En nuestra parroquia de Ushetu contamos con 46 capillas, y ahora quería contarles sobre la visita a una de ellas, como para que se den una idea de cómo es nuestro trabajo en la misión del IVE en Tanzania.

Hace unos quince días fui a la aldea de Mwendakulima, que significa “zona de cultivo”, que no es una de las mas lejanas, pero lo que tiene de particular es que para llegar hay que cruzar un río, que en esta época del año viene muy crecido. Así es que salí en la “piki-piki” (en motocicleta) y luego de media hora de viaje llegué al río. Allí suelen esperar en la orilla algunos hombres con pequeñas canoas que hacen el trabajo de cruzarte. Por este trabajo cobran 2.000 sheelings, un poco más de un dólar. Allí también estaba esperándome el catequista, Petro. Luego de algunas dificultades para subir la motocicleta a la balsita (ya que es una moto grande y pesada)… comenzamos la navegación. Como verán en las fotos, no era mucho lo que sobresaría la balsa sobre la línea de flotación. Gracias a Dios, el trayecto no es muy largo. Ya en la otra orilla continuamos el viaje en piki-piki por una hora mas.

En esta aldea me esperaban para hacer la ceremonia de Ramos, pero recién al día siguiente. Luego de los clásicos y muy hospitalarios recibimientos, cené con el catequista y algunas personas mas, y nos fuimos a dormir.

Padre Johntin (IVE) confesando
Padre Johntin (IVE) confesando

En este lugar hay una capilla muy humilde, así que todo se preparó afuera para la ceremonia. Además porque aprovechaban a venir de otras cinco aldeas cercanas, dado que muchas de ellas sólo reciben la visita del sacerdote tres o cuatro veces al año, si son afortunadas. Así que la multitud de 150 personas que estaban presentes, no cabían en la pequeña capilla de adobe y techo de paja. Fueron llegando los católicos de las aldeas vecinas de Celeli, Tumbo, Makondeko, Miluli, y Nyaza. Mientras se hacía tiempo para la misa, estuve confesando cerca de una hora.

La misa de Ramos fue realmente hermosa, con la bendición de las palmas que traen para esta ocasión. Cantos muy alegres, como es costumbre. Luego de la misa, el almuerzo para todas las personas presentes, que fue posible gracias a la generosidad del “líder” del Kigango (capilla), que en este caso es una mujer, que se llama Modesta. Es de aclarar que los líderes de cada capilla los eligen los fieles, por votación, y duran por tres años. También esta señora donó 500.000 shellings para la construcción de una nueva capilla, que es una buena cantidad de dinero para la gente de estos lados.

Finalmente, después del almuerzo, me llevó el catequista a ver los enfermos, como siempre se hace. En esta oportunidad fueron cuatro, que recibieron a Cristo sacramentado, verdaderamente agradecidos porque venga hasta su casa en estos lugares tan apartados. Ya no quedaba tiempo para volver hasta la parroquia, contando que había que volver a hacer la travesía por el río… así que pude compartir otra cena con el catequista Petro, quien me acompañó al día siguiente de nuevo hasta la orilla del río. Ellos disfrutan realmente atendiendo al sacerdote, y se alegran mucho de poder tenerlo con ellos al menos un día cada tres o cuatro meses.

Una de estas noches, charlando con el P. Diego sobre esto, reflexionábamos en que nos debe hacer pensar, que muchas veces tenemos la asistencia del sacerdote, tenemos la misa todos los domingos, y hasta todos los días… y cuántas veces no lo valoramos lo suficiente.

Dios los bendiga. Recen por nuestra misión.

P. Johntin Lokang, IVE.

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