Momento de recreación en el parque
Momento de recreación en el parque

La Divina Providencia me ha puesto en ocasión de ver cómo arde el fuego que Jesucristo vino a traer sobre la tierra.

El ser humano es, entre los seres vivos, el más necesitado de la ayuda, el amor y la compañía de sus semejantes. Esto es así desde su nacimiento.

Abundan en nuestros tiempos ejemplos gélidos del desamor en todo ámbito de la vida humana. Pero abundan también, sin reportajes ni publicidades, ejemplos del amor más puro, desinteresado, sólo vivido por ser discípulos de Jesús, ‘en esto conocerán que son mis discípulos: en que os améis los unos a los otros’. Son hacedores de bien por ser fieles al pedido y al ejemplo de Jesús.

Pues Jesús nos mandó: ‘amaos los unos a los otros como Yo os he amado’. Y Él sacralizó el amor al prójimo, pues ‘el que dé de beber aunque sea solo un vaso de agua a uno de estos mis pequeñuelos, sólo por ser mi discípulo, a mí me lo ha hecho’.

Mi hermano sacerdote está internado desde hace más de quince días en un Centro de rehabilitación en Mendoza. En esta ciudad no tenemos familiares, y no tenemos tampoco Casa Religiosa de nuestros Institutos.

Cuando consiguió la tan ansiada internación, surgieron varias preguntas: ¿quién lo visitará al mediodía y a la tarde, cuando se abren las puertas del Centro a las familias, para que acompañen a sus conocidos en el almuerzo, la cena o el tiempo libre?; ¿cómo asistirlo en sus Santas Misas celebradas en la soledad de su cuarto?; ¿por cuántos días no podrá cruzar con un conocido unas palabras comentando su día, lleno de descanso forzado, ejercicios, estudios médicos, cansancio físico?; ¿quién lavará su ropa?, ¿quién le alcanzará algo que necesite y que surja de forma imprevista, estando nosotros a tanta distancia suya?

Cierto que Dios suple. Y Dios suplió en abundancia.

Con el grupo terapéutico
Con el grupo terapéutico
Actividades al aire libre con el grupo terapéutico
Actividades al aire libre con el grupo terapéutico

Él, que viste a las flores del campo y da de comer a los pajarillos, con la Gracia que vino a traer a la tierra derramó el amor en los corazones, para que el necesitado tenga como el pajarillo su pan y descanse en su Providencia, y el que lo ayuda tenga su bendición y gozo, pues ‘aquél día diré: vengan benditos de mi Padre a poseer el Reino que les estaba preparado… porque estaba desnudo y me vestisteis… enfermo y me visitasteis…’ y ‘hay más alegría en dar que en recibir’.

En Mendoza, muchos católicos que no conocían a mi hermano, anoticiados de su situación, se acercaron y se acercan a él, movidos sólo por esta caridad cristiana. No hay hora de visita en que no haya una ancianita, o una señora o señor, sentados a su lado. Tiene su ropa semanalmente lavada por el sacrificio de otras mujeres católicas, que en medio de sus viajes de llevar y traer a sus hijos, de cuidar a sus nietos, de salir de su trabajo, se acercan al centro a pedirle al Padre su ropa… y a aprovechar a visitarlo. Ancianitas que no haciendo caso del frío o de la edad, se turnan con sus amigas, para no dejarlo sólo al Padre, en la hora de visita.

Todos los pacientes participan en los juegos
Todos los pacientes participan en los juegos
Con el kinesiólogo en el gimnasio
Con el kinesiólogo en el gimnasio

Tampoco le faltan feligreses en la celebración de la Santa Misa. Los pacientes, sus compañeros, que quieren participar de esta gracia se vuelven sus monaguillos, sacristanes, o ayudantes para revestirlo según las limitaciones de su discapacidad. Y así el comedor del Centro se convierte diariamente en Capilla, a donde al principio asistían uno o dos enfermos y hoy ya suman ocho.

En ese lugar, quizás por primera vez, Jesús es elevado en la Hostia Consagrada y el sacerdote ejerce su ministerio con las ovejas: sus compañeros de gimnasio e internación.

Celebrando la Santa Misa en el comedor
Celebrando la Santa Misa en el comedor

Bendita sea la Sangre fecunda de Jesús que formó Verónicas y Cireneos que conforten a sus semejantes en el camino de la Cruz. Pues la Cruz la debemos llevar todos, ‘el que quiera seguirme tome su Cruz y me siga’. No podemos quitarle la cruz del hombro a nadie, es su camino de santificación, pero podemos aliviársela.

Y mi hermano encontró Cireneos y Verónicas mendocinos, sanrafaelinos y vaya a saber de dónde más… que con sus oraciones y ayuda concreta, le están sosteniendo y confortando en esta estación de su Vía Crucis.

Que la Santísima Virgen, bendiga a quienes consuelan a su Hijo en la persona de su hijo sacerdote.

La hermana agradecida de un sacerdote

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