Por: P. Diego Cano, IVE

 

Mazirayo, parroquia de Kangeme, Tanzania, 12 de junio de 2020.

Las últimas lluvias también hicieron mucho daño en la zona de Nyasa, cortando caminos y tirando abajo algunas construcciones de barro, entre ellas algunas de nuestras capillas. Era el turno de ir a Bulela, y a pesar de estar muy cerca de la casa misionera de Nyasa, no pudimos llegar en vehículo, sino que lo tuvimos que dejar a mitad de camino, antes de un campo de arroz donde el camino estaba cortado por el agua. Hay un puente pero cuando llueve mucho el agua pasa por el costado llevándose la tierra del camino, y esto pasa todos los años. Llegamos allí con el líder de la capilla de Nyasa, y él me ayudó a cruzar las cosas con cuidado, la valija de misa, el parlante para la fiesta, el bolso con los regalos. Nos vinieron a buscar en tres motos para llevarnos a la capilla.

Esta capilla de Bulela, con su comunidad, puedo decir que la he visto nacer. La primera vez que estuve allí fue cuando apenas podía rezar la misa en swahili, y nada más. No podía predicar, y casi que ni podía comunicarme. Esa vez, en el año 2013, pude hacer dos matrimonios en una casa, pues no había capilla. Luego recuerdo la compra del terrenito, la bendición del mismo, la misa celebrada por primera vez en la capilla a medio construir. Finalmente terminaron su iglesia, hecha de barro, pero les ayudamos para que le pongan techo de chapas, y enlucido en las paredes, pare que dure un tiempo más. Esta comunidad ha ido creciendo, y gracias al catequista Petro, se nota mucho fervor en ellos. Tanto es así que el año pasado me dijeron que querían levantar otra iglesia, más grande, porque la anterior ya estaba demasiado pequeña. Ellos mismos hicieron los cimientos con piedras y cemento, no como los primeros, sobre ladrillos y barro. El plan de la construcción ahora se aceleró porque en la última tormenta el agua llenó el lugar de la iglesia, hasta el punto que llegó a inundar la iglesia, que con cimientos y paredes de barro, se vino abajo.

Ahora cuando llegamos en moto, nos esperaban con gran alegría, y salieron a recibirnos con cantos. Han levantado un techo con palos y las chapas de la iglesia que se cayó, en el lugar de la nueva iglesia, dentro de los cimientos. Sé que es un lugar amplio y hace que no sea caluroso, pero la verdad que en el tiempo de sequía, que son seis meses, el viento es casi permanente hasta el mediodía, muy molesto. Además que una iglesia sin paredes hace que sea muy difícil concentrarse en la oración, y en los que se esté leyendo o predicando. Soy testigo de esto que digo, porque es muy difícil que nos presten atención y no se dispersen en las celebraciones. Sin embargo ese día teníamos un gran motivo de fiesta que eran 26 bautismos, la mayoría de catecúmenos, que hacía que la gente se concentrara más en lo que estábamos celebrando. Fue realmente una gran fiesta.

El resto de los días de esta semana de estadía en Nyasa se distribuyeron así, con numerosos bautismos, con festejos, y muchos frutos espirituales. Al día siguiente fuimos a Itumbo, donde se bautizaron 16. Allí también estamos construyendo una iglesia, grande, y gracias a la ayuda de los donantes, hemos podido hacerla muy fuerte, con mucho cemento, hierros, paredes anchas, vigas, etc. Nos está faltando techarla, pero el edificio, como está actualmente nos da mucho ánimo. Es por el momento la construcción más firme de toda esa zona.

El sábado estuvimos en Mwendakulima, una comunidad muy grande, y donde también están construyendo una iglesia más grande y que dure. Actualmente tiene una de barro y techo de chapas de cinc, pero está muy firme. Sólo que para la gran cantidad de gente que participa es pequeñísima. De hecho la celebración de bautismos la hicimos afuera de la capilla debajo de unos toldos. Aquí se bautizaron 14 personas.

El domingo terminé esta gira por Nyasa celebrando los bautismos esta aldea donde tenemos la casa. La iglesia está terminada, tiene hasta los bancos, hemos puesto un Viacrucis traído de España que nos donaron las mujeres latinas de Dar es Salaam. Aquí los bautismos eran pocos, porque la aldea no es muy grande. Se bautizaron cuatro catecúmenos. En los festejos constaba un poco que se animaran, los niños son muy tímidos, viven en sus casas en medio del campo y algunos ni siquiera van a la escuela. Pero gracias al catequista que nos ayudó con el festejo, el clima fue animándose más.

He disfrutado en estos días de la visita a las aldeas, los bautismos, y ver los frutos del trabajo. He podido gozar de estar más cerca, aunque sea un par de días, con la gente que vemos pocas veces, y en una de las zonas más pobres. También he gozado de estar en esta casa misionera, en un lugar sumamente tranquilo, sobre todo en las tardes y noches. Un grupo de niños venía a la tarde y se ponían a jugar frente a la iglesia. Yo aprovechaba el fresco para ir a una roca que está detrás de la casa, con una vista impresionante, y donde de paso podía tener un mínimo de señal de internet, para recibir algunos mensajes por cuentagotas. La semana siguiente retornaría para terminar de visitar y hacer los bautismos en las otras cuatro aldeas del centro de Nyasa.

¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE

 

PD: algunas aclaraciones.
1º – En la crónica anterior, cuando la publiqué, me confundí y puse las fotos que debían acompañar a ésta. Por eso las he quitado de la anterior, para unirlas a ésta, y de esta forma se comprenderán mejor.
2º – Les agradezco a todos los saludos y mensajes que dejan cada vez que publico una crónica. Les digo con toda verdad que leo todos los mensajes, y los agradezco muchísimo, aunque no pueda responderles. Y siempre sus mensajes nos animan, y me animan en particular a seguir escribiendo, por ustedes.