Nada mejor que comenzar el año colocando la vida en orden. Por gracia de Dios casi todos los padres de  nuestra provincia pudimos realizar los Ejercicios Espirituales anuales predicados por el P. Raúl Harriague, quien mucho nos enriqueció con su predicación, experiencia religiosa, misionera y sacerdotal. Todos los padres le quedamos sumamente agradecidos.

“Nada mejor” que acabados los Ejercicios salir de convivencia con los padres rumbo al sureste de este país continente, con la intención de conocer lo nuestro, es decir nuestras misiones, las misiones jesuíticas y la belleza natural de esta región.

Camino a ese destino pudimos visitar la familia de uno de nuestros novicios, que viven en una pequeña ciudad llamada Presidente Epitácio a orillas del Paraná. Dos días después visitamos nuestra parroquia del Estado de Mato Groso del Sur, en Coronel Sapucaia. Allí nos recibieron nuestros padres españoles, Ángel Casabón, Eduardo Cuadrado y los fieles de la parroquia.

Dos días después cruzamos la frontera para visitar a nuestros padres misioneros en Paraguay, en Ciudad del Este. Fueron días intensos. Pudimos ayudar con las Misas y confesiones. “Nada mejor” que vivir el mismo espíritu con los nuestros por estos pagos y poder ver cuanto bien se hace.

“Nada mejor” que poder contemplar las Cataratas del Iguazú con sus imponentes y desafiantes saltos que fueron escenario de gigantes de la misión de estas tierras, como por ejemplo los mártires Rioplatenses Roque González, Alfonso Rodríguez y Juan del Castillo.

“Nada mejor” que continuar la convivencia recorriendo las “Reducciones Jesuíticas”. Ellas son un ejemplo del arte puesto al servicio de la fe: la Via Pulchritudinis. De un modo especial, el arte tuvo en La Reducciones un papel muy importante. Los misioneros jesuitas se dieron cuenta desde el principio de las cualidades naturales artísticas, enormemente receptivas, del pueblo guaraní, y emplearon todas las artes plásticas y la música, sobre todo, como un medio muy eficaz de evangelización, de la inculturación.

Uno de los principales fundadores de las Reducciones, el P. Antonio Ruiz de Montoya (1585-1652), en su libro Conquista espiritual, da esta definición: «Llamamos Reducciones a los pueblos de indios que, viviendo a su antigua usanza en montes, separados a leguas dos, tres y más unos de otros, los redujo la diligencia de los Padres a poblaciones grandes y vida política y humana»[1].

Es evidente que la finalidad última de cualquier misión cristiana es la divulgación del evangelio y la promoción de la vida humana y cristiana. Y esto era lo que pretendían los jesuitas en las Reducciones: la iniciación de los indios guaraníes en una vida cristiana, libre de esclavitud espiritual y temporal, pero, para asegurar esta libertad, los misioneros tuvieron que separar a sus neófitos de los colonos y otros europeos. En eso seguían las Cédulas Reales, confirmadas por Francisco de Alfaro en 1611, después de una visita oficial mandada por el rey. Al fin y al cabo, los misioneros tuvieron que organizar una especie de República de misiones, dentro del imperio español y sujeta a la corona. Fue esta República algo original en la historia de la humanidad, algo que ha aparecido a los filósofos y pensadores como la República de Platón, la Utopía de Tomás Moro, la Ciudad del sol de Tomás Campanella, la Arcadia de Felipe Sidney, y otras visiones idealísticas y utópicas llevadas a la realidad[2].

Es imposible en una crónica contar lo que fue esta epopeya de aquellos misioneros[3]. Sólo, una brevísima mención sobre alguno de ellos:

El franciscano Fray Luis de Bolaños, el historiador jesuita Antonio de Egaña afirma que «en el continente hispanosudamericano ha de considerarse como fundador del método reduccional al franciscano Luis de Bolaños (Historia 190). De él nos da cumplida referencia Raúl A. Molina en su estudio sobre La obra franciscana.

El gran misionero fray Luis de Bolaños, nacido en 1539, a los 79 años, agotado y casi ciego, se retiró a Buenos Aires, en donde murió en 1629. A él y a sus colaboradores se debió la composición de un catecismo, una gramática y un diccionario en guaraní, lengua que hoy felizmente sigue viva, en buena parte gracias a ellos. La presencia misionera franciscana en el Paraguay siguió siendo importante en los años siguientes: en 1680 había 150 religiosos en 11 conventos, y en 1700, 153 en 19»[4].

