El año pasado nuestro Hogar Divina Misericordia, cumplió diez años de fundación, y pudimos conmemorar esta gran fiesta con la inauguración de una nueva construcción y de una hermosa capilla en honor al Glorioso San José. Tuvimos la presencia de nuestro Obispo diocesano, Mons. José Negri, que haciendo honor a su nombre, también ha sido un verdadero Padre para nosotras, y quiso estar presente en este momento tan significativo.

¡Cuántas cosas suceden en diez años!… ¡Cuánto bien realizado y cuánto bien recibido en una casa de misericordia! ¡Cuántas veces Jesús fue visitado, alimentado, cuidado, amado en los más pequeños! Y ¡Cuántas gracias fueron recibidas e iras divinas repelidas por la vida de esas pequeñas víctimas!

¡Y esa es la pedagogía del amor Divino!… Es verdad que nosotras cuidamos las deficiencias de aquellos que asistimos, ¡no es menos verdad que la vida de ellos también sana nuestras deficiencias! Nos hace salir de nosotros mismos, nos hace tener una visión sobrenatural, nos saca de nuestra comodidad. ¡Cuántas vocaciones atraídas por esa obra de Caridad! ¡Cuántas consciencias de personas que visitaron el Hogarcito quedaron impresionadas y choqueadas por el testimonio que presenciaron al entrar en esta casa!

Con gran dificultad comenzó esta obra, y con la ayuda de tantas y tantas personas, la casa hoy no parece la misma de los inicios. Y si ahora, por la infinita providencia de Dios, podemos dar más conforto y mejores condiciones para la vida de aquellas que aquí viven, sabemos que infinitamente más es lo que el Señor hizo y sigue haciendo en el campo espiritual, y que lo que más tiene que crecer y seguir en un movimiento cada vez más ascendente es la caridad.

Actualmente atendemos 19 mujeres, entre 18 y 57 años. Cada una con una discapacidad diferente, tanto mental como física, con una historia de vida muy difícil. Tanto algunas que ya nacieron así, como otras que llevaban una vida absolutamente normal, y por una enfermedad degenerativa o por un accidente cerebral vascular, necesitan hoy de una atención y cuidado del todo particular. Algunas nunca tuvieron contacto con su familia, siempre vivieron en albergues; otras fueron retiradas de sus casas por negligencia y malos tratos; otras, la familia no estaba en condiciones de cuidarlas. Hay y hubo casos de madres e hijas que están con nosotras. Actualmente, sólo tres de las diecinueve, recibe visita de sus familiares.

En estos diez años, cuatro personas que estaban bajo nuestro cuidado fallecieron, pudiendo recibir los sacramentos, gracias al Buen Dios. Con excepción de dos – una porque se dice atea, y la otra porque se está preparando – todas son bautizadas, y las que tienen condiciones también recibieron la primera comunión. Todos los viernes y domingos participan de la Santa Misa, un día en la capilla del hogar, y el otro en la comunidad parroquial. Rezan diariamente el Santo Rosario y son devotas de San José, principalmente una de ellas, que todo lo que pide, Dios se lo concede. Los sábados las novicias y junioras hacen apostolados en el Hogar, y les dan clases de catequesis.

Dos de las jóvenes hacen curso de repostería, una realiza un curso técnico y superior en administración, y todas realizan actividades manuales. Siempre que es posible realizan paseos, también van al Convento y al Seminario para participar de las fiestas de la Familia Religiosa.

Hace dos años comenzamos a tener un convenio con la Municipalidad, para tener un equipo de profesionales en el Hogar. Todos están bajo las directivas de las hermanas, que hacen un hermoso apostolado con ellos. Los turnos de servicio siempre comienzan y terminan rezando, y se busca inculcar la necesidad de la oración y la caridad, ya que es muy importante que nuestros benefactores se sientan en una grande y verdadera familia. Casi todos los meses, los trabajadores y voluntarios reciben charlas formativas, sobre variados temas, desde la defensa de la vida y la ideología de género hasta los temperamentos. También conmemoramos los cumpleaños de nuestras jóvenes y de los funcionarios mensualmente con un festejo, lo que promueve y genera más el espíritu de familia y la alegría.

El Hogar nos enseña a ser madres. Tenemos que estar dispuestas para ellas, tenemos que tener el espíritu de amor y sacrificio. Si nos falta la visión sobrenatural, nos faltará la paciencia y todas las cualidades que una buena madre debe tener para cuidar a sus hijas. Y lo que nos da esa visión sobrenatural es la oración. Ver las grandes dificultades que ellas ya pasaron en sus vidas nos inspira a la compasión, nos ayuda a sufrir con ellas y a tener fuerzas para no exigir de ellas más de lo que pueden dar, ni quejarnos de nuestras penas, que en comparación con las de ellas, son muy pequeñas.

¡Alabado sea Dios por estos diez años, en que en esta casa se puede vivir y alabar su Divina Misericordia! ¡Que Jesús Misericordioso nos ayude a recordar la verdad de que, en el rostro de sus pequeños, encontramos Su propia Sagrada Faz!

Hermanas de la Provincia Nuestra Señora Aparecida