En nuestra comunidad tenemos una de esas piezas claves como las llama nuestro fundador. Se trata del Hno. Luis Enrique Leiva, quien en el año 1991 sufrió un ACV y quedó con algunas secuelas. Él es asistido por los monjes de la comunidad, pero como siempre él nos da mucho más de los que nosotros podemos brindarle. La caridad es contemporánea nos recordaba San Juan Pablo II.

Es pieza clave de la obra misionera de la Iglesia y del IVE por triple motivo, por estar enfermo, por ser hermano coadjutor y por ser miembro de la rama contemplativa, y casi que podríamos aplicarle ya el cuarto motivo, por ser anciano, aunque acaba de cumplir sus 59 años, en el mes de julio.

Él es el encargado de hacer sonar la campana en la consagración y en la bendición eucarística, oficio indelegable a no ser que haya niños.
Él es el encargado de hacer sonar la campana en la consagración y en la bendición eucarística, oficio indelegable a no ser que haya niños.

Nuestro fundador se expresaba así en las Constituciones [193]: “Todos los miembros del Instituto participan con su esfuerzo en la misión apostólica de la congregación, aun cuando desempeñen tareas ajenas a lo que es propio del trato con las almas. También los religiosos enfermos, y cuando los haya, los ancianos, participan con sus sufrimientos en el apostolado que ejercen los miembros, y en grado sumo, ya que están completando lo que falta a la Pasión del Señor. (Cf. Col 1, 24)

Y en el n° [194] continúa diciendo “Ellos –los enfermos y ancianos- junto con los miembros de las ramas contemplativas, los hermanos coadjutores y los que se dedican a las obras de misericordia son las piezas claves del empeño apostólico de nuestro Instituto”

En la convivencia de verano subiendo una lomita
En la convivencia de verano subiendo una lomita

La intención que el hno. Luis (Lucho) siempre añade al final de las preces de laudes y vísperas, es: “por nuestros superiores y sus intenciones y por las obras encomendadas al Instituto”. Tiene un gran amor al Instituto, y siempre recuerda con muy buena memoria los inicios de su vocación, y nombra a dos Carlos, el p. Carlos Lojoya y el p. Carlos Buela, quienes le hicieron conocer a Dios. Desde aquel momento, no dudó en dejarlo todo para seguir a Cristo en el Instituto del Verbo Encarnado, donde según él mismo dice: “He sido muy feliz. Gracias por todo”.

Con el p. Héctor Caparrós “mi asistente” como lo llama él.
Con el p. Héctor Caparrós “mi asistente” como lo llama él.

También afirma que su vocación como religioso no puede ser sino un don de Dios. Para él habría sido impensable. Y aquí pasa sus días, como le gusta repetir: “En el dulce silencio de Dios”. Ya no puede barrer y pasar el lampazo, limpiar las celdas de los monjes ni preparar la capilla como lo hizo durante tanto tiempo, pero dice “Esto es lo que Dios quiere ahora”. Siempre está rezando el rosario, asiste a misa todos los días, se confiesa semanalmente y conserva muy buen humor a pesar de sus dolores, de los cuales, no reniega, pero sí le arrancan un quejido de dolor para que de algún modo se lo aliviemos. Esto cuando no da más, e inmediatamente, “ya está, ya está”. Demás está decir que ama a la congregación en la comunidad en la cual le ha tocado vivir, por eso, participa con mucho agrado de los momentos de recreación, y no piensen que lo hace como simple espectador, sino ¡muy activo!, en la mayoría de los casos, como podrán ver en las fotos que les adjuntamos.

Rezando el oficio en su celda, cuando no puede ir a la capilla.
Rezando el oficio en su celda, cuando no puede ir a la capilla.
Rezando el oficio en su celda, cuando no puede ir a la capilla.
Rezando el oficio en su celda, cuando no puede ir a la capilla.

Nuestro directorio de vida contemplativa en el n° 39 nos recuerda: “Cuando en el monasterio haya enfermos se les tendrá la estima que merecen, y serán fuente de gracia para todos” Esto lo experimentamos todos, muchas veces cuando nos pide asistencia decimos: “Cuando este llegue al cielo nos va a salvar” pero yo diría mejor “Este ya nos está salvando” La caridad cubre multitud de pecados.

En la convivencia: espíritu eutrapélico
En la convivencia: espíritu eutrapélico

Continúa el Directorio “Los miembros doloridos son los que exigen la primera y más delicada atención, y se los servirá con la conciencia de que es a Cristo en persona a quien se sirve, pues Él mismo quiso identificarse con ellos…estaba enfermo, y mi visitasteis (Mt 25, 36)” . Dios nos conceda de servirnos entre nosotros como a otros Cristos. El directorio agrega un punto de la regla de San Benito dirigida a los enfermos donde les recuerda que no debían contristar con sus impertinencias a los hermanos que los asisten. (SR LXXII, 4-11).

Con Mons. Baseotto y el p. Gabriel Zapata entonces superior provincial.
Con Mons. Baseotto y el p. Gabriel Zapata entonces superior provincial.

Damos gracias a Dios, por tener esta pieza clave del Instituto con nosotros, y les pedimos a todos que lo recuerden en sus oraciones.

Pablo Di Césare, IVE

Superior

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