo de las Jornadas de Jóvenes, que empezaban el viernes y empecé a ayudar con las preparaciones próximas. Ya desde el comienzo había una atmósfera de alegría y de alegre expectación: todos trabajando juntos como Familia por nuestro noble fin.

“Dicen nuestras Constituciones que ‘el peligro corporal no amenaza a aquellos que, con la intención de seguir a Cristo, abandonan todas sus cosas, confiándose a la Divina Providencia’. De modo particular, Dios determinó que para las Servidoras, como esposas de Cristo, esta Providencia llevara el sello del Custodio de las Vírgenes” [2] 

Durante los meses de preparación, las hermanas confiaron en que Dios proveería las muchas necesidades de las Jornadas, mostrándonos cómo su Providencia Divina cuida de todos los detalles. Las hermanas han estado rezando por meses por esta intención. A través de la intercesión de San José y mediante la generosidad de los bienhechores, vimos el convento lleno de donaciones de todo tipo. No sólo hubo bienhechores atentos a las necesidades materiales de las Jornadas, sino que, además, la Divina Providencia envió muchos voluntarios y miembros de la Tercera Orden para ayudar a preparar y trabajar durante y después de las Jornadas (limpiar, montar y desmontar carpas, cocinar y encargarse del servicio de las mesas). Todo esto empezó con un clima de fiesta que sólo pudo incrementarse con la llegada de nuestros misioneros y jóvenes de todas nuestras misiones del Norte de Europa (Alemania, Holanda, Luxemburgo, Lituania, Escocia) y jóvenes que venían de otros países, tales como Finlandia, Dinamarca, etc.

En el transcurso del fin de semana, el espíritu de alegría siguió creciendo, alimentado por lo momentos de recreación, cantos, divagues, juegos y deportes. En nuestro camino a un gimnasio para la hora de deportes, tomamos muy en serio las palabras del Papa Francisco a los jóvenes en Brasil: “quiero que hagan lío…quiero que la Iglesia salga a la calle”. Caminamos como por veinte minutos por las calles de Luxemburgo con guitarra y micrófono: ¡más de cien jóvenes, sacerdotes y religiosas, haciendo ruido en las calles!

Una innovación en las Jornadas de este año fue una carpa dedicada al tema Pro-Vida, que apuntaba a informar a los jóvenes sobre la necesidad de defender la vida en todas sus etapas, y darles recursos y contactos en orden a que pudiesen involucrarse en el tema una vez vueltos a sus casas.

Como no podía ser de otro modo, todo el fin de semana fue también notoriamente Mariano, con la imagen principal de nuestra amada Patrona, la Virgen de Luján como fondo del escenario, los himnos en su honor durante las celebraciones litúrgicas, los bien conocidos gritos de “¡viva la Virgen!” y la procesión con el rezo del Rosario. Respecto a esto último, este año recibimos permiso y ayuda de parte de la policía, quienes nos escoltaron mientras caminábamos por el vecindario, llevando una imagen de Nuestra Señora de Luxemburgo. La gente salía a los balcones de sus departamentos, dejaban por un momento lo que estaban haciendo en las calles y contemplaban la escena: más de cien jóvenes rezando y cantando a Nuestra Señora un sábado por la noche, proclamando al mundo “soy joven, soy libre, y yo elijo seguir a Jesucristo, y no tengo miedo de salir a las calles a manifestar mi fe”.

“Para realizar este comprometido proyecto de vida, permaneced a la escucha de la Palabra, sacad fuerza de los sacramentos, sobre todo de la Eucaristía y de la Penitencia.”

Otro punto central del evento fue la celebración de la Santa Misa. Fue evidente la gran importancia dada a los Sagrados Misterios. Se habían preparado de antemano unos libritos en orden a ayudar a los jóvenes a participar más conscientemente de la Santa Misa; el coro estaba preparado; concelebraron doce sacerdotes y los seminaristas acolitaron, junto con algunos jóvenes que los ayudaron. ¡Qué importante es que los jóvenes participen dignamente en el Santo Sacrificio de la Misa en un mundo que, ciertamente, está perdiendo el sentido de lo sagrado!

