“Necesito un ejemplo” (= parádigma en griego) es una de las frases que más de una vez dijo un compañero en las clases de griego moderno. El profesor enseñaba un nuevo tema y mi compañero decía: “¿un ejemplo (parádigma) de eso?” o “la verdad, no entiendo, necesito un ejemplo (parádigma)”, u otras frases, a veces muy graciosas, con las cuales de un modo u otro preguntaba lo mismo. Pero no fue el único que pidió ejemplos. Todos necesitamos ejemplos para entender, para “imitar”, para aprender y para progresar.

Los profesores, conscientes de esto, a veces comenzaban dando varios ejemplos, y luego enseñaban la teoría ayudándose de dichos ejemplos. O ante las preguntas o dudas, más de una vez respondieron: “Un momento, tengo que pensar un ejemplo (parádigma)” o “tengo que encontrar un ejemplo (parádigma) mejor que les ayude a entenderlo”. Incluso los ejemplos sirvieron para enseñar las excepciones.

Paradigma no es una palabra ajena al español. La hemos heredado del griego, y con ella indicamos aquello que sirve como modelo o como patrón. Así, p.e., leemos en las gramáticas “paradigmas verbales” o escuchamos frases como “es un caso paradigmático”.

En nuestra vida necesitamos “paradigmas”. La teoría no siempre es suficiente. Más de una vez hemos escuchado: “me inspiro en la obra de…”, “imito lo que hizo…”, “mi ideal es…”, “cuando sea grande quiero ser como…”. No siempre nos alcanza aprender verdades o que nos indiquen cómo podemos ser más buenos o como podemos levantarnos de nuestras caídas, sino que muchas veces “necesitamos ver” cómo lo han hecho otros, necesitamos ejemplos, necesitamos modelos que nos ayuden. Y entonces el camino se allana, porque como dice el dicho, “las palabras mueven, pero los ejemplos arrastran”.

Tenemos muchos ejemplos, comenzado por Jesucristo, que siendo Dios se hizo hombre para que los hombres podamos ir a Dios; tenemos el ejemplo de la Virgen; tenemos el ejemplo de los santos, tenemos el ejemplo de tantos buenos cristianos.

Y seguramente podemos encontrar muchas cosas en las cuales nosotros mismos somos ejemplo para los demás, pero, y éste es el desafío, también encontramos muchas otras cosas en las que tenemos que comenzar a ser un buen ejemplo para que nuestro prójimo encuentre a Dios.

P. Higinio Rosolén, IVE

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