Por: P. Andrés José Bonello, IVE
Superior Provincial - Prov. Nuestra Señora de Loreto (Italia, Albania, Grecia)

 

Como todos sabemos, el mundo entero ha sido afectado por la pandemia del COVID-19. Sin embargo, Italia es el país más afectado. Ante esta situación, muchos nos preguntan de qué modo hemos podido colaborar, desarrollar nuestros apostolados o asistir a los enfermos.

Nuestra provincia tiene comunidades religiosas en ciudades en donde el virus afectó grandemente a la población, sin embargo, no se encuentran en las zonas de Lombardía, que son las más afectadas. Los sacerdotes del IVE y las hermanas se las Servidoras presentes en Turín, Génova y Ravenna pueden dar testimonio de la triste situación actual.

Lamentablemente, está absolutamente prohibido por el gobierno visitar enfermos de COVID-19 por miedo a la difusión del contagio. Ni siquiera se les permite a los capellanes de los hospitales visitar a los enfermos, salvo en casos donde la muerte del paciente sea prácticamente inminente, y observando siempre la mayor distancia posible. Esta distancia es ciertamente lo más doloroso de toda esta situación, tanto para los sacerdotes como (y sobre todo) para los mismos enfermos, al no poder recibir el consuelo sacerdotal frente a una prueba tan dura como esta. Les contamos brevemente algo de lo que hemos podido hacer.

 

Seminario mayor

El P. Tomás Bonello, rector del seminario, se puso en contacto con el Obispo y párrocos de la diócesis de Viterbo donde se encuentra el seminario de Montefiascone para ofrecerse a asistir en los hospitales. La respuesta fue que no se permite ningún tipo de asistencia y pidieron que los seminaristas no salgan del seminario, salvo en caso de extrema necesidad.

Se ha intentado acompañar a los enfermos con la oración, especialmente organizando una adoración eucarística los domingos en reparación por aquellas almas que no pueden participar de la Santa Misa.

Por otro lado, aunque es permitido celebrar de la Santa Misa en las comunidades religiosas, vemos conveniente no transmitirla a través de las redes sociales. Ya que la comunidad del seminario es muy numerosa y podría causar la impresión de ser una misa «a puertas abiertas». Lo cual escandalizaría a la ya asustada población de Montefiascone.

 

Turín

En Turín se encuentra internado uno de los parroquianos de nuestra parroquia “María, Madre de la Iglesia”, quien junto a su familia frecuentaba la misa dominical. Ya que no le es permitido al P. Giuseppe Calvano visitarlo, todos los días lo llama a su celular para darle ánimo y una visión sobrenatural de lo que sucede. El padre Giuseppe lo anima a confiar en la protección de la Virgen, de ofrecer la situación para unirse a los dolores de Cristo en su Pasión y a dedicarse a la oración. Mino, el paciente, le respondió hace poco, cuando comenzó a sentirse un poco mejor:
“Padre, paso todas las noches en oración continua … tengo la medalla de la Virgen siempre en la mano, es mi única seguridad en este momento… continúo a luchar y me hago acompañar en los momentos más difíciles por Dios y la Virgen”.

El P. Danilo Palumbo, compañero de comunidad del P. Giuseppe en Turín, está acompañando el caso de dos personas ancianas, siguiendo el mismo método. También ellas comienzan a sentirse un poco mejor.

Ambos sacerdotes realizan en su parroquia el Rosario “en cuarentena”. Es decir, ponen los parlantes fuera de la parroquia y rezan con la gente que se asoma desde sus balcones para acompañarlos.

 

Génova

En Génova el p. Ernesto Caparros ofreció total disponibilidad al Cardenal Bagnasco, quien en carta circular pidió voluntarios para hacer compras a los ancianos que no se animaban a salir de sus casas. Hasta el momento no los han llamado, pues el Cardenal tiene esperanza de que pronto se les permita a los sacerdotes entrar a los hospitales. Les pidió que estén disponibles para ello, sobre todo, por un barco que se encuentra a 100 metros de nuestra parroquia y que recientemente se ha habilitado como hospital de enfermos del COVID-19. Apenas permitan asistencia espiritual veremos de colaborar generosamente con la diócesis.

 

Ravenna

El P. Johntine Lokang es el único capellán del enorme hospital que hay en Ravenna. Junto al P. Jorge Altamirano pudo administrar los sacramentos de la unción y confesión a dos enfermos de COVID-19 en estado terminal, quienes fallecieron poco tiempo después. Dado el estado de los enfermos los médicos decidieron exceptuar al P. Johntine, tomando todas las medidas necesarias. Los padres están disponibles para cuando les piden asistencia, aunque sólo es permitido en estado de extrema necesidad.

