Querida familia religiosa, quisiera compartir con ustedes la extraordinaria experiencia que he experimentado junto con tres seminaristas del seminario “San Vitaliano Papa”, visitando nuestra misión en Ushetu, Tanzania.

La primera semana se predicó una misión popular en la aldea de Mbika que pertenece a nuestra inmensa parroquia, a pocos kilómetros de la casa de nuestros padres y hermanas en Ibelansuha. El grupo de los misioneros estaba formado de padres, hermanas, postulantes, nosotros y un grupo de voluntarios, dos chicas de China y muchos jóvenes que venían del pueblo de Kangemi donde se predicó la misión el año pasado.

Todas las mañanas, a las 6, comenzaba el Rosario de la Aurora con muchos participantes, incluso niños, que venían caminando en la oscuridad por los caminos de tierra de la aldea. Luego la Santa Misa seguida de una hora de adoración Eucarística y después del desayuno se salía en grupos para visitar las casas.
En cada grupo había uno de los postulantes, voluntarios y un seminarista. Estábamos muy limitados por el idioma, pero sin embargo podíamos bendecir las casas y conversar con las personas ayudados por los traductores. En estas visitas pudimos ver la pobreza de esas personas, y fue muy fuerte ver sobre todo la miseria moral de los paganos. Siempre la gente nos recibía con grandes sonrisas y mucha amabilidad. Muchas personas bautizadas están casadas con paganos y la poligamia todavía se practica. Por la gracia de Dios fue posible administrar dos bautismos después de las visitas de los misioneros.

También fue posible visitar las escuelas primarias y secundarias de la aldea, con algunas catequesis y testimonios para jóvenes y niños.

Por la tarde, después del almuerzo preparado por las mujeres en el fuego, venían muchos niños a jugar en la cancha de tierra, y después, el “santo lío”, cantando canciones clásicas traducidas al swahili, un gran lio de niños y misioneros saltando y gritando hasta el centro del pueblo donde comenzaba la procesión con la imagen de la Virgen hacia la iglesia. Siempre había mucha gente y todos seguíamos rezando el rosario alternando con alegres coros.
En el acto misionero participaban todos los niños, luego el espectáculo con las canciones, los sketches y la magia del padre Orazio. Después de cantarle a la Virgen, todos regresaban a sus casas caminando en la oscuridad, incluso grupos de niños que vivían lejos.
La atmósfera de alegría era realmente impresionante, especialmente entre los voluntarios. Al final del día los acompañábamos a la parroquia y todos apretados en el jeep seguían cantando cantos a la Virgen con todas sus fuerzas.

Después de la misión visitamos algunos pueblos donde los padres van solo dos o tres veces al año, dada la gran cantidad de capillas que tienen que atender y su distancia del centro parroquial. Uno en particular, el de Salawi se encuentra a 40 km de la casa de los padres y debe ser alcanzado con un camino muy ruinoso que en la temporada de lluvias se inunda.
En cada pueblo se siguió el mismo procedimiento: llegada, saludos, desayuno típico, y luego el padre confesaba mientras que nosotros jugábamos con los niños y jóvenes (cuando ven una pelota y una cuerda se reúnen todos los niños del pueblo) y luego la Santa Misa. No hay horarios fijos y las personas pueden esperar incluso durante horas rezando el rosario en la iglesia sin problemas.
Increíble la alegría de los niños al tener algo con que jugar, la alegría de todas las personas de poder asistir a la Santa Misa y su gran deseo de hablar con el padre. Alegría junto con gratitud hecha de canciones, gestos amables, sonrisas y ofertas generosas: arroz, maíz, frutas. La fe de la gente y su deseo de recibir la Eucaristía es verdaderamente un ejemplo, y de esto agradecíamos cuando al final de cada misa el catequista del pueblo nos pedía de presentarnos a los fieles.

En este viaje también hemos visto los trabajos de nuestras hermanas: la escuela primaria muy bien atendida y el dispensario donde se guardan las medicinas y se atiende a los enfermos las 24 horas del día.
Luego pasamos unos días en nuestra casa de formación donde los postulantes viven con los padres Orazio y Jaime, la “finca” de Tanzania. Hemos trabajado con ellos la fabricación de ladrillos para la iglesia que están construyendo con sus manos, come ya han construido su casa, el comedor y el canal que trae el agua desde el pozo que los padres han hecho cavar a la casa parroquial. Fue muy formativo, sobre todo, ver cómo trabajan los postulantes y el gran deseo que tienen de aprender todo, de ser novicios del Instituto.

Por último, este viaje fue para nosotros una gran lección: ver el esfuerzo y el sacrificio que hacen nuestros misioneros y misioneras para la inculturación del Evangelio en un país pobre y todavía impregnados de la mentalidad pagana.
Una gran enseñanza para apreciar y agradecer a Dios por tener esas cosas que nosotros consideramos banales, pero que para esas personas son bienes de lujo, como el agua, la luz. Sobre todo, agradecer a Dios por haber recibido la fe católica, la única salvación y el único medio de desarrollo de la sociedad. Fe que esas personas simples manifiestan con su devoción, con sus canciones alegres. Personas que todos los días tienen que sacar agua para lavarse y cocinar caminando con un cubo sobre la cabeza en caminos polvorientos a veces por kilómetros. Personas que deben tratar de sobrevivir en un mundo que todavía está atrasado para nosotros, sin luz, sin gas, sin máquinas, sin camas, sin muebles, pobres, pero ricos en Cristo, siempre sonrientes, que siempre tienen el saludo cristiano en sus labios: “¡Tunsifu Iesu Kristu … ..Milele amina!”

P. Lorenzo Senaccioli, IVE

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