Uno se acostumbra demasiado, maligna rutina. De tal modo que cuando viene alguien de visita, cuando llega un nuevo misionero, nos ayuda a percibir lo bueno y grandioso de la misión, que pasa desapercibido delante de nuestros ojos. Y les digo esto porque hemos tenido la enorme gracia de recibir a un nuevo misionero, que a su vez es un nuevo sacerdote, ordenado hace menos de dos meses. El P. Víctor Guamán, miembro del Instituto del Verbo Encarnado (IVE), arribó a Tanzania el sábado 8 de noviembre.

Llegan-refuerzos1Lo fui a esperar al aeropuerto de Mwanza, pero finalmente él me esperó a mí, ya que el vuelo llegó un buen rato antes de lo anunciado. Llegué al aeropuerto y como es muy común por estas tierras africanas, las pantallas de los vuelos decían que todavía no había arribado ese avión. Tranquilamente me fui al sector de la puerta donde llegan todos los vuelos, junto a los taxistas me puse a ver las noticias en una pantalla de TV. Cuando ya pasado un buen rato, me decido a ir a pagar el estacionamiento, paso delante de una sotana… ¡resulta que estábamos a seis metros y no nos habíamos encontrado! Luego de un recibimiento de esta clase, me imagino que nuestro misionero ya va conociendo su nuevo campo de misión, y su compañero. Luego de dejar el equipaje en el alojamiento, concelebramos nuestra primera misa en tierras Tanzanas. Como se imaginan, hemos conversado mucho, muchísimo. Pero avergonzado les puedo decir que mas que conversación ha sido un monólogo desde que lo que recibido… tal vez la ausencia de un compañero de aventuras por tanto tiempo.

Llegan-refuerzos2Nuestro plan al día siguiente ha sido ir a la ciudad de Musoma, no hacia la misión, sino en dirección contraria, hacia el norte, junto al Lago Victoria. En ese lugar íbamos a predicar Ejercicios Espirituales Ignacianos a un grupo de cuatro hermanas mexicanas, de la congregación Hermanas Misioneras Servidoras de la Palabra (HMSP), que nos habían pedido este favor. Hemos aceptado gustosamente, porque predicar Ejercicios Espirituales no es de todos los días y menos en estas tierras… sobre todo porque debía ser en español. Ya estamos preparándonos para poder predicarlos en swahili, pero nos llevará un poco más de tiempo estar listos. Las hermanas nos pidieron que las pasemos a buscar, porque como han comenzado las lluvias, el agua se llevó una parte de un puente y era imposible para ellas poder ir en el vehículo propio. De esa manera hemos llegado junto con el P. Víctor y las hermanas a la casa de retiros de Musoma, un lugar bellísimo y muy apto para estos ejercicios.

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Fueron unos días muy buenos, por un lado por el clima, muy agradable en este tiempo de lluvias. Pero sobre todo fueron días muy intensos, entre la predicación y meditación de las verdades eternas, y las grandes meditaciones de san Ignacio. Con el P. Víctor nos adueñamos de un espacio de la casa donde estábamos, y en un hall nos instalamos, donde preparábamos las charlas, conversábamos, y compartíamos unos buenos mates, ante una ventana que nos brindaba una hermosa vista del lago.

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Puedo decir que esta vez experimenté más que otras veces las grandes gracias que también recibe el predicador de Ejercicios, y en ese sentido me parecía ser un ejercitante más… al ser tocado en cada uno de los puntos que predicaba. Todo terminó con gran alegría, y con mucho fruto, según lo expresaron las hermanas en numerosos agradecimientos.

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Pero ya nos quedaba lo más importante, llegar a la misión. El P. Víctor estaba más que ansioso, porque llevaba una semana en Tanzania, y todavía estábamos a más de once horas de viaje de Ushetu. Lo peor fue que superamos las once horas de marcha. El viaje fue excelente, pero debido a las lluvias, una parte del camino que nos comunica con la ciudad de Kahama se destruyó por las lluvias. Es una zona donde siempre en esta época llega mucha agua. En ese lugar se pusieron a hacer mejoras, hacer nuevos puentes, levantar el camino. Pero se decidieron tarde, ya muy cerca de la época de lluvias, y siempre con la tranquilidad tan tanzana, y el resultado fue que llegó el agua antes de que estuvieran los trabajos terminados, y el agua se llevó todo el trabajo hecho. En consecuencia, quedamos incomunicados.

