Por: P. Diego Cano, IVE

 

Kangeme, Kahama, Tanzania, 1 de mayo de 2020

Lamento enviar tan atrasado esta pequeña crónica, pero prefiero enviarla aunque llegue tarde, sobre todo para que puedan ver las fotos que expresan lo que ha sido el Triduo Pascual aquí en nuestra misión de Tanzania. Por gracia de Dios todas las celebraciones se han podido realizar con participación de los fieles. Es una gracia inmensa, que ahora la valoramos más que nunca, cuando tantos cristianos se han visto privados de estas celebraciones que siempre traen tanta fuerza al alma.

Hemos realizado las celebraciones en tres “centros” principales: en la parroquia de Ushetu, en la parroquia de Kangeme, y en la casa de formación. Como siempre, han sido días muy especiales, pero de manera particular por la situación mundial. Les contaba a los fieles que el Papa Francisco había celebrado todo el Triduo Pascual, sin fieles, con tan solo algunos poquitos representantes. Una imagen muy triste, para lo que estamos acostumbrados. Y sin embargo nosotros, en un lugar perdido de África, hemos tenido la gracia de celebrar con tantos feligreses, y con tanta devoción y alegría. ¡Que el Papa desearía tener una celebración como las que hemos tenido en nuestra misión! Por eso la gente rezó mucho por el Papa, por la Iglesia, por los sacerdotes, por las religiosas, por los enfermos, y por todos los cristianos que no podían participar de la Eucaristía en esos días.

El P. Jaime dirigió todas las ceremonias en la parroquia de Ushetu, los padres Víctor y Pablo en la casa de formación y ayudando en la parroquia, y yo estuve en la parroquia de Kangeme, acompañado por un hermano y un novicio. La procesión de Ramos no se pudo hacer por las calles, pero gracias a que nuestras parroquias tienen grandes terrenos, la pudimos hacer por dentro, pero más breves. En la parroquia de Kangeme, “San Martín de Porres”, se bendijo y se hizo sonar por primera vez la campana. Fue realmente emocionante cuando todos festejaron con sus ramos, gritos y cantos al escucharla. Esta campana es la tercera que nos donó el doctor Rafael Vargas desde Ibiza. Le agradecemos inmensamente, y los recordaremos junto a su familia… ya que cada campana tiene sus nombres grabados. ¡Dios los bendiga!

No se realizó el lavatorio de los pies el Jueves Santo, pero en ambas parroquias y en el noviciado se realizó la adoración nocturna con la participación de muchos fieles durante toda la noche.

Y como siempre, es de esperar la “explosión” de alegría de la Vigilia Pascual y del domingo de Pascua. Y digo así porque es casi lo que sucede. Imaginen que desde el miércoles de cenizas nadie puede aplaudir en la iglesia (cosa que es muy común y normal aquí), nadie podía dar sus “vigelegele” (gritos de las mujeres que expresan gran alegría), nadie podía bailar (sobre todo los del coro que siempre tiene sus coreografías), las niñas de la Infancia de Jesús tampoco… el órgano siempre muy bajo. Pero de repente, en el gloria… palmas, bailes, vigelegele… tan propio del espíritu africano, y que lo realizan con mucha religiosidad y respeto, y a la vez es muy sincero.

Esto se nota especialmente en que el mismo día de la Vigilia Pascual, y el domingo de Pascua, todos se quedan fuera de la iglesia, sale el coro y deleita a todos cantando los mismos cantos de Pascua que escucharon dentro de la iglesia. Todos bailan en una ronda. ¡Nadie se va inmediatamente! Todos cantan y bailan fuera de la iglesia, y no se ve una alegría puramente exterior. Porque los hemos visto desde el Jueves Santo, y rezando en la noche, “cabeceando” por el sueño, rezando con mucho luto el viernes de la Pasión, confesándose, y rezando el rosario junto a la Virgen de los Dolores. Pienso entonces, ¡cómo no se van a alegrar con Cristo Resucitado! El gozo se hace visible.

Damos gracias a Dios, que estando en estos lugares tan lejanos, hemos sido los “mimados” de Dios por haber tenido estas celebraciones de Semana Santa. Y por eso mismo lo queremos compartir con ustedes, para que se alegren con nosotros.
Se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar” (Jn 16,22), nos dijo Cristo.

¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE