El pasado 25 de enero participamos del encuentro ecuménico en la Basílica de San Pablo Extramuros, junto con el Santo Padre y muchos representantes de distintas religiones cristianas.

Mientras hacíamos la fila para entrar, se me acercó un señor quien me pregunta en inglés si yo pensaba que podíamos lograr ingresar a la Basílica antes de la llegada del Papa. Distinguí el acento nórdico y pregunté si era alemán, a lo cual me respondió que era noruego. Vive cerca de Hammerfest, la ciudad más nórdica del mundo. Me contó que en esta época del año hay unas pocas horas de luz al día. A un punto me dijo que era católico, cosa que es bastante insólita para un noruego. Le pregunté si había una parroquia cerca de donde él vive y me respondió que a 30 km de distancia, en la ciudad de Hammerfest, hay una misión de los padres de la Sagrada Familia, que abarca un territorio grande como Dinamarca. Le comenté que nuestra congregación tiene misiones en Islandia y que los sacerdotes de nuestra Familia Religiosa están también en Groenlandia. Cuando escuchó esto se le iluminó la cara. Contó que había vivido un tiempo allí, pero que tuvo que regresar porque era médico y allí le pedían hacer abortos a lo cual él se había negado. Preguntó dónde está la parroquia de nuestros misioneros y le respondí en Nuuk y que se llama “Cristo Rey”. Le gustó mucho el nombre, pero dijo que cuando había preguntado hace unos tres o cuatro años atrás si había una Iglesia Católica allí, le habían dicho que solamente en el verano venían sacerdotes. A Stefan le había impresionado mucho la situación de vida en el país. Estuvo viviendo en Nuuk y también en la costa oriental, donde hay solo dos pueblos con nombres impronunciables. Uno de estos pueblos tiene solamente cuatrocientos habitantes y viven totalmente de la caza y de la pesca. Allí había visto osos polares a pocos metros de distancia.

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En fin, cuando regresó a Noruega, decidió hacer rezar Misas para que hubiera sacerdotes permanentes en Groenlandia. Me comentó que ya van por lo menos treinta Misas ofrecidas por esta intención y cuando le repetí que los sacerdotes de nuestra congregación están allí desde hace ya varios años de modo permanente, se puso muy feliz.

Alcancé a darle una tarjeta nuestra y anotarle las direcciones de las páginas web, para que él mismo pudiera verificar acerca de la misión. A la vez le pedí que siguiera rezando por los misioneros en este lugar tan difícil, a lo cual se comprometió. Luego nos separamos, porque él tenía que esperar a su esposa que había quedada atrás en la fila.

Después de las Vísperas vi de nuevo a Stefan que estaba sacando fotos a las hermanas del estudiantado con las cuales me encontré. Él ya había hecho un intento de hablar con las hermanas, pero dado que nadie sabía hablar bien inglés, no entendían lo que quería decirles. Aún conmovida por la historia, lo presenté a las hermanas y él me presentó su esposa; pero no pudimos seguir hablando porque los guardias nos estaban solicitando de dejar la Basílica velozmente. Al despedirnos alcanzó a decirnos que nos contactaría por mail. Había una alegría muy especial. Fue realmente muy conmovedor el encuentro con Stefan y su esposa, ambos tal vez alrededor de 55 años, que mostraron una gran alegría al constatar que Dios había escuchado sus oraciones. Me emocionó pensar que este hombre tenía tal consciencia de la importancia que tiene la presencia de una sacerdote en medio de un pueblo, que hacía rezar muchas Misas por esta intención, pidiendo a Dios que enviara un pastor para Su rebaño.

Es cierto que no tenemos que pedir a Dios poder ver los frutos de nuestros apostolados y oraciones, pero por algún motivo Dios quiso consolar a estas almas, por el bien que están haciendo a la misión en Groenlandia. Y a nosotros también nos consoló, haciéndonos saber que hay en el mundo almas generosas que rezan y se sacrifican por la misión y los misioneros, aún desde los rincones más insólitos e inesperados del mundo. “El viento sopla donde quiere”…(.Jn 3,8).

 M. María de Anima Christi

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