Cada día que pasa uno valora más lo que fue vivir en Roma, es como que uno le va dando el precio justo a cada cosa, a cada día, a cada circunstancia vivida. Por eso debo decir dos palabras de los años vividos en Roma, antes de pasar a contarles sobre la misión en Lituania.

Roma fue mi primer destino, y también misión, si bien estudiar en una universidad es más una preparación para esta, en sentido amplio se puede decir que que uno está en la misión y ese es el espíritu con el que viví las horas de clases y estudio, y los oficios que desempeñé en las distintas comunidades religiosas… uno misiona y salva almas desde el lugar que se encuentra. Y ni hablar de los beneficios recibidos, fueron tres años vividos en la ciudad eterna, junto a la cátedra de Pedro, con las peregrinaciones y tantas ceremonias vividas junto al dulce Cristo en la tierra.

Con la ayuda de Dios ya he terminado mis estudios en Roma. Es un deber que siento el agradecer a los padres de la casa generalicia por su compañía y ejemplos. Ellos se gastan y desgastan por el bien de la Iglesia, del Instituto y de cada uno de los miembros de la congre, ese es su difícil trabajo, su abnegada misión. Les agradezco personalmente todo lo que han hecho y hacen por el bien de todos. Fueron años inolvidables y que marcaron mi sacerdocio por eso se los agradezco de todo corazón.

Agradezco el año 2012-2013 de modo particular, por el ejemplo y todo lo vivido en la comunidad Santos Pedro y Pablo junto al P. Buela.

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Ya van más de dos meses de mi llegada a la misión, hay mucho por contar, y aun mucho más para pedirles.

Me es difícil resumir todo lo que he vivido en estos últimos tiempos. Por lo que he decidido escribir con cierta frecuencia lo que vamos viviendo en la misión. Y siento que tengo el deber de escribirlo para que todos aquellos que colaboran con lo más importante en una misión (que sin lugar a dudas es la oración), conozcan las actividades, los frutos y las alegrías y las lágrimas de los misioneros. Para que sean partícipes de lo que engendra sus oraciones, para que conozcan la gran ayuda que nos hacen con sus oraciones. El que llama a un alma a la confesión, el que llama a la puerta de un corazón, no es uno sino Dios, y por eso ustedes desde donde se encuentren pueden ser instrumentos de Dios como el mismo misionero, rezando y ofreciendo sus sacrificios. Y por eso son parte del equipo de cada misión, y tiene derecho a saber de su vida.

Por gracia de Dios el 17 de febrero llegué a Lituania para comenzar a trabajar en las parroquias que atendemos desde hace ya 11 años en el pueblo de Pumpenai y Kriklenai.

¿Qué decir de la mision? ¿Qué decir de Lituania? La verdad que es mucho lo que se puede decir; aún no conozco tanto pero en el poco tiempo que llevo y gracias a que he comenzado la lectura de las “Crónicas de la Iglesia Católica en Lituania”, escritas y publicadas por los católicos lituanos durante el tiempo que el régimen comunista azotaba Lituania en la postguerra, me atrevo a decir que la fe de Lituania es capaz de mover montañas.

Así lo expresa el P. Sáenz:

“La persecución a los católicos lituanos es más intensa que en casi todas las otras repúblicas soviéticas. Lituania es la única República integrante de la U.R.S.S. donde los católicos, que allí son de rito latino, forman la mayoría absoluta de la población, y en tal número que practicamente el 50% de todos los catolicos de la U.R.S.S. viven en esa república báltica.

Lituania es católica. Y Lituania es nacionalista.  En Lituania la religión y la patria estan consustanciadas. Razón de más para que arrecie la persecución”[1].

Con mis torpes palabras trataré de expresar lo que fue y lo que tiene que ser la fe del pueblo lituano. Si hay un pueblo que luchó por la fe, la libertad y ganó esa lucha ofreciendo sus trabajos, sus bienes, su fama y sus vidas, ése fue el pueblo lituano.

Las crónicas hacen emocionar hasta las lágrimas. Son los niños en la escuela quienes sufren por la fe, son las maestras católicas despedidas de las escuelas, son perseguidos los jóvenes que desean entrar al seminario, son los sacerdotes y obispos perseguidos, encarcelados y desterrados por hablar de Dios, por confesar su fe. Son ellos mismos quienes dan testimonio y no callan su fe, no se avergüenzan ni ocultan su amor a Dios:

“A raíz de la detención de un joven y digno sacerdote, el P. Ricardas Cerniauskas, se conmovió de indignación la feligresía de la parroquia de San Miguel. Cuando el sacerdote regresó de la comisaría, la gente colmó la Iglesia como en las grandes festividades, y en el momento en que el Padre subió al púlpito para pronunciar la homilía, los fieles comenzaron a arrojarle flores. El sacerdote agradeció a la gente por sus oraciones,  les contó  lo acaecido  durante  su detención y animó a los jóvenes militantes que habían sufrido a raíz de ello para que no temieran sacrificarse por Cristo. Los fieles no podían contener el llanto cuando el joven sacerdote les advirtió:

‘Yo presiento que no seré perdonado por estas palabras de verdad. Por tanto, si alguien me asesinara, me ahorcara, me proclamara afectado de venéreas, escenificara mi suicidio, me afectara con medidas medicinales o me encerrara en un hospital psiquiátrico, tened en cuenta de quien será obra… Yo me he hecho  sacerdote para decir la verdad, para hablar sobre Dios. Y yo hablaré sobre Dios no solamente en la Iglesia, tal como me lo ordenaron los milicianos, sino también en el atrio, y no solamente en el atrio, sino en cualquier parte que me encuentre: en el granero, en el campo, a la vera del lago, sobre el lago y hasta en el fondo del  lago’”[2].

