Muchas veces quise escribir una crónica acerca de mi misión en Chile, más precisamente “en el castillo de la Pintana”. La Pintana, como generalmente lo llama la gente, podemos decir que es una de las zonas más peligrosas de Santiago, y esto en parte es verdad, hay droga, alcohol, prostitución, narcotraficantes, tiroteos que siempre termina con algún muerto, claro está que si uno se queda solo con esta parte de las almas que a uno le toca pastorear, no es muy animoso el ambiente. Sin embargo, en los años que llevo misionando aquí, todo esto me parece nada en comparación del bien que se hace por muy poco que sea y casi imperceptible a los ojos de los hombres.

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Lo que nadie dice…

Siempre la Pintana se ha caracterizado de salir en los medios de comunicación por la droga o asesinato de alguna persona, ciertamente que a los medios de comunicación solo les interesa esto y no lo que sucede en una pobre parroquia en medio de mucha pobreza material y espiritual.

Nadie dice, que en nuestra parroquia asisten muchos pobres al comedor, que por gracia de Dios es atendido por señoras de la parroquia de modo desinteresado y por las hermanas que colaboran en este trabajo.

Nadie dice que en nuestra parroquia hay adoración al santísimo los 365 días del año… donde innumerables fieles adoran al Señor presente en la eucaristía donde silenciosamente lo aman y le piden a Él, “el prisionero de amor”, por nuestra parroquia.

Nadie dice los 10 o 15 bautismos que se hacen sábado por medio en el templo parroquial, donde en medio de tanta  ignorancia, se los catequiza acerca del sacramento y de la vida cristiana.

Nadie dice de aquellas almas que Dios ha preservado del mal en medio de tanta miseria moral y material; son esas almas puras que por gracia de Dios se conservan tales por su Infinita Misericordia.

Nadie dice de las almas que pasan por mi confesionario, no solo confesando sus pecados, sino también expresando sus dolores, sus pruebas, sus luchas y combates diarios.

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Nadie dice de aquellos cristianos que con gran dolor no pueden cumplir con el precepto dominical de la santa misa porque domingo a domingo tienen que trabajar para poder llevar el sustento a sus casas.

Lo que nadie dice de mi parroquia es que hay almas que tienen deseo de Dios, deseos de ser santos y que en medio de tantas dificultades que encuentran no bajan los brazos para combatir el buen combate de la fe.

Lo que nadie dice de mi parroquia son las conversiones de personas que después de tantos años de vivir en el pecado, solo por una palabra o gesto de los misioneros volvieron a Dios.

Lo que nadie dice de mi parroquia es del trabajo silencioso que hacen los novicios sábado a sábado visitando los hogares, los enfermos y que son ellos en gran parte los que anuncian de puerta en puerta el Evangelio de Cristo.

Lo que nadie dice de mi parroquia es la cantidad de enfermos que se visitan y que mueren con los auxilios divinos.

Mi parroquia no queda ni en Rusia, ni en China, ni en Japón, ni tampoco soy un San Francisco Javier ni un San Pedro Claver, mi parroquia solo queda en la Pintana y a pesar de mis miserias, debilidades y limitaciones solo hago lo que debo hacer: “siervo inútil soy solo tuve que hacer lo que debía hacer”.

P. José Hernández IVE

Misionero en Chile

4 Comentarios

  1. P. José Hernández IVE: Su Parroquia, la que hace grandes las pequeñas cosas cotidianas, aquellas que POR SUERTE SÓLO DIOS VE y lo preserva de la contaminación del mundo, está llena de rostros, los mismos que el día del Juicio final serán invitados por el Señor a sentarse a su derecha porque los llamará diciéndo “Vengan benditos de mi Padre!!!”

    Su misión en Chile, “en el castillo de la Pintana”, desde hoy estará también presente en mis pobres oraciones y entregas cotidiana..

    Gracias, muchas gracias por este testimonio!!!

    En Cristo y María

    María Alejandra

  2. Padre José, sabemos de lo que hacen las misiones del IVE, y como dice no esta lejos pero recibe tmb nuestras oraciones!!!!!!

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