Por: P. Jesús Segura, IVE

Queridas madres y mujeres del proyecto “40 horas”, desde el noviciado del IVE en Italia les escribo estas líneas.

Trabajar por las vocaciones es una de las tareas más hermosas en la Iglesia de Dios, porque es algo bien parecido a lo que hizo Jesucristo en sus 3 años de vida apostólica con sus elegidos. En esta labor, la parte que están haciendo ustedes vendría a ser como la primera línea de fuego. Sus oraciones son como la artillería pesada, las armas de vanguardia que toman la delantera, son como el sonido de trompeta y el ondear de bandera que va marcando el paso al batallón. Porque la oración por las vocaciones es la principal consigna que nos ha dejado Cristo capitán: “rogad al dueño de la mies”[1].

Por eso quisiera, junto con los novicios y postulantes de Italia, animarles a que sigan rezando, y rezando cada vez más, y con una oración suplicante. Desde hace años y sobretodo últimamente estamos viendo una gran cantidad de jóvenes que se acercan al Seminario, al Noviciado y a nuestras actividades con deseos de consagrarse a Dios pero con trabas de segundo binario que les tienen todavía paralizados en la decisión. Por lo visto no es nada nuevo, porque ya Fulton Sheen dijo en alguna ocasión:  “¿Podemos esperar recibir si no pedimos? Hay probablemente cientos de miles de vocaciones colgando del cielo de cordones de seda, la oración es la espada que los cortará”.

He podido ver en la página web que en este mes son 3.938 inscritas en el “proyecto 40 horas” y 663 adoradoras eucarísticas de nuestra Familia, lo cual hace esperar que se vienen tiempos grandes. ¿Y qué decir? ¡Esto tiene que ir en aumento! Anímense mucho a que sus oraciones sean cada vez más suplicantes, que broten cada vez más de sus labios maternales para que puedan engendrar millones de hijos para el sacerdocio, millones de hijos e hijas para la vida consagrada y misionera, y como consecuencia millones de almas que se nutran de la entrega de vida de aquellos que se decidan a darlo todo por Cristo. Que sus oraciones sean como las de Ana, esposa de Elcaná y madre de Samuel, que bañada en lágrimas, rezaba al Señor haciendo esta promesa: “¡Oh Señor todopoderoso!, si quieres mirar la aflicción de tu sierva, te acuerdas de mí y me das un hijo varón, yo lo consagraré al Señor por todos los días de su vida…”[2]. Imitar los labios susurrantes de esta piadosa mujer que pedía un hijo y pedía lo más grande para él: ser un consagrado del Señor. Pedir entonces poder ser madres de vocaciones, poder engendrar muchas vocaciones para Cristo, poder arrancar al mundo todas esas almas vacilantes que Cristo llama y que no se deciden, poder cortar con sus plegarias esos cordones de seda que cuelgan del cielo.

Y seguramente si rezan con fervor, cada una de ustedes recibirá nuevas gracias y nuevas ideas de lo alto para que esos ratos de intimidad con el Corazón de Cristo se transformen en acción guerrera. Porque “Dios desprecia la tranquilidad de las almas que destinó para la batalla” decía santa Juana de Arco. Y las vocaciones son caras, cuestan trabajo y sudores. Hay que moverse, buscar, llamar, invitar, pensar, leer, crear ocasión, disipar falsas razones y sofismas. Proponer a los propios hijos, vecinos, amigos: “¿no has pensado nunca la posibilidad que Dios te pueda estar llamando a dejarlo todo por Él?” Invitar a ir delante del Sagrario y preguntalre a Dios: ¿Maestro, qué quieres que haga?[3] “Habla Señor, que tu siervo te escucha”[4]. Aquí, estoy, Señor, para hacer tu voluntad[5]. Invitar a hacer Ejercicios, a visitar casas de Formación, a participar en Jornadas y encuentros, ayudar en misiones y campamentos, a Consagrarse a María en materna esclavitud, a hacer Adoración Nocturna. Que se rece el Rosario en familia. Que los niños, ancianos y enfermos pidan por las vocaciones. Que haya un clima vocacional en las parroquias. Que se hagan peregrinaciones a pie a santuarios marianos, como hizo Juan Pablo II al llegar al seminario de Cracovia y verlo vacío, haciendo esta promesa a la Virgen: “Haré tantas peregrinaciones a pie en santuarios tuyos, pequeños o grandes, cercanos o lejanos, en base al número de vocaciones que cada año me darás”[6]. De repente, el Seminario empezó a llenarse, y contaba con casi 500 alumnos cuando fue nombrado Papa. Hay miles de cosas por hacer. “Crear un clima de oración cristiana y mariana que favorezca la escucha de los hijos de la voz del Señor”[7], porque la familia es “hivernadero de vocaciones”[8], “primer seminario”[9].

El mismo Juan Pablo II decía estas palabras: “Ordinariamente Él llama a través de nuestras personas y nuestras palabras…Por lo tanto no tengáis miedo en llamar…id personalmente al encuentro de vuestros jóvenes…muchos de ellos buscan un ideal por el que vivir…Cristo ha sintonizado su llamada con vuestra llamada. Nosotros debemos llamar, el resto lo hará el Señor, que ofrece a cada uno su don particular…”[10]. Y en otra ocasión decía a las familias: “Vosotros que habéis colaborado con Dios en dar vida a nuevas criaturas, sabed colaborar con Él también en ayudar a vuestros hijos a descubrir y realizar la misión que Cristo confía a cada uno de ellos. En esto está la señal más grande de amor hacia ellos”[11].

Ojalá que se llenen de entusiasmo para estimular en cada una de sus jornadas una renovada súplica y una renovada acción para que nuestra Familia Religiosa y la Iglesia entera se sature de vocaciones, de santas vocaciones. Que se tengan que ampliar nuestros noviciados, que se tengan que llamar a peritos y arquitectos para hacer proyectos de construcción para poder aumentar nuestras instalaciones, que se convierta en un problema para los maestros de novicios la falta de camas, mesas, sillas, cubiertos, breviarios, espacio en las furgonetas para los viajes, lugar en las capillas, carpas para las fiestas de vesticiones… Que vengan vocaciones tan celosas de Cristo y de su Cruz que les parezca poco toda incomodidad, escasez, pobreza y persecución. Que sean fuego vivo deseoso de arder en amor eucarístico y mariano. Que sean los santos del tercer milenio.

Y como los sueños de Dios son más grandes que los nuestros, sigamos rezando, trabajando y soñando para “poder descubrir y orientar tantas vocaciones, que pudiésemos llenar todos los buenos seminarios y noviciados del mundo entero…”[12].

Gracias por todo lo que hacen

P. Jesús Segura, IVE

 

 

 

[1]  Lc 10, 2.

[2] 1 Sm 1, 11.

[3] Cfr. Mc 10, 17.

[4] 1 Sm 3, 9.

[5] Cfr. Sal 40, 8-9.

[6] Oder Slawomir, Perché è santo. Rozzoli Burezta, Milano 2011, p. 171

[7] Juan Pablo II, Mensaje en ocasión de la XXV Jornada Mundial por las Vocaciones, 1987.

[8] Juan Pablo II, Mensaje en ocasión de la XXXI Jornada Mundial por las Vocaciones, 1993.

[9] Optatam totius, 2.

[10] Juan Pablo II, Mensaje en ocasión de la XVI Jornada Mundial por las Vocaciones, 1979.

[11] Juan Pablo II, Mensaje en ocasión de la XXI Jornada Mundial por las Vocaciones, 1984.

[12] Directorio de espiritualidad IVE, n. 290.