El Jesuita Antonio Ruiz de Montoya: Uno de los más importantes. Nació en Lima en 1585 y, después de unos años alejado de Dios, su conversión llegó a los 21 años, en que entró en la Compañía de Jesús en 1606. Muy pronto se ofreció para trabajar como misionero en las Reducciones. Escribe de él el P. Maceta:

«Luego que llegó el P. Ruiz de Montoya, edificó mucho y aún admiró a los padres, que en ellas estaban, con el fervor y tesón con que comenzó, o solamente perfeccionarse en la lengua de los indios, que hablaba tan expeditivamente como ellos, con que hizo mucho fruto, sino también en todas las virtudes y obras. Curábalos a los indios en sus dolencias, ayudábalos en sus necesidades con mucha caridad y largueza, quitándolo de la boca para que ellos comiesen. Y así los indios lo amaban y lo veneraban, y él hacía de ellos, aunque fuesen caciques, todo cuanto quería»[5].

Como escribió un testigo:

«Durante 25 años se consagró sin descanso en recorrer selvas y montes, llanuras y esteros, bajo los más ardientes rayos solares, afanoso por reunir indígenas en pueblos o reducciones. Recorrió a pie unos 10.000 kilómetros, casi siempre solo, sin otra arma que un báculo  y sin    otro consuelo que su libro de plegaria y su cruz».

Otro héroe y fundador de las Reducciones fue el P. Antonio Sepp SJ, nacido en Tirol en 1655. En 1691 llegó a Argentina, y fue El Genio de las Reducciones Guaraníticas, como lo califica el historiador brasileño Artur Rabuske. Sepp fue el fundador de varias Reducciones y las llevó al momento de su mayor florecimiento. Era un científico y un músico eximio: tocaba unos 20 instrumentos, y enseñó a los indios a fabricarlos y a tocarlos todos con gran maestría.

Por otra parte, dice el P. Fernando Gutiérrez: «Entre los misioneros jesuitas destinados a las Reducciones hubo algunos dotados de un talento especialmente creativo: el P. Ribera y los HH. Primoldi y Grimau, arquitectos; Brassanelli, arquitecto y escultor; Verger, La Cruz y Grimau, pintores; Sepp, músico, y Doménico Zipoli (1688-1726) que fue quizás el más grande de los músicos cuyas obras se interpretaban en  las Reducciones. Como dice el historiador Arnaldo Bruxel, durante siglo y medio (1609-1668), de los 1.565 misioneros que estuvieron allí, solamente fue necesario retirar a 5 ó 6, casi todos por falta de salud»[6]. Sin lugar a duda que los que no se destacaban por estos dones no les faltaba el celo e ímpetu por la salvación da las almas y el amor a la Esposa de Cristo, la Iglesia.

“Nada mejor…” que volver a nuestras misiones con el espíritu renovado por la intensa vida comunitaria y edificados por estas gloriosas visitas (nuestras misiones y las “Misiones Jesuíticas”). Me falta espacio para contar algo sobre ITAIPU Binacional, la mayor hidroeléctrica del mundo… pero creo que en comparación con las “Reducciones” acaba siendo sólo un pormenor de nuestra convivencia, sin desmerecer una obra tan grande del ingenio humano.

Por todo esto “Nada mejor…” que ser religiosos, sacerdotes, misioneros de nuestra pequeña y querida familia religiosa. ¡A Dios gracias! Y a todos los que fueron sus dóciles colaboradores en esta convivencia de los Sacerdotes del IVE en Brasil.

Padres de la Provincia “Nuestra Señora Aparecida”.

__________________________

[1] Antonio Ruiz de Montoya, S.J., Conquista espiritual hecha por los religiosos de la Compañía de Jesús en las Provincias de Paraguay, Paraná, Uruguay y Tape. Madrid, 1639.
[2] Cf. Fernando G. Gutiérrez, S.J., Labor misionera en Hispano-América.
[3] Para una descripción completa de las “Reducciones”, Cfr. Guillermo Furlong. S.J, Misiones y sus pueblos de guaraníes Balmes, Buenos Aires -1966; Bartomeu Meliá, S.J, Guaraníes y Jesuitas en tiempos de las Misiones, CEPAG, Asunción -1995; Ludovico A .Muratoni, Il Cristianesimo felice nelle missioni dei padri della Compagnia di Gesú, Sellerio Editore, Palermo -1985.
[4] José María Iraburu, Hecho de los apóstoles de América,Gratis Date, Pamplona3, p.197.
[5] Citado por Clement J. McNaspy en “Una visita a las Reducciones Jesuíticas, p. 25.
[6] Fernando G. Gutiérrez, S.J. Labor misionera en Hispano-América.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here