 

Parroquias en general

En el resto de las parroquias del IVE, los padres siguen asistiendo a sus enfermos y ancianos. Especialmente aquellos que piden explícitamente ser atendidos. A quienes lo piden también les llevan la comunión, aunque siempre con las debidas precauciones para evitar el posible contagio. El P. Damiano Grecu, de Sezze, dirige una breve reflexión y anima a sus parroquianos todos los días a través de videos breves. El P. Maxim Gurezov está realizando videos de espiritualidad para el grupo de jóvenes de las Voces del Verbo, muchas parroquias transmiten la santa misa por las redes sociales, y así en general todos hacen lo máximo que pueden, o más bien, lo que se les permite hacer.

Es muy difícil en estos momentos que se nos permita una colaboración directa en la asistencia espiritual de los enfermos. En breve, el apostolado permitido es el de los medios de comunicación. Allí están los padres y hermanas intentando hacer llegar la Palabra de Dios de cualquier forma posible. La hermana Stella del Mare, junto a otras Servidoras, están desarrollando la página web de “Ejercicios espirituales online” (italiano). Dios mediante, en esta semana podrán comenzar.

 

¿Se puede hacer algo más?

Es una situación difícil, pues no es fácil comprender cuál es nuestro deber, dadas las prohibiciones de todo contacto. Pero nosotros sabemos que nada escapa a la Providencia de Dios y sabemos que Él nos pide algo ante esta situación tan particular. Y lo que pide a este mundo frío e indiferente con esta situación dramática son dos cosas: conversión y reparación.

Mientras muchos buscan las causas del virus en cuestiones humanas (que pueden ser ciertas), para nosotros la conversión del pecado y la reparación por los mismos son lo que eliminarán la amenaza a la vida terrena, habiendo antes salvado la eterna. Aquí debemos comprender que no debemos “temer a quienes tienen poder para matar al cuerpo, sino a quien puede matar el alma”.

Tal conversión y reparación, dirigida a todo el pueblo, debemos primeramente asumirla nosotros para bien de Italia y todo el mundo. Los religiosos debemos “pedir al cielo el bien de la tierra”.

Ante la terrible epidemia del cólera a la que fue sometida la ciudad de Segni en el 1854, el pueblo segnino, encabezado por sus Pastores y autoridades civiles, profesó el voto de gratitud a la Virgen Dolorosa por el fin de la peste. Ante la Virgen, el pueblo, con voto, prometía “solemnemente de amar y honrar el nombre santo de Dios, de huir de la blasfemia, las críticas, faltar a la misa dominical; de mantenerse siempre fiel al nuestro Salvador Jesucristo, a su Iglesia, a su Vicario en la tierra, el Sumo Pontífice, de transmitir y defender por amor a sus hijos el sacro depósito de la Fe y la devoción a la Madre del Cielo” (cfr. Don Bruno Navarra, La Madonna Addolorata di Segni, Segni 1987, 77).

Eso es lo que podemos y debemos hacer. Especialmente los sacerdotes que presentamos el pueblo ante Dios. Nosotros, pues, en primera fila, debemos ofrecer nuestra conversión y ofrecernos como víctimas con la Víctima. Por ello hemos decidido renovar nuestra consagración y como medio eficaz para obrar una “segunda conversión” anticiparemos los ejercicios espirituales anuales realizándolos en la Semana Santa. Se predicarán especialmente en las casas de formación, animando a quienes no pueden salir de sus casas a hacerlos allí.

Todos, más que nunca, vemos en esta situación una llamada de Dios a renovar nuestra disposición a vivir las bienaventuranzas, a vivir el anonadamiento de Cristo en su Encarnación, a entrar en las noches, en renunciar al diablo, al mundo y a la carne… en modo especial a ser esencialmente marianos.

Hemos confiado la protección de Italia y del Instituto a la Virgen de Loreto, a quien los seminaristas le han construido un pequeño altar. Llevaremos su imagen en procesión y profesaremos con solemnidad nuestra promesa de siempre recordar este tiempo con gratitud, por la protección que sin duda Ella nos ofrecerá y por la cual hemos de buscar en esta cuaresma un verdadero espíritu de conversión y reparación.

 

 

P. Andrés José Bonello, IVE