Virgen de Lujan Tunez
Por: M. Arabell, SSVM

 

Querida Familia Religiosa, por medio de esta breve crónica quería hacerles partícipes de una de las iniciativas que pudimos hacer en Túnez, en el marco del Proyecto “Rege O Maria”. En el mismo, se nos proponía, entre otras cosas, comprar, adornar o reparar Imágenes de la Virgen. Así, los misioneros de la Familia Religiosa en Túnez, hemos querido arreglar y coronar la Virgen de Lujan que desde agosto del 2007 se encuentra embelleciendo la capilla del Santísimo en la Catedral de Túnez.

Esta imagen fue regalada por la hermana de la M. Contemplación, Adriana Otermin en acción de gracias a Dios por el nacimiento de su segundo hijo, José Julián Ferreira. Al inicio fue colocada en una de las columnas de la nave central de la Catedral, para luego ponerla en la Capilla del Santísimo Sacramento, que es donde viene celebrada la Santa Misa durante los días de la semana. Como allá en Luján, en su famoso milagro de las carretas, quiso quedarse para estar cerca de sus hijos, también aquí en nuestra misión de Túnez ha querido quedarse, para ser nuestra Madre y Protectora.

Hace tiempo queríamos arreglar esta imagen, renovarle la rayera y el vestido. Y Dios mismo en su providencia se ocupó de conseguirle un nuevo vestido a su Madre, como ahora les contaré.

En noviembre del año pasado, las hermanas contemplativas de Velletri me ayudaron a preparar la casulla para mi hermano que se ordenaba. Unos días antes de que me enviaran la casulla, se me ocurrió pedirles si también podían mandarnos bordados ya hechos, con motivos cristianos. Ya que aquí en Túnez no se encuentran ornamentos u elementos litúrgicos, por tratarse de un país musulmán, y es realmente toda una aventura encontrar aquí cosas para un uso litúrgico. Las hermanas me respondieron generosamente que lo harían, y que intentarían bordarnos incluso una imagen de la Virgen de Lujan que después podríamos aplicar en alguna casulla, pero tuvieron un imprevisto, y solamente me mandaron “lo que tenían a mano”. ¡Cual no habrá sido mi sorpresa al ver que dentro del paquete había nada más y menos que un manto casi terminado para la Virgen de Lujan! Se ve que Dios quería tener a su Madre bien hermosa y el sólo se ocupó de inspirárselo así a las hermanas.

Conseguimos entonces en Roma una corona, pintamos la rayera para hacerla más parecida a la original, terminamos el manto, y así fue como el día 8 de mayo pudimos coronar una vez más como Reina de Nuestra misión a la Imagen, bien vestida y arreglada, de la Inmaculada de Luján.

Como reza uno de los responsorios del oficio de lectura del común de Santa Maria in sabato: “su vida ínclita embellece toda la Iglesia”. Al inicio había pensado titular esta crónica, “Embelleciendo a la Virgen María”, pero pensándolo mejor, no somos nosotros quienes la embellecemos, sino que es Ella la que nos hace el honor de venir a quedarse aquí para ser nuestra Madre, es Ella la que con su imagen embellece nuestras misiones y nuestras vidas, es Ella quien embellece nuestra Catedral y bajo el manto de quien no podemos decir que estamos solos.

María, Reina de nuestras misiones, postrados a tus pies admiramos la Obra Maestra de Dios, la flor más selecta del Paraíso, la perfumada primicia de la Redención, el Tabernáculo purísimo que Dios se formó para encarnarse, el Arca Santa, digna de tal huésped divino, la Madre premurosa que quiso quedarse entre nosotros, acompañando la soledad de nuestro exilio. Contemplarte es contemplar a tu Hijo bendito, formado de tus purísimas entrañas. Mirar tus ojos es mirar los suyos, que han dejado en sus profundidades pintado el azul del cielo; ver tu porte y dignidad soberana, nos introduce en el insondable misterio de la nobleza escondida de tu Hijo, quien ha querido velar su majestad bajo tu manto inmaculado, donde nuestra humanidad se vuelve pura y limpia. Escucharte Madre, es escuchar Su voz amada, que de ti aprendió a hablar, dejando en tu susurro melodías angelicales. Sí, María, porque todo en Ti habla de Él, todo en Él habla de Ti, nos hacemos tus hijos para hacernos más perfectamente de Jesús. No habiendo Él escogido otro camino, no podemos nosotros más que tomar esta vía privilegiada, formadora de santos. Concédenos la gracia de llevar hasta los confines del mundo el nombre de Dios junto con tu sagrada imagen, porque allí donde estamos nosotros, estás Tú, Virgen Santa de Luján, para inspirarnos, animarnos y consolarnos. Concédenos ser fieles y generosos en el empeño misionero y en los compromisos asumidos ante el altar de Dios, con el corazón encendido de caridad, la mirada iluminada por la esperanza y el alma llena de una fe operosa. Religiosos que con sus palabras, pero sobre todo con sus vidas sean una nueva Encarnación de tu Hijo para inculturar el Evangelio en todo hombre, en todo el hombre y en todas las manifestaciones del hombre. Que llevemos siempre el nombre de Dios en los labios para bendecirlo y el Magnificat en el corazón para honrarte. Te lo pedimos animados por la contemplación de tu imagen donde tus manos se juntan en constante súplica a Dios, de quien procede todo don perfecto y por tu Hijo Jesucristo, en el Espíritu Santo. Amen.

¡Que María Santísima de Luján bendiga estas tierras y a todos nuestros misioneros alrededor del mundo, Rege O Maria!

M. Arabell – misionera en Túnez