En Nueva York todavía quedaba nieve sobre la tierra, el viernes 10 marzo, cuando llegué al aeropuerto para encontrarme con siete estudiantes de diversas universidades y cuatro misioneros de FOCUS (Fellowship of Catholic University Students – Asociación de estudiantes universitarios católicos). Se trata de un instituto nacional que tiene la misión de anunciar el Evangelio entre los alumnos universitarios. Como parte de su apostolado, esta institución organiza distintos viajes de misión alrededor del mundo durante las vacaciones. Desde hace algunos años, nuestra Familia Religiosa ha acompañado en estos viajes a los misioneros en nuestras misiones extranjeras como Guyana y Filipinas

Guyana_Mision_01Estos jóvenes sacrificaron sus vacaciones de primavera para hacer un voluntariado con nuestra Familia Religiosa en Guyana. Venían de diversas partes del país, como Texas, New York, Carolina del Norte, etc; algunos ya habían viajado en otras ocasiones, pero para otros esta sería la primera vez que saldrían del país. Estaban ansiosos por escuchar acerca de la misión en Guyana y sobre lo que ellos harían exactamente en este viaje. Aprovechamos que quedaron varias horas de espera en el aeropuerto para dar algunas charlitas sobre la oración y los sacramentos y también sobre algunas cosas prácticas. Les expliqué lo que conocía yo de Guyana -gracias a mi previa experiencia- y la estructura y el propósito de una misión popular.

Llegamos a Guyana cerca de las 7 am del sábado, hicimos los trámites de aduana bastante rápido y nos encontramos con dos feligreses muy generosos que nos llevaron hasta Parika (entre una hora y media o dos de camino). En Parika nos encontramos con la M. Alborada y la M. Caridad, desde ahí debíamos seguir nuestro viaje a Siriki, una pequeña comunidad en el río Pomeroon. Para llegar aquí, primero habría que cruzar el río Esquiboo, lo cual significa un viaje de dos horas en ferri. Después teníamos que manejar una hora hasta Charity, donde está la parroquia San Francisco Javier, en cuya rectoría tomamos una merienda. Después de cargar el barco con todas nuestras cosas, fuimos por el río Pomeroon a la casa de la Sra. Shirley, asistente parroquial de Siriki, donde cenaríamos.

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A este punto, los misioneros habían ya viajado más de 24 horas. En el centro misional el P. Humberto Villa, IVE, dirigió las vísperas y después de la cena, nos dio una introducción sobre la misión en Siriki. Luego de dividir el grupo, nos fuimos a acostar: las hermanas Gloria Dei, Faithful Virgin y yo nos quedamos con las chicas en la casa de la Sra. Shirley mientras los chicos fueron con el P. Humberto a la casa de otro feligrés. Eran las 9 p.m. ¡Todos agradecieron la oportunidad de descansar temprano!

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Siriki es una de las cinco comunidades sobre el río Pomeroon que pertenece a la parroquia San Francisco Javier, Charity. El único modo de acceder a la iglesia, así como las casas que debíamos visitar, es en embarcación.

El P. Humberto quería que visitáramos a todos los feligreses para enseñarles el catecismo, especialmente para formarlos con respecto a los sacramentos y a la Iglesia, y para enseñarles cómo rezar el rosario y leer las Escrituras.

Durante nuestra semana en Siriki recibimos muchas gracias, pero hay una en particular que deseo compartir con ustedes. Después de la primera mañana de visitar las casas, el P. Humberto me pidió reunirme con un señor David, por la tarde, para empezar a darle clases de catequismo. Él debía llegar a las 4 p.m., pero como en la cultura de Guyana esto significa quince minutos o inclusive media hora más tarde, pensé que tendría tiempo para preparar la lección. Sin embargo me sorprendió, pues llegó a las 4 p.m. en punto. Recé al Espíritu Santo y después de presentarme empecé la lección. Una media hora más tarde vi a una pareja de ancianos bien vestida, caminando por el muelle. Se acercaron y se presentaron como David y Unis. Me explicaron que venían para las clases de catequismo. Yo estaba confundida, de repente tenía dos “David” en mi pequeña clase, pero seguí la lección y confié en que con el Espíritu Santo estos detalles se arreglarían “ya mismo”, como se dice en Guyana.

Al día siguiente, el primer “David” no pudo asistir al catecismo porque tuvo que llevar a su esposa al hospital para ver los resultados de sus exámenes. Su esposa, Olive, tiene cáncer. No obstante, el segundo “David”, con su esposa Unis, asistieron otra vez a mi clase. La lección terminó temprano, y aproveché para charlar con ellos y así descubrir cuál de los dos “David” era el que había conocido al P. Humberto. Allí supe que el primer “David” era quien conocía al P. Humberto, mientras que esta pareja había sido visitada por un equipo de misioneros y Griffin, la directora del grupo de FOCUS, los había invitado a venir a la iglesia. El hombre era hindú y su esposa, católica bautizada, nunca había recibido los otros sacramentos. Los dos querían casarse por Iglesia y recibir todos los sacramentos. Yo estaba sorprendida de que después de una visita de los misioneros, tuviesen un deseo tan firme de entrar a la Iglesia.

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A medida que la semana avanzaba, mi pequeña clase iba creciendo, pero David y Unis eran los estudiantes más fieles. El último día de la misión, los vi acercándose desde el muelle, pero había algo diferente en su forma de actuar. Normalmente caminaban juntos y lentamente, pero esta vez David caminaba dos pasos adelante de su esposa. Cuando me acerqué para saludarlos, me dijeron que querían hablar con el padre. Les presenté al P. Humberto y esperaba con esperanza gozosa, mientras ellos le hablan acerca de su deseo firme de entrar en la iglesia y recibir el matrimonio. Él insistió que quería ser bautizado y hacerse miembro de la Iglesia Católica.

Mientras el P. Humberto les hablaba, otra pareja de mi clase se acercó para hablar con él. También ellos querían recibir el sacramento de matrimonio y la esposa quería recibir más clases, para aprender todavía más sobre los sacramentos. Vi en ellos, también, una marcada resolución de querer pertenecer a la Iglesia.

Gracias al trabajo realizado en esta misión, el apostolado para nuestra Familia Religiosa ha crecido en Guyana. Dos veces por mes, una de las hermanas enseña el catequismo de adultos en la iglesita en Siriki. Les pido sus oraciones por los continuos frutos de esta misión y por la perseverancia de los que se están preparando para recibir los sacramentos.

¡Viva la misión!

En Cristo y María,

Hermana Maria Thalassa

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