A la semana de llegado fuimos a la Colina de las Cruces (Siauliali); basta ver esa colina para entender la fe del pueblo. Es una pequeña colina donde ya no se ve la tierra, lo único que se ve son cruces, más cruces y más cruces. Es la fe de un pueblo clavada en esa colina.

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Es famosa en Maskuiciai la llamada Colina de las Cruces. Los lituanos erigían allí numerosas cruces, pero los ateos ultrajaron muchas veces ese lugar sagrado, derribaron las cruces y las quemaron. Sin embargo la gente nuevamente llevaba cruces. Una noche, a las 24 horas, por un costado de la ciudad de Siauliali apareció una singular manifestación. Se trataba de un grupito, formado por muchachos y chicas, serios y concentrados, que llevaban una cruz. Caminaban en silencio, compenetrados, rezando el rosario. La juventud de Lituania subía la colina no para pedir salud, sino en desagravio por la profanacion de la cruz, por los pecados de la Nación contra Cristo. La Colina se engalanó con una nueva cruz. Todos de rodillas oraban: “Cristo Rey, venga tu reino a nuestro país”. Manos de maldad arrancaron la cruz y se la llevaron. Empero ya para el mediodía había una nueva. Los ateistas siempre las destruían, y ellas crecían del propio suelo[3]. Los lituanos no dejaron un solo día que su colina estuviera sin su corona, la cruz, y fue tal la valentía e insistencia que los ateos terminaron cediendo y no profanaron más el santuario de la cruz lituano. Hoy día, como se ve en la foto, es una colina de cruces, hay sólo cruces y nada más que cruces; y reina desde allí la cruz sobre toda Lituania. Allí acuden las familias a colocar una cruz por el bautismo de un hijo, por la muerte de un ser querido, por un nuevo matrimonio o simplemente para pedir una gracia especial a Nuestro Señor.

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Es la colina una foto de lo que es la fe del pueblo lituano. Ésta misma fe es la que viví durante toda la semana santa en la parroquia; como bien sabemos es la semana mas importante del año, y aquí se vive cada misterio, cada hecho del evangelio de una manera particular, las ceremonias son muy vivas, la gente vive y quiere entrar y penetrar cada misterio.

Así el jueves santo se prepara en el altar lateral de la iglesia una tumba de piedra donde sera colocado nuestro Señor después de la celebración de la pasión del viernes. Con los chicos de confirmación preparamos la tumba de Cristo.

El viernes después de la adoración de la santa cruz se lleva en procesión al lugar de la tumba la cruz, que es venerada durante todo el día. Ese mismo día se coloca la pintura del Cristo muerto en la tumba y sobre la tumba se coloca la custodia cubierta con un paño blanco, todos símbolos de que Cristo ha muerto pero está ahí. Son muy lindos los ritos, los cantos que acompañan hacen realmente que uno viva lo que se celebra y entienda lo que se significa.

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El sábado por la noche la Vigilia pascual preparada del mejor modo. Gracias a Dios y ciertamente al mucho trabajo de Domingo, tenemos una muy buena organista y un coro que acompañan cada ceremonia del mejor modo posible, cantan todos los salmos, y se empeñana en hacer lo más digna posible la liturgia.

Despues de la Vigilia saludamos a cada uno al salir de la iglesia. A decir verdad, había un gran clima de alegría en todos los rostros, pero no estamos en Argentina ni Italia, asique los saludos son muy reservados, yo me esperaba un buen griterío, carcajadas, abrazos y un rato de conversación, pero los países nórdicos no se caracterizan por eso mismo, sino que cada uno saludo con un sventom velykum, y cada uno a su casa (es verdad que el clima no ayuda mucho). Más allá de todo, lo más importante es que la gente vive la ceremonia de un modo muy vivo y la liturgia es una perla de plata por todos bien cuidada.

El domingo muy de mañana, como relata el Evangelio, se tiene la santa Misa de Pascua de Resurrección, con una hermosísima procesión en la que se dan tres vueltas por la parte exterior de la iglesia y en la tercera se ingresa… al tercer día resucitó.

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Ese día no hay una persona que no venga a Misa, la iglesia de bote a bote, y los niños, jóvenes, padres y ancianos, cada uno en su cofradía y con todos sus estandartes y vestimentas, participan de la procesión y santa Misa. Al terminar la santa Misa saludamos a todos y hubo más clima de fuera de Misa argentina, jaja.

Bueno, me quedan muchas cosas pendientes para contar, pero no quiero que se haga muy larga. Lo que sí no voy a dejar pasar es de pedirles sigan rezando por las misiones y por los misioneros, más de una vez es la fuerza de sus oraciones la que nos mantiene en pie, son sus oraciones las que dan fuerza, las que motivan y las que cambian los corazones de los hombres, es la oración el medio mayor de santificación.

Me encomiendo a sus oraciones y comprometo las mías.

Dios los bendiga y proteja,

P. Agustin Prado, IVE.

[1] P. Sáenz, Alfredo, Rusia y su misión en la historia, vol. 2: “La experiencia soviética y la supervivencia de Rusia” (Gladius, Buenos Aires 2011), p. 357.

[2] Íb., p. 375.

[3] Íb., p. 365.

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