Fue fantástico ver los diferentes modos en que los jóvenes lograron cumplir sus deseos de una espiritualidad seria durante ese fin de semana. Fue una gran bendición el poder ofrecer a esas jóvenes personas encuentros concretos con la gracia de Dios. Durante el día hubo siempre a la vista, cerca de donde hacíamos todas las actividades, dos carpas para las confesiones. Se había anunciado que los sacerdotes estarían siempre disponibles para confesiones y dirección espiritual, y era claro que los jóvenes estaban buscando esas fuentes de gracia y sacaban provecho del momento. Era bastante conmovedor ver el panorama durante los recreos: jóvenes haciendo deportes, mirando la Expo-Congre o la carpa Pro-Vida, y, allí en el fondo, jóvenes confesándose constantemente. También, sabiendo que la Eucaristía “es la fuente y, al mismo tiempo, la cumbre de toda la evangelización, puesto que su objetivo es la comunión de los hombres con Cristo y, en Él, con el Padre y con el Espíritu Santo”, el Santísimo Sacramento estuvo expuesto en la Capilla a lo largo del día, dando a los jóvenes la oportunidad de encontrar a Jesús presente en la Eucaristía a cualquier hora. Hubo también adoración nocturna, y algunos de los jóvenes se quedaron hasta tarde rezando.

“…sed coherentes con vuestra fe… sed miembros activos de la Iglesia y constructores de paz”

Los talleres apuntaban  a proveer una sólida formación espiritual, con charlas sobre cómo usar las Escrituras en nuestra vida diaria, la confianza en Dios, cómo usar los medios de comunicación, y la vocación al matrimonio y a la vida religiosa. Habíamos preparado también panfletos con las fechas de los Ejercicios Espirituales que se predicarían, e hicimos todo lo que pudimos para promoverlos, sabiendo que es uno de los medios más eficaces para crecer en santidad.

Tal como decía el lema de las Jornadas –“no tengáis miedo”–  los jóvenes demostraron a lo largo del día no tener miedo a la aventura de la santidad, habiéndose acercado a la confesión, participando en la Santa Misa, manifestando públicamente su fe en las calles. Lo celebramos todos juntos el sábado en la noche en espíritu de libertad y alegría con nuestra tradicional fogata. Al desaparecer la luz del día, era hermoso ver, a la luz de la fogata, tantos jóvenes cantando, charlando, asando malvaviscos e, incluso, intentando jugar voleibol en la oscuridad, irradiando esa contagiosa alegría festiva, fruto de una conciencia limpia y de una fortalecida fe.

Es ya tradición que, en la recreación de despedida después del último almuerzo, los grupos de los distintos países y lenguas presenten una o dos canciones. Mientras los diferentes grupos de este año iban cantando, no pude menos que recordar nuestra primera Jornada de jóvenes en el Norte de Europa, hace tan sólo cinco años y maravillarme al ver cuán rápido creció este evento, y agradecer a Dios por permitirme ofrecer a estos jóvenes la oportunidad de vivir un fin de semana lleno de la gracia de Dios.

“Sed contemplativos y amantes de la oración”

Las jornadas terminaron oficialmente con un canto a la Virgen, la bendición final de uno de los Sacerdotes, y el regalo de un libro que publicamos sobre la existencia de Dios. Después del final oficial, dimos a los jóvenes la oportunidad de visitar a nuestras hermanas contemplativas, y nos impactó mucho su auténtico interés, sus preguntas, y sus pedidos de oraciones. Cuando las hermanas les contaron que durante las jornadas ellas habían estado haciendo turnos de adoración día y noche frente al Santísimo Sacramento, rezando por los frutos de las Jornadas, los jóvenes se vieron tan sorprendidos como agradecidos. Una chica dijo “Queremos agradecerles el que recen por nosotros. Por favor, ¡no dejen de hacerlo!”.

“El Señor os quiere apóstoles intrépidos de su Evangelio y constructores de la nueva humanidad”

Después de participar en un fin de semana como este, de intensa actividad dirigida a llevar a las almas a Cristo y a los sacramentos, a proveer un ambiente de caridad, familia y amistad, no podemos más que agradecer a Dios por la gracia de pertenecer a nuestra amada Familia Religiosa.

Quisiera pedirles sus oraciones para que los frutos continúen en las vidas de esos jóvenes, y para que nosotros, los misioneros, respondamos dignamente a las gracias recibidas durante estas Jornadas de Jóvenes.

¡Viva la Misión!

Maria Porta Coeli, SSVM

Misionera en Islandia – Provincia “Nuestra Señora, Puerta de la Aurora”

[1] San Juan Pablo II. Mensaje para los Jóvenes. Jornada Mundial de la Juventud del año 2000.

[2] M. Corredentora. Introducción al libro San José y las Servidoras.

 

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