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Entonces debimos preguntar por un nuevo camino para llegar… parece que Ushetu se le hacía rogar al P. Víctor. Por teléfono nos pasaron una serie de nombres de aldeas por las que debíamos ir preguntando para llegar a la aldea siguiente. La primer dificultad fue anotar esos nombres que son tan extraños para nosotros, y saber si uno había escuchado y entendido bien: Tulole, Busure, Mapamba, Uyogo… Gracias a Dios todo fue dándose muy bien. Como era un nuevo recorrido, todo era nuevo para nosotros, y nosotros para los que nos encontrábamos, y que se reían al escuchar al blanco saludarlos en sukuma. En un par de ocasiones debimos bajar del vehículo para chequear si el terreno con barro estaba transitable, y para poner la tracción en las cuatro ruedas, y pasar algún curso de agua.

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Sólo en una ocasión erramos el camino y debimos regresar para tomar una huella en medio de la vegetación. Finalmente… ¡llegamos a Ushetu! Y un grupo de gente esperaba para darle la bienvenida al nuevo misionero, con cantos y bailes. Mucha alegría en todos. El viaje que normalmente dura una hora y media desde Kahama a la misión, se transformó en tres horas y media. Al llegar vimos que no había señal de celular y así estuvimos todo el día… lo que nos daba una sensación de aislamiento total del mundo.

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Pero les decía al principio que las cosas buenas que tenemos cotidianamente, las percibimos cuando viene alguien de afuera… y eso me pasó especialmente el domingo, donde comencé a ver todo con los ojos del nuevo misionero, que recién llega y le sorprende todo. Recordé también mi llegada, mis primeros días, mi primera misa y presentación a la gente de aquí. Pude dar gracias a Dios al ver la iglesia llena, escuchar cantando al coro y a toda la gente con muchas ganas, ver un gran grupo de niñas que bailan ante el altar, y muchos monaguillos ayudando y otros participando desde los bancos. Ver la misión, la parroquia, ver lo hecho, y el desafío y aventura de todo lo que queda por hacer. Vuelvo a pensar, al recibir a un nuevo misionero, que somos privilegiados. Yo trato de aprovechar esa gracia, la gracia de ser misionero y estar aquí, precisamente aquí. No sé si podré gozar toda la vida de algo así, y por eso quiero aprovechar cada día… aunque lamentablemente uno manche cada día con sus cotidianas faltas.

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Esperaban al padre Víctor con gran expectativa los niños, particularmente los monaguillos, que nos hacen ver a nosotros lo importante de recibir un misionero más. Lo esperaban porque yo les había dicho que al padre le gusta jugar al fútbol, y fue lo primero que le dijeron… que querían jugar a la pelota con él. Allá salieron a la tarde, ya han hecho migas, y se echan las raíces de una verdadera amistad.

Se nota la alegría, y la casa con conversaciones. Me causó gracia la sonrisa de Flora, la cocinera, que siempre viene por el frente de la casa, ya que la cocina queda afuera, y llama a la puerta. Me encontró conversando animadamente con el padre Víctor. Me dijo: “Ahora conversa… antes se escuchaba todo en silencio, no se sabía si había alguien o no”.

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Al escribir esta crónica, les cuento que el P. Víctor ha terminado el primer día de estudio de swahili… queda un camino largo, pero tiene mucho ánimo, y es joven. De todos modos, les pido oraciones por él, para que sus esfuerzos, y la generosidad de venir a esta misión,  se vean premiados con un aprendizaje rápido de la lengua.

Decía el P. Carrascal: “¡Animo, pues! El Señor tiene sed de almas y está en vuestras manos, misioneros, el apagársela. Él os dará los medios; a vosotros os toca llenaros del celo de las almas; tened también vosotros sed de almas. El Señor quiere que todos lleguen al conocimiento de la verdad y se salven, pero quiere que lleguen por medio de nosotros. ¡Ah, si reflexionásemos sobre esta voluntad de Dios!… Sí, despertad estos sentimientos, avivadlos; y desde ahora, con la oración, con el estudio, con el trabajo, preparaos para el futuro apostolado; haced del celo un hábito tejido de pequeños sacrificios; dad importancia a todo, porque todo podrá servir un día para hacer el bien.”

No puedo dejar de dar las gracias al P. Víctor, a su familia, a sus padres y hermanas, que me imagino han hecho un gran sacrificio al despedirlo. Que Dios les recompense el ciento por uno, y les conceda la Vida Eterna.

¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE.

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