“In finem dilexit eos” (Jn 13,1)

Queridos todos:

c2Queremos hacerlos partícipes de  la Solemnidad del Corpus Christi que hemos tenido la gracia de vivir este año.

Días previos:

Nos preparamos con unas Jornadas Eucarísticas que realizamos dos días antes de la celebración.

El tema de las Jornadas estuvo colocado en el  marco de las tres virtudes teologales (tema que estamos estudiando durante las reuniones de  formación permanente de este año), profundizando sobre la estrecha relación existente entre la fe, esperanza y caridad con la Eucaristía, pues este sacramento las aumenta y fortifica.

Este año pudimos confeccionar un palio para la procesión con el Santísimo; y preparar alfombras con distintos motivos eucarísticos en el patio interno, en donde realizaríamos la procesión con el Santísimo Sacramento.  Hicimos también una cuarta alfombra a la entrada de la iglesia para hacer de algún modo partícipes también a los fieles que vendrían a la Misa pero que, por nuestra clausura, no pueden hacer la procesión con nosotras.

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Corpus Christi:

Y finalmente llegó el día tan esperado, por la mañana temprano terminamos de dejar listas las cosas necesarias para la procesión, que tendría lugar inmediatamente después de la Misa (altares y reclinatorios, velas, flores para arrojar a los pies de Nuestro Señor, y el armado del palio).

La Santa Misa, solemnizada con el canto gregoriano, fue presidida por Mons. Philiph Reilly, capellán de las hermanas Adoratrices de la Preciosísima Sangre (quienes muy caritativamente nos han acogido en su monasterio).

En la homilía puso de relieve como un mal entendimiento de la renovación en la Iglesia propuesta por el Vaticano II  llevó a dejar de lado el aspecto sacrificial y la adoración  a la Eucaristía, haciendo hincapié sólo en el aspecto de banquete y fraternidad entre los hombres, olvidando aquello que explicó el concilio de Trento que Cristo está “máximamente”  presente en la Eucaristía. También hizo mención de la importancia y urgente necesidad que tenemos los cristianos de reavivar nuestra fe en la presencia verdadera, real y sustancial de Jesús en este Sacramento.

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Finalizada la celebración Eucarística, comenzamos la procesión con el Santísimo, lo acompañamos con cantos,  arrojando flores a su paso, y con un diálogo Eucarístico preparado para la ocasión por una de las hermanas.

Nos acompañaron en la procesión dos de las hermanas de la Preciosísima Sangre, lo cual es digno de destacarse ya que el recorrido era largo, ellas son muy ancianas (de 81 y 92 años) y ambas caminan con dificultad, una de ella después de quebrarse el fémur el año pasado, necesita usar bastón y la otra camina con un andador.

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Creemos que todo esfuerzo siempre será poco para ensalzar esta Solemnidad del Corpus Domini, ya que amor con amor se paga, y cómo podemos pagar el infinito amor de un Dios que no se contentó con tomar nuestra carne, y morir en una cruz por nosotros, sino que su amor hasta el extremo lo hizo Eucaristía?

Como hermosamente lo expresa Benedicto XVI:

 

“La Santísima Eucaristía es el don que Jesucristo hace de sí mismo, revelándonos el amor infinito de Dios por cada hombre. En este admirable Sacramento se manifiesta el amor « más grande », aquel que impulsa a « dar la vida por los propios amigos » (cf. Jn 15,13). En efecto, Jesús « los amó hasta el extremo » (Jn 13,1). Con esta expresión, el evangelista presenta el gesto de infinita humildad de Jesús: antes de morir por nosotros en la cruz, ciñéndose una toalla, lava los pies a sus discípulos. Del mismo modo, En el Sacramento eucarístico Jesús sigue amándonos « hasta el extremo », hasta el don de su cuerpo y de su sangre. ¡Qué emoción debió embargar el corazón de los Apóstoles ante los gestos y palabras del Señor durante aquella Cena! ¡Qué admiración ha de suscitar también en nuestro corazón el Misterio eucarístico!” (SACRAMENTUM CARITATIS, 1)

c5 Terminamos esta crónica haciendo nuestras las palabras de San Juan Pablo Magno y pidiendo al Señor conceda a todos los cristianos y de modo particular a nosotros, sus consagrados, crecer en el conocimiento y amor de este Sagrado  Misterio que es la “fuente y cumbre de toda la vida de la iglesia”:

“El Misterio eucarístico –sacrificio, presencia, banquete –no consiente reducciones ni instrumentalizaciones; debe ser vivido en su integridad, sea durante la celebración, sea en el íntimo coloquio con Jesús apenas recibido en la comunión, sea durante la adoración eucarística fuera de la Misa. Entonces es cuando se construye firmemente la Iglesia y se expresa realmente lo que es: una, santa, católica y apostólica; pueblo, templo y familia de Dios; cuerpo y esposa de Cristo, animada por el Espíritu Santo; sacramento universal de salvación y comunión jerárquicamente estructurada.” (ECCLESIA DE EUCHARISTIA, 61)

Hermanas del Monasterio Santa Edith Stein

Estados Unidos

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