“Te doy gracias, Señor, de todo el corazón cantaré todas tus maravillas; quiero alegrarme y exultar en ti, salmodiar tu nombre, Altísimo” (Sal. 9, 2-3).

Como no cantar las alabanzas al buen Dios en este día, que por su misericordia me hace cumplir el primer año de sacerdocio. Uno puede recordar y nombrar muchas gracias, sin duda las mayores de todas fueron el don de la perseverancia y la misión que Él me concedió. De este año de sacerdocio, la mayor parte la pasé aquí, en la tierra de misión. Y por eso quisiera decirles cuales fueron las primeras impresiones que tuve al llegar a la inmensa Rusia.

Fue el 26 de diciembre de 2012, el día que partí de Italia a la aventura misionera. Ya en Rusia hacia Jabarovsk desde la ventanilla del avión miraba hacia abajo y veía los campos cubierto del blanco de la nieve, parecían tan fríos y sin vida, pero mis pensamientos volaban a Belén y me imaginaba al Niño Jesús que como el sol de caridad venía a derretir la nieve del egoísmo humano, y al mismo tiempo pensaba en que nosotros los misioneros, que como chispas de ese fuego somos desparramados por la tierra buscando de expandirlo e incendiar el mundo, pero tenía también la ansiedad y curiosidad de lo que Dios me tenía preparado. En medio de estos pensamientos y sentimientos aterricé en Jabarovsk, y  para empezar la tan esperada misión que realiza aquí el Instituto del Verbo Encarnado. Ustedes pueden preguntarse: ¿como debe ser para un brasileño estar en un país de inviernos tan rigurosos, de idioma y de cultura tan diferentes de la suya? La respuesta es sencilla: difícil. Pero ahí esta la presencia de Dios ¿pues si no fuera difícil que encanto tendría la misión? ¿Sin la cruz para que sirve el misionero?

Sin duda que los primeros meses son los mas difíciles, pues el misionero se siente como un sordo-mudo, ya que escucha los sonidos pero no los puede distinguir aún, y quiere comunicarse, más se ve impedido de expresarse por no saber la lengua. Esta es una de las cruces que tiene que llevar el misionero, cuando comienza su misión. Pero Dios que es tan buen Padre nos consuela como a un niño, con los caramelos de la consolación, y así es la alegría que invade al misionero, al balbusear las primeras palabras en otro idioma. Muchos piensan solamente en las dificultades o las cruces que  se tienen que soportar en ésta o en  otra misión y se olvidan de ver también los bienes sacados de estas cruces. Por eso el misionero tiene que dejarse invadir de un santo optimismo y ponerse metas, eso le ayuda a luchar contra la tentación de la melancolía o el desánimo que suele aparecer cuando se da cuenta de que le falta mucho todavía para poder expresarse correctamente, después de haber estado sentado tres o cuatro horas por día estudiando la lengua, o las palabritas del evangelio que parecen imposibles de pronunciarlas, etc… Pienso yo, que si uno se queda sólo en las dificultades, se pasa el tiempo de la misión y el misionero deja caer de sus manos la aventura misionera y no llega a ver el hermoso trabajo que Dios hace por medio de instrumentos tan imperfectos como somos nosotros.

javarosk_instituto_verbo_encarnado

Y lo que quisiera compartir con ustedes fue el mas precioso regalo que Dios me dio en el día de mi cumpleaños sacerdotal, fue  el domingo 04 de agosto, día en que pude por primera vez presidir la misa en la parroquia en donde misiono.

Que alegría uno siente y se puede decir una doble alegría. La primera es ver las gracias recibidas en este año que ha pasado y la otra ver el premio por el esfuerzo de toda una semana de preparación, repasando una y otra vez los textos de la misa. Por esas alegrías que pueden parecer pequeñas y sin sentido, es que el misionero toma fuerzas para seguir adelante y esforzarse más aun para anunciar la buena nueva del Evangelio.

Os pido que sigan rezando por nuestra misión en Rusia.

En Cristo y María Santísima

P. Danilo Magella, IVE

Deja un comentario